Los sesgos del novel coronavirus

FOTO: Agencia Uno

Edad, condición social, género y hasta religión. El coronavirus, contrario a lo que se piensa, si hace diferencias entre a quienes ataca y a quienes mata.



Siempre dicen que los virus no distinguen género, raza, religión u otras características personales. Pero esto es un mito y más aún para el caso del Sars-CoV-2 (el virus, Covid-19 es la enfermedad, un sesgo lingüístico de estos tiempos). Me tomaré una licencia literaria culpando de todos los sesgos al virus, cuando la mayoría se deben a causas naturales o sociales.

Para empezar, los virus siempre han sido clasistas, afectando más a los pobres que a los ricos, lo cual no es extraño cuando se vive en hacinamiento y condiciones sanitarias más difíciles. La pandemia de gripe de 1957 en Chile es un buen ejemplo. En ella más del 20% de la población de Chile se contagió, falleciendo alrededor de 20 mil personas, con una letalidad final de cerca de una persona por cada mil enfermos (0,1%). Por supuesto, los más afectados fueron los menos favorecidos, especialmente en los barrios pobres de Santiago.

Uno de los primeros casos de 1957 se atribuye a un contacto con un marinero de un buque de la armada estadounidense en Valparaíso, un primer atisbo de la globalización. Sin embargo, esta vez no le podemos echar la culpa a los gringos, ya que el virus literalmente llegó de la mano de las clases pudientes en viajes de turismo y negocios a Europa y Asia en febrero pasado.

Así es como el primer caso en Chile llegaba con un médico de San Javier el 25 de febrero después de un viaje por el sudeste asiático y España. Algo similar pasó en el resto de Latinoamérica: en Argentina llegó de Italia, al igual que en Brasil y México; mientras que en Uruguay llegó de España, una diseñadora de ropa que además fue a una boda al día siguiente de aterrizar.

Debido a lo anterior, a fines de marzo, la mitad de los casos de Santiago estaba en los barrios ricos, que representan menos del 12% de la población de la capital chilena. Un mes más tarde, el 85% de los casos ya estaba en el resto de Santiago (ver gráfico), siendo seguramente el vector principal las asistentas del hogar. El coronavirus había hecho un pequeño entretiempo antes de empezar su festín, el que también está ocurriendo a nivel mundial.

Hasta ahora, cinco países desarrollados suman el 62% de los decesos. Sin embargo, es cosa de tiempo para que el virus se expanda a todos los países en vías de desarrollo, dónde sus ansias de vivir hará estragos. De hecho, ya tres de los cinco países con mayor tasa de aumento de muertes están en África.

Como hay una correlación entre clase económica y razas/etnias, no es raro que los virus también tengan un sesgo de este tipo. Estudios preliminares en Estados Unidos muestran que el riesgo de muerte es 3,6 veces mayor en los negros y 1,9 veces mayor en los latinos con respecto a los blancos.

Otro sesgo habitual de los virus tiene relación con las personas de edad o los que están más débiles pues ya tienen otra enfermedad. Este virus puede ser novel, paro causa más daño en las personas mayores.

Estudios en China muestran que la letalidad aumenta del 5 al 10 y 18 por ciento para personas de 60, 70 u 80 y más años, respectivamente. Otros estudios encuentran resultados similares para la edad en otros países y también para la comorbidad con obesidad, hipertensión, diabetes, asma y cáncer, entre otros. Pero este virus incluso tiene sesgos religiosos, cebándose de las costumbres y condiciones habitacionales de la gente, como es el caso de un tipo de judíos ortodoxos en Nueva York.

Si todo esto no fuera suficiente, este virus tiene un sesgo de género, que se manifiesta de maneras distintas. Primero, aunque el número de mujeres y hombres afectados es similar, la tasa de letalidad es mayor en los hombres que en las mujeres, por ejemplo 64% de las muertes son hombres en China y 66% en EE.UU.

Lo mismo se ha observado en más de 30 países, destacando los casos de Bangladesh (73%), Ecuador (69%), Grecia (74%), Indonesia (65%), México (69%), Pakistán (76%), Perú (72%), República Dominicana (72%) y Tailandia (77%).

Se han postulado muchas teorías, incluyendo razones hormonales, inmunológicas, mayor incidencia de enfermedades, mayor prevalencia del tabaco, mayor consumo de alcohol, mayor prevalencia del trabajo fuera del hogar, menos cuidados sanitarios, acudir al hospital tarde, etc. Incluso se especula una causa genética para este sesgo de género, el haplogrupo R1b del cromosoma Y, que sólo tienen los varones.

Esta característica genética también explicaría la mayor mortalidad en Bélgica, España, Francia, Reino Unido y el norte de Italia comparada con Europa del Este, Grecia o China (ver mapa). Un artículo recién publicado también encuentra que personas con grupo sanguíneo A y con ciertas variantes del cromosoma 3 son más susceptibles al virus. Lo más probable es que sea la combinación de muchos de estos factores y de manera distinta de un país a otro.

Sin embargo, en otros aspectos el coronavirus afecta más a las mujeres, empezando por los decesos de trabajadores de la salud, ya que el 67% son mujeres. También respecto al desempleo, ya que una fracción mayor de hombres tiene trabajos que les permiten trabajar desde casa.

Un ejemplo importante en Latinoamérica son las asistentes del hogar, que en su mayoría son mujeres. Y también las familias monoparentales son en su mayoría femeninas (75% en EE.UU.). Si a esto le agregamos que las mujeres ya reciben un salario menor a los hombres, el impacto económico negativo se refuerza. Esta brecha salarial también es más pronunciada por raza/etnia, incluso entre mujeres, basta con considerar que en EE.UU. las mujeres negras ganan 21% menos que las mujeres blancas.

La brecha digital también ayuda al virus, ya que el 41% del planeta, más de 3 mil millones de personas, no tienen acceso a Internet, aumentando al 61% en África. En este sentido, la escuela remota perjudica más a las niñas, ya que en el mundo 25% menos mujeres tienen acceso a Internet con respecto a los hombres, llegando a un 50% en África. Los confinamientos también han aumentado la violencia doméstica que nuevamente afecta más a las mujeres, con un aumento del 75% en Australia, por mencionar sólo un país, lo que se refuerza cuando hay dependencias económicas. Algo similar ocurre con la pérdida de servicios contraconceptivos. Por todas esta razones el virus puede hacer retroceder en una década los avances en igualdad de género.

Pero el virus también ha hecho brillar a un selecto número de mujeres, aquellas mujeres jefes de estado que han manejado bien la pandemia, después de haber vencido el sesgo de género para llegar a esa posición.

Es decir, hay un sesgo de selección, ya que como les fue más difícil llegar a donde están, generalmente están mejor capacitadas que sus contrapartes masculinas (en Chile, la presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches, es un claro ejemplo de este sesgo).

Primero, recordemos que sólo 22 países (11% del mundo) están liderados por una mujer. Si tomamos los 32 países con más muertes, sólo 2 están liderados por mujeres: Alemania y Bélgica, y todos concuerdan que Ángela Merkel, que tiene un doctorado en química cuántica y trabajó como científica, es un ejemplo de estrategia comunicacional. Si consideramos las muertes por Covid-19, estos 22 países representan el 5,3% de ellas, porcentaje que baja al 0,6% si consideramos los 20 países no mencionados. Doce de ellos tienen menos de 30 víctimas y seguramente por esta razón usted sabe poco o nada de ellos.

Destacamos aquí sólo tres casos: Taiwán, liderado por Tsai Ing-Wen, tuvo su primer caso en enero, pero estaba ya preparada gracias a la epidemia de Sars en 2004 y hasta ahora ha tenido menos de 900 casos confirmados y sólo 7 fallecidos; Nueva Zelanda, liderada por Jacinda Ardern, que cerró las fronteras antes de que falleciera alguien y actualmente tiene sólo un caso activo (sic) de 1500 casos confirmados y probables, con sólo 22 fallecidos; y Singapur, liderado por Halimah Yacob, también tuvo su primer caso en enero y fue uno de los primeros países que usó una app de rastreo de contactos físicos voluntaria, adoptada por más del 20% de la población. Este país sólo ha tenido 24 muertes con menos de 13 mil casos activos y más de 23 mil recuperados.

En resumen, si agregamos Corea del Sur y China, el lejano oriente parece llevar la delantera, tanto en el lugar de inicio del virus como en el control del mismo. ¿Habrá además un sesgo geográfico?

* Northeastern University at Silicon Valley e IMFD, Universidad de Chile

Nota: todos los datos del Covid-19 son del 3/6/2020

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