¿Deberían las revistas científicas cobrar por ver sus artículos?

Desde Chile se observa con interés pero con cautela lo que ocurre en Europa, donde 12 países han anunciado que exigirá que la investigación científica financiada con recursos públicos sea publicada en revistas de acceso abierto. ¿Es posible que Chile siga este mismo camino?


El acceso abierto a los resultados del trabajo académico, es decir, que cualquier ciudadano pueda leer y descargar los artículos publicados en revistas científicas sin tener que pagar por ello, es un anhelo de larga data de la comunidad científica, tanto nacional como internacional. Una expectativa que se ha avivado en las últimas semanas luego de que 12 países europeos anunciaran que para 2020 exigirán que los resultados de las investigaciones financiadas con fondos públicos sean publicados en revistas o plataformas de acceso abierto.

Este tema no es indiferente a los investigadores chilenos. Hoy, el 75% de los artículos científicos que producen los académicos nacionales son publicados en revistas de pago editadas en el extranjero. “Hay áreas del conocimiento donde es la única opción, particularmente en ciencias exactas, ingeniería, astronomía o medicina”, explica Manuel Loyola, académico de la Usach y coordinador del Foro de Editores Científicos de Chile, espacio que articula a las revistas científicas chilenas.

Para algunos investigadores, la reciente creación del Ministerio de Ciencia es una oportunidad única para abrir el debate en torno a este tema y avanzar hacia un acceso más universal al conocimiento científico.

“Estamos en condiciones y con ganas de promover el acceso abierto. El tema es ¿cuál acceso?”, plantea Patricia Muñoz, directora del Programa de Información Científica de Conicyt. La pregunta que plantea no es trivial, pues en este tema se entrecruzan reivindicaciones ciudadanas y modelos negocios.

Cuestionamientos a editoriales

Durante las últimas dos décadas, el acceso abierto al conocimiento ha sido impulsado por un movimiento ciudadano global, de carácter contracultural e incluso clandestino. Una de sus principales  fuentes de inspiración es el escrito “Subversive Proposal”. El texto, publicado en 1994, llamaba a los investigadores a almacenar sus archivos en línea para el libre acceso de todos los usuarios de internet.  Hoy, su principal referente es Sci-Hub, una plataforma digital que ofrece versiones pirateadas de más de 70 millones investigaciones publicadas en revistas científicas de pago.
El objetivo de este movimiento reducir la inequidad en el acceso al conocimiento, promoviendo la disponibilización de los resultados de la investigación científica para todas las personas, sin barreras económicas, para maximizar su impacto y beneficio para la sociedad.

Su principal blanco son las grandes editoriales científicas. En la actualidad, las cinco casas editoriales más grandes en el rubro (Elsevier, Springer, Wiley, Tayloy & Francis y Sage) concentran más del 50% de los nuevos papers que se publican, debido a que sus revistas serían las de mayor impacto en la comunidad científica.

En 2015, un estudio publicado en al revista de acceso abierto PLOS ONE, mostró que las grandes editoriales científicas alcanzan márgenes de ganancia en torno al 30%, e incluso se  acercan al 40%. “En la actualidad, los márgenes son similares. Elsevier alcanzó un margen de ganancia de un 37% en 2017”, explica a La Tercera Vincent Larivière, investigador de la Universidad de Montreal y autor de este estudio. Esto las ubica como empresas altamente rentables, muy por encima de grandes compañías en otros rubros como Hyundai o Wallmart.

El actual modelo de negocios de las grandes editoriales consiste en la venta de suscripciones a las instituciones académicas para que sus investigadores y estudiantes puedan acceder a las colecciones de revistas de estas empresas. En Chile, este costo es asumido por el Estado a través de Conicyt, que cada año invierte más de $9.500 millones por este concepto. Esto equivale al 12,2% de los recursos asignados en el concurso Fondecyt Regular 2018, el principal fondo de ciencia en Chile.

En síntesis, hoy el Estado debe pagar para asegurar el acceso al conocimiento científico generado gracias al financiamiento público. “La situación es, a todas luces, absurda y fomenta el negocio de las editoriales académicas extranjeras que no entregan ningún beneficio ni a nuestros países ni a los investigadores, salvo el estatus, individual del investigador y de la institución, de haber publicado en una de esas revistas”, afirma la Dra. Carolina Gainza, académica de la UDP que investiga la producción y difusión de conocimiento en la era digital.

Por otro lado, existe cierto consenso de que este modelo de difusión de la ciencia afecta el impacto social del trabajo académico. “La publicación de artículos científicos en revistas que requieren de suscripción  limita la difusión y el uso del conocimiento generado con recursos públicos”, explica Erwin Krauskopf, académico de la U. Andrés Bello y uno de los pocos expertos en Chile en epistemometría, disciplina que estudia la dinámica de las publicaciones científicas.

Nuevo modelo de negocios

¿Es factible que Chile impulse una política que incentive a los investigadores a publicar en revistas de acceso abierto? Actualmente los proyectos Fondecyt requieren que los investigadores publiquen sus resultados en revistas indexadas por Clarivate Analytics (Web of Science). Según Krauskopf, si se implementara una cláusula de publicación en revistas de acceso abierto, el número de revistas disponibles para publicar se reduciría de 20.300 a aproximadamente 1.300. “Esto restringiría significativamente el número de revistas al cual podrían enviar sus manuscritos los investigadores para cumplir con lo estipulado por Fondecyt”, explica el académico.

“Para la institucionalidad científica chilena, la ciencia relevante es únicamente la que aparece en los journals de corriente principal consignados en los mecanismos de indexación y rankings organizados por esta misma industria mundial”, cuestiona Manuel Loyola. Desde Conicyt se defienden: “Los investigadores siempre han sido libres de publicar en los lugares donde ellos creen que puede dar más visibilidad a su publicación y aportar más a su disciplina”, afirma Patricia Muñoz.

Mientras tanto, el mercado editorial científico está dando señales de un cambio en su modelo de negocios. “El mercado entiende que estas compañías están enfrentando importantes desafíos”, explica   Vincent Larivière. Un ejemplo de esto es la posibilidad que varias editoriales ofrecen a los investigadores para publicar sus artículos con acceso abierto a todos los usuarios. Sin embargo, para eso, los investigadores deben pagar una suma que ronda los 3.000 euros por paper. Un modelo conocido como article processsing charge o también como publication fee.

“Aca lo q esta pasando es un cambio de modelo de negocio, pero donde las editoriales comerciales van a seguir profitando el 40% de ganancia que tienen ahora”, advierte Muñoz.

Por otro lado, Chile cuenta hace 20 años con la plataforma SCielo, iniciativa pionera en la publicación de revistas académicas de acceso abierto. Hoy, SCielo ofrece 103 revistas nacionales, las que concentran aproximadamente el 24% de las publicaciones científicas hechas en el país.

Estos son los caminos formales. Pero también existen vías alternativas para abrir el acceso al conocimiento, las llamadas rutas verdes. Una de de ellas, es la publicación de preprints en repositorios  digitales nacionales o institucionales. “Es decir, hacer circular el articulo en versiones anteriores, entonces eso permite circularlas libremente, aunque no sea su versión final”, explica Carolina Gaínza. En esta línea, Manuel oyola plantea que “la comunidad científica nacional debería tener como obligatorio alojar los resultados de sus investigaciones en repositorios públicos sin que ello implique trabas por parte de los journals”.

 



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