Bienvenido, Walter
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Los Muppets se estrenó sin mucho ruido o parafernalia a fines del 2011. Venía apoyada en un recuerdo leve más que en una campaña retro hipster que estrujaba la nostalgia. La película es noble porque no es un ejercicio de trivia y se atrevió a tratar de conquistar más a un nuevo público que intentar seducir a la mahna-mahna a sus fans setenteros y ochenteros. Los Muppets elevó de un soplo la calidad del cine de cartelera del año pasado y, me atrevo a decirlo, es lo mejor que se está exhibiendo por estos días. Es también la única cinta que te hace querer cantar y bailar (llegué a descargar la banda sonora) y también te hace llorar. Las mayores explosiones de esta película, coescrita y protagonizada por el cada vez más confiable Jason Segel ocurren cuando te quiebran el corazón.
Los Muppets es ante todo análoga, a la antigua, cree en sus muñecos, en su historia, en las emociones y en la música. Nada de 3D u otros anzuelos. La cinta es un musical que Vincente Minnelli pudo haber realizado en los 40, y eso también es parte de su valentía anacrónica. Esto es cine clásico. No es una franquicia, no es cine-chatarra. Además, es ambiciosa porque toca muchos temas, desde el estado de las cosas a por qué las cosas cambian de estado, y de paso deja a muchos filmes a la intemperie en comparación. Porque son cintas como ésta (y El planeta de los simios. Revolución) las que te hacen entender que quizás es cierto eso de que, al menos en Hollywood, el nuevo cine-arte es el cine de género. Muchos dramas eficaces intentan hacerse cargo de un solo tema; Los Muppets apuesta por algo mucho más complejo: la vida y todos sus temas. Así, tropezamos con temazos, como la segunda oportunidad, con el drama de sentirse excluido, con el deseo de no crecer y la necesidad de crecer aunque no quieras; entiende y pone en escena algo no menor: que para seguir adelante a veces tienes que dejar atrás todo lo que una vez pensaste que era tu mundo.
Pero lo mejor, lo más impresionante, lo que la cinta lanza lejos, es la creación de un nuevo muppet: Walter, el chico flaco que no crece, que es hermano de un humano pero no capta que salió distinto y que por algo le gustan tanto las repeticiones de El show de los Muppets. Qué soy, se pregunta, cantando, en el momento más epifánico de la cinta: ¿un hombre o un muppet? Cualquiera de las dos respuestas le traerá paz, pero también dolor.
Si eso no es cine, ¿qué es?
"Los Muppets", con Jason Segel.
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