La historia del científico norteamericano que le sigue la huella al huemul

Joel Berger, de chaqueta azul, en el Parque Nacional Bernardo O’Higgins, en Aysén. Foto: Joel Berger

Un día en avión, luego dos días de viaje por tierra y un día de navegación en bote. En total, cuatro días le tomó al doctor Joel Berger llegar al Parque Nacional Bernardo O’Higgins, en el extremo sur de la región de Aysén, desde Colorado, en el oeste de Estados Unidos. ¿El motivo de esta larga travesía? Seguirle la pista al huemul, el ciervo más austral del mundo.

“El trabajo de campo es difícil porque el huemul vive en montañas escarpadas y en los límites de los glaciares. Encontrarlos no es muy fácil”, explica a Qué Pasa el científico norteamericano, quien se desempeña como investigador de la Universidad Estatal de Colorado y la Wildlife Conservation Society.

Huemules cerca de un glaciar. Foto: Joel Berger

Durante julio y agosto de este año, Berger, recorrió durante 20 días los parques Bernardo O’Higgins y Torres del Paine, en compañía de investigadores de la U. de Georgia, la WCS y personal de Conaf. Su objetivo: fotografiar y tomar medidas de las cabezas de ejemplares de esta especie.

“Investigar sobre el huemul es desafiante y también mágico. Me siento privilegiado de estudiar el huemul y trabajar con un increíble grupo de argentinos y chilenos. Estos investigadores y conservacionistas están muy comprometidos en proteger a este animal”, afirma.

Huemules en el Parque Nacional Bernardo O’Higgins. Foto: Joel Berger

La expedición fue todo un éxito para los investigadores. Lograron avistar al menos dos familias de huemules, en total unos 25 individuos. Contrario a lo que se podría pensar, los ciervos no se mostraron asustados ni huyeron. Según relata Berger, ante la presencia de los científicos, los huemules “escuchaban, olían, comían y mantenían un comportamiento tranquilo”.

Sin embargo, esta no es la primera vez que Berger visita Chile para seguirle la pista al huemul. En 2017 aterrizó por primera vez para realizar investigación de campo en torno a él. “Estaba muy emocionado la primera vez que vi un huemul”, reconoce. Uno de sus primeros guías locales en ese viaje, recuerda en norteamericano, fue Aliro Vargas, guardaparque de Conaf experto en huemules.

Su interés sobre esta especie, tan lejana de Estados Unidos, se relaciona con una de sus líneas de investigación, que busca entender cómo el cambio climático afecta a mamíferos que viven en hábitats extremadamente fríos. Este objetivo lo ha llevado también a Yukon, en el extremo norte de Canadá, para estudiar al buey almizclero, una especie altamente amenazada por el deshielo del Ártico.

Un huemul al borde de un glaciar. Foto: Joel Berger

En la actualidad, se estima que solo quedan 2.000 huemules. Esto significa que se trata de una especie mucho más amenazada que el oso polar, emblema de la conservación y cuya población mundial se estima en 25 mil ejemplares. Pese a esto, su situación es desconocida para la comunidad científica internacional. “Todo el mundo conoce al oso polar y la Patagonia, pero nadie conoce al huemul”, lamenta Berger.
Entre los motivos que explican la crítica situación del huemul, Berger menciona la destrucción del 95% de su hábitat natural, la exposición a enfermedades y los ataques de perros salvajes. “Uno de los objetivos de mi trabajo es comprender mejor los desafíos inmediatos que puede plantear el cambio climático para los huemules”, explica.

Por lo pronto, Joel Berger ya planifica su próxima expedición al extremo austral de Chile, durante el invierno de 2019. “Mi meta es hacer lo mejor por el huemul y ofrecerle un futuro mejor. Estoy muy motivado de hacer todo lo que sea posible para ayudar a poner la ciencia al servicio de la conservación”, concluye el investigador.



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