La memoria de los huesos

El inédito hallazgo de bolsas con fragmentos óseos en la sede de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) desató una crisis en el colectivo, incluyendo la renuncia de tres dirigentas. La pugna amenaza con convertirse en un quiebre sin precedentes, que ya tiene en vilo al mundo de los derechos humanos.


Todo empezó por un simple comentario realizado durante la primera reunión de la nueva directiva de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, ocurrida el pasado 16 de abril.
Mientras tomaban té, Evelyn Gahona -recién electa directora jurídica del organismo- contó al resto que había soñado con su padre, Alonso Gahona, un exmilitante comunista desaparecido el 8 de septiembre de 1975.

– Soñé con mi papá. Que lo veía y me hablaba. Justo ahora que están haciendo nuevas pericias sobre el caso. Aún tengo esperanzas de poder encontrar sus restos- les confidenció.

– Eso no es nada. En los 90, cuando estaba estudiando en la universidad, el rector me llamó a su oficina. Unos conscriptos estaban ahí. Me dijeron que en dictadura habían visto cómo mataban gente y que los habían obligado.Me entregaron una bolsa con huesos. Siempre pensé que podían ser los restos de mi padre- dijo Alicia Juica, encargada de comunicaciones de la asociación.

– ¿Y qué pasó?

– Nada. No eran – respondió Juica

– Por aquí están – comentó de improvisto Lorena Pizarro, presidenta de la AFDD y militante del Partido Comunista.

Olga Morales -directora en el área social-, Lorena Díaz -vicepresidenta- y la propia Evelyn Gahona no podían creer lo que escuchaban.

Todas ellas eran parte de la nueva directiva. Sabían que las fundadoras de la agrupación eran mujeres que habían pasado su vida entera en busca de sus cercanos, con la esperanza de encontrar pistas sobre el paradero de familiares, amigos y conocidos. Por eso les sorprendió tanto lo que escuchaban en ese minuto. Pese a haber pasado parte de su vida en esa búsqueda, compartiendo con las mismas dirigentas que ahora comentaban ese episodio, no sabían de la existencia de fragmentos óseos sin registrar en esa sede, ubicada en el barrio Brasil.

Todas subieron al tercer piso. Vieron tres bolsas arriba de un estante: dos del Duty Free y una del Lider. Ahí dentro estaban casi 80 fragmentos óseos, que por primera vez veían.

A partir del hallazgo se empezó a desatar un quiebre inédito en los casi 41 años de la agrupación fundada por Sola Sierra -madre de Lorena Pizarro- y que históricamente ha sido una de las instituciones más importantes en la defensa de los derechos humanos durante el régimen militar.

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“En marzo se hizo un reordenamiento en nuestra sede. Lo hizo Marta Vega (secretaria general), yo no estaba cuando se hizo. Al día siguiente me dice: ‘Mira, apareció esto’ (la bolsa con los fragmentos óseos). Le digo que hagamos dos cosas. Estábamos próximas a las elecciones de la directiva de la agrupación, por lo tanto, lo vamos a enfrentar con la nueva directiva, pero averigua mientras qué debemos hacer y yo pregunto a las dirigentas de la época de qué se trata”, corrige Lorena Pizarro.

La presidenta de la AFDD sostiene que nunca quisieron ocultar información a la nueva directiva, que asumió en abril tras una votación en la que participaron cerca de 260 personas pertenecientes a la agrupación. Según su versión, simplemente esperaron a la primera reunión para informar sobre la existencia de los fragmentos y cuáles eran los posibles pasos a seguir.

Al conversar con las anteriores directoras, Pizarro explica que logró establecer que los restos llegaron a la sede a mediados de la década de los 90 y posteriormente fueron entregados al Grupo de Antropología Forense, ya que en la agrupación no confiaban en el trabajo del Servicio Médico Legal.
En el origen de la entrega de los restos a Alicia Juica -hoy divididos en tres bolsas- hay dos versiones. Algunas aseguran que fueron exconscriptos que fueron hasta la universidad, pero otros aseguran que eran compañeros de la carrera que estudiaba.

Pizarro explica que -luego de las pericias- el grupo de antropólogos señaló que los restos correspondían a animales y humanos, que aparentemente habían fallecido en una fecha anterior al año 1973. Les sugirieron que botaran esos restos.

Las mujeres de la agrupación decidieron guardar los fragmentos. Ellas sabían mejor que nadie la importancia que esos huesos podían significar para las familias de esas personas anónimas.
Sin embargo, nunca hicieron nuevas pericias para establecer el origen. Por eso quedaron ahí, perdidos en la sede del barrio Brasil, hasta que se volvieron a encontrar a principios de año.

“Lo que viene a mostrar la existencia de estos fragmentos óseos es la tragedia de la desaparición forzada, eso es. No es otra historia. La agrupación no esconde restos óseos, la agrupación ha tenido que recorrer Chile buscando a sus desaparecidos”, remarca Pizarro.

Fuentes al interior de la directiva cuentan que tras el hallazgo empezó una fuerte discusión para resolver los pasos a seguir.

Por primera vez, las reuniones terminaban a gritos. Para las directoras más jóvenes la situación fue muy fuerte. Las mujeres con las que estaban discutiendo eran como una segunda familia, mujeres con las que se habían criado y luchado juntas por encontrar verdad y justicia. Eran como sus tías, pero esta vez no podían entender su forma de proceder.

“Si yo hubiese sido dirigenta en esa época habría hecho lo mismo, porque no había un Poder Judicial confiable. En los 90 no había ningún protocolo de búsqueda de desaparecidos (…). Los familiares hicieron lo que en esa época se hacía”, asegura Pizarro.

Finalmente, la directiva optó por pedir una audiencia con el ministro en visita Mario Carroza para entregarle directamente los fragmentos. Además, se pidió que nadie hablara de lo sucedido públicamente.
Olga Morales, Evelyn Gahona y Lorena Díaz escribieron de manera paralela un oficio al mismo Carroza para denunciar los hechos y la demora en la entrega de los restos por la decisión del resto de las directoras.

Según fuentes conocedoras de la investigación, Carroza llamó a las oficinas del colectivo para pedir que le llevaran de inmediato los fragmentos de huesos. El 10 de mayo, Lorena Pizarro y Mireya García -quien fue parte de la directiva del AFDD en los 90 y conocía su origen- llevaron las bolsas con huesos. García declaró que habían llegado a la agrupación cuando ella era directiva, que un grupo especializado los había periciado y les habían dicho que eran anteriores a 1973.

Pero el quiebre interno ya estaba consolidado. Cercanos al organismo aseguran que nunca antes se había desobedecido una decisión que había sido tomada por la directiva, por lo que existe molestia con la reacción de Morales, Gahona y Díaz -por actuar de manera independiente al resto de las dirigentas-, sobre todo porque han sido parte de la AFDD desde hace muchos años. Lorena Díaz es hija de Lenin Díaz Silva, economista y miembro de la comisión técnica del PC, y Evelyn Gahona es hija de Alonso Gahona Chávez, militante PC detenido desaparecido el año 1975, en la localidad de Paine.

Las disputas internas obligaron a una declaración pública firmada por toda la directiva de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos para entregar una versión que se da por oficial sobre los hechos para neutralizar las asperezas:

“Los fragmentos fueron entregados por el directivo al ministro Mario Carroza para que fueran periciados con nuevas metodologías existentes en nuestro país. Sin embargo, debido a la inexperiencia de algunas nuevas dirigentas, quienes actuando por iniciativa propia, determinaron hacer una denuncia de esto, lo que ha generado todas las interpretaciones dadas a conocer por algunos medios de comunicación, distorsionando los hechos, causando angustia y preocupación a familiares y amigos en general”, dice el documento publicado el 13 de junio.

El comunicado fue firmado por toda la directiva. Después trascendió que la alusión a las nuevas integrantes había sido agregada al final, sin su conocimiento. “El comunicado fue aprobado por mayoría. De siete dirigentas, seis lo aprobaron, y en cualquier organización las mayorías mandan. No es que no lo leyeron. No es que se hizo a espaldas de nadie. Nosotras actuamos como colectivo”, desmiente Lorena Pizarro.

En una asamblea realizada el martes 26 de junio y que duró dos horas, Olga Morales, Evelyn Gahona y Lorena Díaz presentaron formalmente su renuncia a la directiva de la agrupación, a menos de tres meses de asumir en sus respectivos cargos. Ninguna de ellas ha querido referirse públicamente a lo sucedido ni a las razones específicas de su salida.

Con las dimisiones parece fracturarse una agrupación que había destacado por la unión de sus miembros y por su labor en apoyo a los familiares de las víctimas de violaciones a los derechos humanos durante el régimen de Pinochet.

Los hechos no han pasado desapercibidos en el mundo de las organizaciones y activistas por los DD.HH. En privado, varios reconocen que la situación es grave y que ha generado sorpresa, y en algunos casos, molestia. Se ha hablado de una posible iniciativa para pedir la salida de Lorena Pizarro de la presidencia de la agrupación.

De todas maneras, en este mundo son cautos a la hora de evaluar de manera pública lo sucedido.
“Si la PDI hubiera guardado restos sería un escándalo mayúsculo. Saldríamos todos a protestar (…). Existe disconformidad por las explicaciones que se han dado”, dice Patricio Vejar, integrante del Comité de Iniciativa Nacional contra la Tortura.

“Es importante que si hay una tensión interna se supere con transparencia y, lo más importante, resolviendo el problema que dio lugar a esto”, opina la exsubsecretaria de Derechos Humanos, Lorena Fries.

“La agrupación ha transitado un camino prácticamente sola, entonces me imagino que estas situaciones tan hostiles terminan provocando esto que es lamentable. Hay una disputa interna que es utilizada de una manera que no corresponde”, dice la abogada de DD.HH. y diputada del PC Carmen Hertz
“Las tres son familiares de detenidos desaparecidos como nosotras. Esto no quiebra una organización. Ellas por una decisión personal resuelven renunciar, pero eso no significa que se les eche de la agrupación o que no puedan venir más (…); no voy a hablar jamás en contra de un familiar de detenido(a) desaparecido(a), porque buscamos lo mismo. Lo otro son temas internos que también son producto del dolor que tenemos, porque yo tengo más años y experiencia en esto. Cuando uno viene recién llegando se desespera”, cierra Lorena Pizarro.

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Según pudo establecer un informe forense ordenado por el ministro Carroza al Laboratorio de Criminalística de la PDI, firmado por una experta de la sección de Ecología y Medioambiente, parte de los restos guardados en la sede de la agrupación corresponden a fragmentos humanos.

En total son 10 piezas: una pequeña parte de un cráneo, un trozo de una mandíbula inferior, apófisis mastoide, cinco dientes y un fragmento de mandíbula con diente molar.

Tras conocer los resultados, Carroza mandó los resultados al SML, donde serán analizados por un paleontólogo que trabaja en causas de derechos humanos. Entre las pericias encargadas está establecer la data de las osamentas y cotejar las muestras con el banco de datos de ADN de familiares de detenidos desaparecidos. Lo complejo es que si se llega a comprobar que los restos corresponden a una víctima del régimen militar se podría imputar a parte de la AFDD por obstrucción a la investigación. De todas maneras, es probable que ese delito esté prescrito.

En un mes se darían a conocer los resultados para saber la identidad de los misteriosos huesos que estaban olvidados en la sede de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. R

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