Por David NogalesDe Ormuz a la IA: el Banco Central alerta sobre un escenario global más incierto pero certifica fortaleza de la banca chilena
El Informe de Estabilidad Financiera advirtió también que la duración de las emisiones de deuda pública se ha reducido, “lo que implica que la frecuencia con que se deberá recurrir al mercado a renovar la deuda aumenta, haciendo que el gobierno quede más expuesto a cambios en las condiciones financieras”.

Justo cuando avanza la semana número once desde el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, el Banco Central puso a ese conflicto bélico como una de las principales fuentes de riesgo para la estabilidad financiera del país.
Así se desprende de su Informe de Estabilidad Financiera (IEF) correspondiente al primer semestre de 2026, en el que el instituto emisor advirtió que “el principal riesgo para la estabilidad financiera local proviene de un estrechamiento abrupto de las condiciones de financiamiento, que podría ser consecuencia de una intensificación del conflicto en el Medio Oriente o de sus efectos sobre la inflación y crecimiento mundial”.
El informe describe que los mercados financieros globales registraron “fuertes fluctuaciones desde el inicio del conflicto”, con un deterioro pronunciado durante marzo que tendió a revertirse tras esfuerzos de negociación entre las partes.
Con todo, el dijo que “al cierre de este Informe, el tráfico por el Estrecho de Ormuz no se ha normalizado, lo que ha mantenido elevado el precio del petróleo, elevado la inflación global esperada, e implicado un ajuste en las expectativas hacia una política monetaria más restrictiva en Estados Unidos y el resto del mundo”.

Hay que recordar que la guerra en Medio Oriente que estalló el último fin de semana de febrero disparó el precio del crudo y generó un alza histórica en el precio de los combustibles en Chile, con efecto inmediato en la inflación.
Los “otros” riesgos
El segundo riesgo que identificó el emisor es el alto endeudamiento fiscal en economías avanzadas. El BC señala que “el alto nivel de endeudamiento fiscal en economías avanzadas y presiones de mayor gasto para los próximos años podrían presionar al alza las tasas de interés de largo plazo a nivel global”, con efectos negativos sobre “la capacidad de pago de las empresas con mayor apalancamiento, incluyendo aquellas que se financian con crédito privado”.
El tercero es el riesgo de episodios de risk-off en mercados emergentes: “el aumento de tasas de largo plazo podría gatillar nuevos episodios de risk-off que afecten a economías emergentes”, estrechando las condiciones financieras en el mercado doméstico chileno, dada la mayor participación de no residentes en el financiamiento local.
Inteligencia artificial
En su extenso reporte, el emisor también pone atención específica a la inteligencia artificial, tanto desde el lado de los mercados como de la ciberseguridad. Y lo sitúa como el cuarto riesgo a tener en cuenta.
En el plano de los mercados, el instituto emisor advierte que las altas valoraciones de activos del sector tecnológico “siguen descansando en utilidades esperadas que podrían no realizarse” y que “existen riesgos propios del sistema IA, incluyendo alta concentración en un reducido grupo de compañías líderes y su creciente interconexión, que elevan riesgos de contagio y de potenciales correcciones”.

Una corrección en este sector, señala el BC, podría contagiar “mercados de crédito privado y de renta fija, donde cada vez ganan mayor participación las empresas ligadas a IA debido al mayor uso de deuda para financiar su crecimiento”.
En el plano de la ciberseguridad, el BC advierte que los modelos avanzados de IA “pueden aumentar la capacidad de identificar y explotar vulnerabilidades, elevando el riesgo de incidentes simultáneos en sistemas interconectados”. Por ello, concluye que “la ciberseguridad asociada a la IA adquiere una dimensión sistémica, que exige reforzar la resiliencia, la supervisión y la coordinación entre autoridades e industria”.
La banca chilena resiste
Un día después del anuncio sobre subir el requerimiento adicional de capital para los bancos, en el IEF el Central certifica que el sistema bancario enfrenta el escenario de riesgos desde una posición financiera favorable.
En su análisis técnico, dijo que el retorno sobre activos (ROA) alcanzó 1,23%, algo menor al 1,32% del IEF anterior pero aún por encima del promedio histórico desde 2010.

Las holguras de capital muestran un sistema con espacio para absorber shocks, dijo el IEF, agregando una señal positiva en materia de provisiones: el gasto en nuevos créditos “se ha reducido en lo reciente”, lo que el instituto emisor interpreta como “una mejora en la percepción de riesgo hacia adelante”.
En este contexto, los bancos “han anunciado niveles de reparto de dividendos por sobre el promedio de la última década”.
Las pruebas de tensión respaldan esta evaluación: frente a “un escenario en que la actividad se contrae abruptamente y los costos de fondeo aumentan de forma significativa, los bancos mantienen niveles de capital por sobre los requerimientos regulatorios bajo la métrica más exigente del capital ordinario de nivel 1 (CET1)”.
Hogares estables y las empresas mejoran
En hogares, las vulnerabilidades “se mantuvieron en niveles bajos” consigna el reporte del primer semestre. El índice de deuda en impago de consumo se ubicó en 10,6% en marzo, sin cambios relevantes, mientras que en créditos hipotecarios alcanzó 2,8%, “algo superior a lo visto en el IEF anterior y a lo observado en el período prepandemia”. Bajo tensión severa, la deuda en riesgo de los hogares alcanzaría 3,1% del PIB.
Las empresas muestran una mejora marginal: su endeudamiento bajó a 103% del PIB al cierre de 2025, desde 106% del informe anterior.
El impago individual se mantuvo en torno a 3,6% de la deuda, nivel “superior al 2,1% promedio registrado entre 2016 y 2019”, aunque el BC precisa que esta situación “no anticiparía una mayor debilidad para la banca, dadas las provisiones y garantías ya constituidas”.
Bajo tensión, la deuda en riesgo de las empresas alcanzaría 2% del PIB.
La advertencia fiscal
En medio del debate público en torno a los altos niveles de deuda del país, el Central precisó que la deuda bruta del gobierno central alcanzó 42,6% del PIB al primer trimestre de 2026, con un déficit efectivo de 2,8% del PIB y un déficit estructural de 3,6% al cierre de 2025.

El BC advirtió que “la duración de las emisiones de deuda pública se ha reducido”: un 37% de la deuda vence en los próximos cinco años, frente a 29% hace un año, “lo que implica que la frecuencia con que se deberá recurrir al mercado a renovar la deuda aumenta, haciendo que el gobierno quede más expuesto a cambios en las condiciones financieras”.
A pesar del escenario de riesgos, el BC concluye que “la economía chilena cuenta con solidez macroeconómica y estándares de regulación y supervisión financiera robustos, que le permiten disponer de mecanismos de ajuste y holguras para mitigar los efectos de shocks severos”.
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