Por Leonardo CárdenasDenuncias de fraudes suben a su mayor nivel en 12 años al cierre del tercer trimestre de 2025
A septiembre del año pasado, Chile alcanzó un récord de fraudes judicializados de más de 40 mil, con un alza de 64% interanual y un fuerte giro hacia delitos digitales —especialmente el uso malicioso de tarjetas— que ya se expanden más allá de la Región Metropolitana y que afectan transversalmente a varios sectores de la economía.

Al cierre del tercer trimestre de 2025, el Poder Judicial registró un total de 41.703 casos de fraudes, los cuales fueron debidamente notificados y hechos públicos. Esta cifra marca un hito histórico en el ámbito de las finanzas, siendo la más alta desde que se comenzaron a llevar registros en 2013. A su vez, constituye un incremento de 64,4% versus enero-septiembre de 2024, donde hubo 25.361 fraudes.
Por su parte, en julio, agosto y septiembre se anotaron 14.382 casos. Este número trimestral solo es superado por el récord alcanzado entre abril y junio de 2025, con 16.435 casos.
Según un informe de Sheriff, plataforma especializada en el análisis de riesgos, este aumento del año pasado refleja una “alarmante” tendencia en los fraudes penales.
En el tercer trimestre el aumento fue de 28,7%, en comparación con los 11.170 casos del mismo periodo del año antepasado.
El informe también desagrega la evolución de los principales delitos relacionados con el fraude en los últimos años. Así, las estafas y otras defraudaciones siguen siendo los más frecuentes, representando hasta septiembre de 2025 el 68,51% del total.
En tanto, el uso malicioso de tarjetas y dispositivos ha experimentado un crecimiento significativo. En 2019, este tipo de fraude casi no existía, pero en 2025 representa ya un 20,31% del total, un fuerte salto respecto al 2,92% de 2019 y al 4,63% de 2024.
En cuanto a la apropiación indebida, representó el 8,57% en 2025, una cifra casi idéntica al 8,47% registrado en 2019.
Vicente Cruz, CEO de Sheriff, señala que se ha visto una “rápida adaptación de la delincuencia al mundo digital. Lo que antes eran estafas tradicionales, hoy se ha volcado masivamente al uso malicioso de tarjetas y dispositivos electrónicos, un delito que en 2019 era inexistente y que hoy representa el 20% de los casos totales. Los delincuentes están aprovechando las brechas tecnológicas mucho más rápido de lo que las empresas y las personas logran protegerse, convirtiendo al fraude en un problema masivo y persistente”.
Además, detalla que “estamos viendo un quiebre geográfico muy potente: el fraude se descentralizó de forma agresiva. Regiones como Maule y O’Higgins pasaron de cifras marginales a concentrar casi el 38% del fraude nacional, según la georreferenciación de los tribunales donde se ingresaron estas causas. Esto nos indica que las bandas están buscando nuevos focos de operación fuera de Santiago. Ya no es un riesgo solo de la capital, sino un desafío estructural en todo Chile que exige pasar de una seguridad reactiva a una debida diligencia constante”.
De todos modos, a nivel regional sigue liderando la Region Metropolitana con el mayor número de casos, que representan casi el 30% del total. En el otro extremo, las regiones con menor participación en este tipo de delitos son Arica y Parincota, Magallanes y Tarapacá.
Efectos
De acuerdo al informe de Sheriff hoy el fraude ya no es un problema sectorial, sino que transversal de la economía, que golpea a bancos y comercios por igual. “El delito digital se ha convertido en el gran igualador de riesgos: mientras la banca enfrenta ataques directos a los medios de pago, el sector comercial sufre la suplantación de identidad para obtener bienes o créditos. Al final, no importa el rubro; la tecnología ha permitido que los delincuentes escalen sus ataques de forma masiva, lo que obliga a todas las empresas a entender que la vulnerabilidad es sistémica. En este escenario, la única defensa real es dejar de ser reactivos y validar la identidad y el historial de cada actor en la cadena de operación antes de cerrar cualquier negocio”, indica el reporte.
Según Cruz, al mirar las causas, el panorama ha cambiado radicalmente. “El delito principal sigue siendo estafas y otras defraudaciones, que concentra más del 68% de los casos en 2025. Aunque sigue arriba, su peso ha bajado frente a años anteriores, porque el fraude se está moviendo hacia lo digital. Ya no es solo el engaño tradicional, sino una estafa mucho más tecnificada”.
“El cambio más impresionante lo vemos en el uso malicioso de tarjetas y dispositivos. En 2019 esta cifra era casi 0%, pero hoy ya llega al 20,31% del total nacional. Es un salto histórico que demuestra cómo la delincuencia se pasó masivamente a las estafas tecnológicas en apenas cinco años. Por otro lado, la apropiación indebida ha perdido terreno: de representar históricamente un 20,60%, hoy ha bajado a un 8,57%. Esto nos dice que el riesgo ya no es solo interno o administrativo dentro de las empresas, sino que el gran peligro hoy viene de ataques externos y digitales que se propagan a gran velocidad”, concluye.
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