Cómo sacar provecho a tu membresía del gimnasio y no transformarte en un desertor

El inicio de primavera es la segunda época del año en que más aumentan las inscripciones en gimnasios, así que es probable que estés pensando en unirte a uno. Sin embargo, las estadísticas están contra ti: el 60% de los inscritos abandona antes de terminar el plan que contrató. Pero no te preocupes, tenemos la solución.



Imagina un restaurant con sus mesas vacías, o un teatro en el que cada función las butacas están desocupadas. Si la situación se prolonga el restaurant estará en la quiebra y los actores desempleados. Ahora imagina al dueño de un gimnasio en el que las máquinas casi no se usan. Probablemente sería un empresario exitoso porque parte de su negocio es que le pagues por no usar sus servicios.

No es que los gimnasios conspiren para quitarnos la plata. Según la sicología es nuestro propio cerebro quien nos juega en contra, ya que cuando tomamos decisiones tendemos al optimismo, imaginamos el mejor escenario posible. Cuando te inscribes en un gimnasio pasa lo mismo: tienes altas expectativas. Crees en la mejor versión de ti, esa que te hará ejercitar hasta que se te marquen las calugas o que te dará un estado físico digno de un guerrero espartano. Los economistas del comportamiento dirían que sufres de exceso de confianza, es decir, estás sobreestimando tus habilidades.

Si piensas ir a un gimnasio y no quieres desertar pon atención a estos consejos.

Elige un plan mensual

La oferta de gimnasios y de disciplinas dentro de estos es enorme, tu elección dependerá de tu presupuesto, pero hay elementos comunes para todos.

Según el estudio "Pagar por no ir al gimnasio", el sistema funciona así: los gimnasios aplican lo que en economía se conoce como "el diseño de contrato que maximiza las ganancias", que se utiliza cuando los consumidores cambian sus preferencias durante el tiempo que dura el contrato. El vendedor sabe que el cliente va a comprar más de lo que va a consumir, algo similar a lo que hace la telefonía móvil que te ofrece más minutos de los que vas a usar. Ante la multiplicidad de ofertas el comprador intenta sacar ventaja, así se crea expectativas desmedidas sobre su frecuencia de consumo y termina escogiendo el plan que en teoría le dará la máxima utilidad.

Supongamos que a un amigo tuyo le ofrecen planes por 10 sesiones al mes. El plan mensual vale $10 mil, o sea, cada sesión costaría $1000. El trimestral cuesta $24 mil, así gastaría $800 por sesión. El plan anual vale $80 mil, es decir, pagaría $666 por sesión. En teoría ir 2 veces a la semana al gimnasio no es tan difícil, y como tu amigo quiere sacar la máxima utilidad elegirá el plan anual. Pero ir al gimnasio solo es fome, así que intentará que lo acompañes. Como para el 18 de septiembre comiste choripanes de más, te convence. Entonces contratas un plan mensual que se renueva automáticamente cada mes.

Todo parte bien. Al segundo mes van solo a 5 sesiones. Al tercer mes tu amigo te abandona. Que es el cumpleaños del cuñado de su novia, que blablablá: siempre tendrá una excusa para no llegar. Eso te desmotiva y dejas de ir al gimnasio. Llega fin de mes y como se te olvidó hacer el trámite para cancelar tu plan, cuando te das cuenta te cobraron otra mensualidad y tienes $10 mil menos en tu cuenta bancaria. Juntos pagaron por las sesiones de 12 meses que no usarán ¿Y qué es lo que quedaría de esta experiencia? Además de tu evidente sobrepeso, un empresario que irá de vacaciones al caribe.

El estudio "Pagar por no ir al gimnasio" concluye que quienes eligieron el plan mensual, aunque perdieron la oportunidad de ahorrar dinero, fueron más veces al gimnasio. Pagar un poco más les sirvió como motivación. Así que es mejor que no te dejes llevar por el entusiasmo, analices bien y no sucumbas a las ofertas, al final tu billetera te lo agradecerá.

Define un objetivo

La sicóloga deportiva Claudia Larenas cuenta que para poder plantearse bien frente a un objetivo hay que conocer de qué se trata, pero como la cultura deportiva del país es básica de actividad física no sabemos. No conocemos lo que vamos a ir a hacer, por lo tanto, no sabemos qué esperar y esperamos lo máximo.

"Primero nos dicen que si vamos al gimnasio vamos a bajar de peso, lo cual no es correcto, solo si dejamos de comer vamos a bajar de peso. El gimnasio nos va a ayudar a transformar grasa en músculo, que el organismo funcione mejor, que pueda tener una actividad donde me desestrese, que mejore mi autoestima porque me voy a sentir bien. Si nunca he hecho actividad física me voy a cansar el triple. Nunca nos dijeron que al principio pasa eso y que el organismo se adapta, entonces tenemos que pasar las 2, 3 semanas en donde nos vamos a cansar, nos va a doler todo y nos va a parecer que esto no es algo agradable, pero pasado ese periodo sí empieza a ser agradable", explica.

Un error común de principiantes es sobreentrenar. Matías Elgueta (40) es personal trainer y hace asesorías por internet. Ha visto cientos de casos de personas que llegan a destrozarse a las máquinas de pesas porque no tienen un objetivo claro.

"La gente no sabe que la parte más importante de venir al gimnasio y de tener un cuerpo musculoso es descansar y comer. Si vienes todos los días lo único que vas a hacer es destruir tu cuerpo. Normalmente se decepcionan porque no tienen un objetivo ni los profesores le fomentan uno. Porque viene el verano es lo más común. Un objetivo es por salud. Nosotros trabajamos con gente que el doctor le dice que necesita bajar de peso, pero realmente necesita sacar grasa del cuerpo más que un entrenamiento para quedar botado", comenta.

Una vez que definas tu objetivo debes ser paciente: si te demoraste 5 años en tener sobrepeso no esperes que en dos meses se te vean los abdominales.

Dieta y actividad física como estilo de vida

La historia de Lorena Garrido es alucinante. Llevaba una vida sedentaria y tenía resistencia a la insulina. Los médicos solo le recetaban medicamentos así que comenzó a investigar sobre alimentación y se metió a un gimnasio. Ahí encontró la respuesta que buscaba: mejoró con dieta y entrenamiento. Le gustó tanto entrenar que en dos años se convirtió en campeona de fisicoculturismo.

"Hay que empezar de a poco, trabajar hasta lograr tu objetivo. Uno se desmotiva porque no ve resultados de una semana a otra, nada es tan rápido. El ejercicio no es todo y siempre es más importante una buena dieta", aconseja.

Encontrarás a compañeros e instructores que te hablarán de distintas maneras para adelgazar a través de la dieta. "Falta derribar mitos. Comer mucha fruta, avena y yogurt, todas esas cosas que son azúcares o tienen mucha grasa, realmente es para dejarte gordo. El nutricionista de gimnasio quiere que comas sano, pero que vuelvas la próxima semana. O venderte un producto: tés, jugos, batidos para bajar de peso", dice Elgueta.

Es hora de que lo sepas: el influencer que sube fotos de su transformación "antes y después" en Instagram no cambió su estilo de vida. Probablemente tuvo "ayuda" farmacológica.

Conoce a tu enemigo

Por supuesto que existen gimnasios excelentes. En algunos encontrarás a los mejores profesionales del país, pero es probable que tu presupuesto no alcance para pagarlos. Es como en la gastronomía: hay restaurantes con estrellas Michelin, otros atendidos por sus propios dueños que ponen creatividad y dedicación en cada plato… y están las cadenas de comida rápida.

Un gimnasio exitoso tiene 10 veces más inscritos de lo que la capacidad de sus instalaciones permite. Su cliente favorito es el gordito que va media hora dos veces a la semana a trotar. Un gimnasio lleno lo intimidaría. Para qué aconsejarlo, guiarlo, si es mejor que pierda interés.

Si todos se motivaran podrían llegar a la misma hora. El gimnasio sería un caos y las máquinas se romperían por el uso. Gracias a este modelo de negocios los precios son más baratos. El modelo busca que te desmotives. Es tu enemigo. Aprovéchate de él.

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