IA: una urgencia que Chile (y el nuevo gobierno) no pueden postergar
"El próximo gobierno tendrá un mandato de cuatro años. Sin embargo, los próximos cuatro años serán probablemente los más intensos a nivel global en términos de disrupción y transformación asociadas a la IA. Las decisiones que se tomen —o no—definirán la posición del país en la próxima década".

Más del 60% de los trabajadores necesitará reconvertir sus capacidades antes de 2030. La inteligencia artificial no solo elimina funciones, también está exigiendo nuevas habilidades. Es un cambio con una velocidad que no tieneprecedentes: lo que antes tomaba décadas hoy ocurre en meses.
Mientras tanto, en Chile seguimos hablando de IA como si fuera solo una herramienta para mejorar la productividad: automatizar procesos, reducir costos, hacer más eficiente lo que ya existe. Esa mirada es cómoda, pero insuficiente.
Por eso, el gobierno entrante no puede tratar la IA como un capítulo más dentro de su programa, ni como un tema secundario. Se requiere una estrategia nacional clara, con metas medibles, presupuesto asignado, incentivos a la adopción empresarial y un plan masivo de reconversión laboral tanto en el sector público como en el privado. No para reaccionar cuando el impacto sea evidente, sino para anticiparlo y capitalizarlo.
Hoy el debate público gira —con razón— en torno a seguridad, crecimiento y empleo, dejando fuera el factor que determinará si esas discusiones tendrán resultados sostenibles o no. En el mundo que se está configurando, la competitividad de un país no dependerá solo de su estabilidad macroeconómica o sus recursos naturales, sino de su capacidad de rediseñar su economía en torno a la inteligencia artificial.
Los datos son contundentes. Entre un 30% y un 40% de las tareas laborales actuales podrán automatizarse parcial o totalmente antes de 2035, y no se trata solo de trabajos operativos. También están expuestos roles administrativos, financieros y de atención al cliente. En términos netos, hasta un 15% o 20% de los empleos actuales podrían desaparecer o transformarse en los próximos diez años.
La magnitud económica también es reveladora. Se estima que la IA podría agregar entre 7 y 15 billones de dólares al PIB global. Pero ese valor no se distribuirá de manera homogénea. Se concentrará en los países que integren la inteligencia artificial en su modelo productivo. Aquí está el punto clave: la IA no compite con las prioridades “higiénicas” del país. Puede ser la palanca más potente para resolverlas mejor.
En seguridad, los sistemas de análisis predictivo permiten anticipar patrones delictuales, optimizar despliegues y mejorar coordinación institucional. En crecimiento, puede elevar la productividad en minería, energía, agroindustria y servicios financieros, reduciendo fallas y optimizando procesos. En empleo, aunque transformará trabajos existentes, también generará nuevas categorías laborales vinculadas a datos, supervisión de sistemas inteligentes y diseño de soluciones digitales.
Algunos países ya entendieron esta doble dimensión. Los Emiratos Árabes Unidos crearon un Ministerio de Inteligencia Artificial con mandato transversal sobre economía, educación y sector público. Singapur ha comprometido inversiones multimillonarias para integrar IA en productividad y servicios públicos. Y el Reino Unido la posicionó como eje central de su estrategia de competitividad.
En todos esos casos, no es un proyecto tecnológico aislado ni una iniciativa sectorial. Es política de Estado. Para un país como Chile, cuya matriz productiva sigue apoyándose en recursos naturales y eficiencia operativa, el desafío es estructural. Y aquí hay un elemento crítico. El próximo gobierno tendrá un mandato de cuatro años. Sin embargo, los próximos cuatro años serán probablemente los más intensos a nivel global en términos de disrupción y transformación asociadas a la IA. Las decisiones que se tomen —o no—definirán la posición del país en la próxima década.
Este no es un debate ideológico. La inteligencia artificial no es de izquierda ni de derecha. Abordarla con visión de país es enfocarse en productividad, empleo futuro, seguridad y soberanía económica. Es la agenda que redefine y gobierna todas las demás. Mientras antes lo entendamos, estaremos mejor preparados para que nos juegue mucho más a favor que en contra.
*El autor es fundador y CEO de Raven.
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