Aprender con el estómago vacío
La analogía de enseñar a pescar versus regalar pescado es el cliché de las políticas sociales. El mismo proverbio aparece en las redes sociales peruanas comentando la primera vuelta de la elección presidencial de este domingo.

El viejo proverbio chino "dale un pescado a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá todos los días" suele ser mencionado frecuentemente cuando se discute acerca de políticas sociales, superación de la pobreza y asistencialismo. Es por ello que no extraña que lo cite el economista Arnold Harberger -padre putativo de los Chicago boys chilenos- en el prólogo del libro "La pobreza en la distribución del ingreso", publicado en 1997 por la Fundación Miguel Kast.
Lo que sí causa asombro es que sea precisamente Felipe Kast, quien lidera en el actual gobierno el ministerio a cargo del diseño de las políticas sociales, quien asegure recientemente que no basta con "enseñar a pescar, porque hay veces que enseñar a pescar toma tiempo, sino que también tienes que entregar pescado".
Es interesante notar que el proverbio vuelva a aparecer en redes sociales peruanas comentando la primera vuelta de la elección presidencial en ese país este domingo. El inesperado liderazgo en las encuestas del candidato respaldado por una alianza electoral de nacionalistas e izquierdistas, ha llevado a un creciente nerviosismo entre inversionistas en Perú. Más allá de las consideraciones personales de cada candidato, vale la pena preguntarse ¿por qué se observa un apoyo de casi 30% a una candidatura antisistémica, precisamente en el país que ha liderado el crecimiento económico de América Latina en los últimos diez años? Una parte importante de la respuesta tiene que ver con que muchos peruanos no se sienten partícipes de este crecimiento, que ha beneficiado desproporcionadamente a aquellos mejor posicionados, incorporados a la fuerza laboral formal, con acceso a mejor educación.
La evidencia empírica -y las opciones electorales- apunta a que el crecimiento económico y la generación de puestos de trabajo que el crecimiento trae consigo parecen ser condiciones necesarias pero no suficientes para superar la pobreza y cimentar regímenes democráticos. O lo mismo dicho en términos ideológicamente más cargados, el "chorreo" sólo funciona en el largo plazo. Y como todo buen economista sabe, en el largo plazo estamos todos muertos.
El desafío es enseñar a pescar y regalar el pescado al mismo tiempo. No regalar demasiado, para evitar crear excesiva dependencia, pero regalar lo suficiente para poder alimentarse y cubrir las necesidades básicas a través de una red de protección social que permita concentrarse en el proceso de aprendizaje. No se puede aprender con el estómago vacío.
Llevado al plano de las políticas públicas, el reto es equilibrar incentivos al esfuerzo necesario para todo proceso de superación, con políticas distributivas que permitan mitigar el carácter frecuentemente asimétrico del crecimiento. Tarea nada de fácil, particularmente por el riesgo de caer en las llamadas "trampas" de pobreza, donde los beneficios se van perdiendo en la medida en que se va saliendo de la situación de pobreza. Al mismo tiempo, es importante que los beneficios sean adecuadamente focalizados a aquellos más vulnerables. Hay que evitar seguir regalándoles pescado a quienes ya aprendieron a pescar solos. Asimismo, se deben diseñar políticas que siempre hagan más atractivo comer lo que uno pesca versus lo que se recibe. Es de esperar que lo anterior sea tomado en cuenta en la discusión del proyecto que elimina gradualmente la cotización de salud del 7% de los pensionados.
El dilema de enseñar o regalar no es nuevo. Es, en cierta manera, la misma disyuntiva al plantearse más o menos Estado. Fue precisamente la misma que enfrentó la Europa de posguerra, particularmente Alemania. Su respuesta fue la llamada "economía social de mercado", que buscó complementar los elementos centrales de las economías de libre mercado (respeto a la propiedad privada, fomento al libre comercio, fijación de precios por parte del mercado) con un activo rol del Estado en aquellas instancias donde el mercado presente problemas (como proporcionar una red de protección social o asegurar el funcionamiento de mercados competitivos). Eso lo tenía claro Miguel Kast, quien de muy joven llegó a Chile proveniente de Alemania, al declarar que "es tan importante lograr el desarrollo, como conseguir que todos y cada uno puedan disfrutar de él".
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