¿Te enojas más cuando tienes hambre? Esta es la explicación científica
Sentirse irritable cuando se tiene hambre no es solo una percepción personal. Detrás de ese cambio de ánimo hay procesos mentales y corporales que los científicos están empezando a comprender.

Es un hecho que muchas personas al tener hambre, tienden a comportarse de manera más sensible, irritable y malhumorada. Sin embargo, Nils Kroemer, profesor de psicología en la Universidad de Tubinga, realizó un estudio que buscó darle respuesta científica a la relación entre el estado de ánimo y el apetito.
En el mundo animal, el hambre es algo que se ha estudiado con frecuencia por su papel motivador. Por ejemplo, los roedores hambrientos son capaces de trepar grandes muros o presionar fuertemente objetos cuando la recompensa a esto es la comida.
Por otra parte, los animales que habitan en la naturaleza, suelen recorrer más distancia para explorar su entorno, mostrando inquietud mientras intentan superar la amenaza de la falta o escasez de energía.
Aunque existen estudios en humanos, la mayoría se ha enfocado en personas con trastornos metabólicos o alimentarios.
Por eso, el estudio llevado a cabo por el psicólogo y divulgado en The Conversation, analizó cómo reaccionan las personas al hambre en la vida diaria y por qué algunas responden con más calma y otras con mayor irritabilidad.
¿Qué reveló el estudio?
El estudio realizado se propuso analizar cómo se conectan tres factores que forman parte de la vida diaria: los niveles de energía, la sensación de hambre y los cambios en el estado de ánimo.
Para observar esa relación en situaciones reales, los investigadores trabajaron con 90 adultos sanos, a quienes siguieron durante un mes. Durante ese período, los participantes usaron un monitor continuo de glucosa, lo que permitió registrar cómo varían sus niveles de energía a lo largo del día.

La elección de medir la glucosa no fue al azar: este carbohidrato es la principal fuente de energía para el cuerpo y el cerebro. Estos dispositivos, utilizados habitualmente en personas con diabetes, entregan datos cada pocos minutos, lo que ayudó a los expertos a entender mejor cómo las fluctuaciones de energía se asocian con el hambre y el estado de ánimo.
Además, los expertos pidieron a las personas que completen registros de estado de ánimo en sus teléfonos hasta dos veces al día. Estos incluían preguntas sobre su nivel de hambre o saciedad en una escala del 0 al 100, así como una calificación de su estado de ánimo actual.
Los resultados obtenidos demostraron que las personas solo mostraban peor humor cuando eran conscientes de que tenían hambre, y no simplemente cuando tenían bajos niveles de azúcar en la sangre. Además, quienes eran más capaces de reconocer cómo estaba su nivel de energía, en general tendían a tener menos cambios de humor negativos.
Esto sugiere que entre la energía del cuerpo y el estado de ánimo existe un paso mental importante, al que los científicos llaman interocepción, que es la capacidad de una persona para percibir lo que está pasando dentro de su propio cuerpo.
En el cerebro, la sensación del hambre es detectada por neuronas del hipotálamo, que identifican cuando el cuerpo lleva un periodo de tiempo con poca energía debido a la baja ingesta de alimentos.
Luego, la sensación consciente de hambre se procesa en la ínsula, una zona profunda del cerebro que también está relacionada con el gusto y con la forma en que percibimos las emociones.
En el estudio, las personas con mayor capacidad para reconocer estas señales internas experimentaron menos cambios de humor. Esto no quiere decir que no sintieran hambre, sino que lograban manejar mejor su estado de ánimo y sus reacciones cuando aparecía.
Esto es relevante porque los cambios bruscos de humor pueden afectar las relaciones con familiares, amigos y compañeros de trabajo. También pueden llevar a tomar malas decisiones y a comportamientos impulsivos, como elegir comida rápida y muy energética, que suele ser menos saludable.
En términos más generales, los expertos señalan que prestar atención a las necesidades del cuerpo también ayuda a mantener la mente tranquila y evita un desgaste innecesario en ambos. Desviarse demasiado del estado ideal del cuerpo puede suponer un riesgo a largo plazo para nuestra salud mental y física.
Consejos para mejorar la relación entre el hambre y el estado de ánimo, según la ciencia
Si bien el artículo reconoció que el ritmo acelerado de la vida adulta muchas veces puede jugar en contra al momento de alimentarse, hay algunos consejos a seguir que pueden servir para la salud del cuerpo y para el estado de ánimo.
Una de las recomendaciones más simples entregada por los expertos es mantener horarios de comida regulares, ya que el hambre suele intensificarse cuando se salta una comida o se retrasa demasiado.

Si bien los niveles de energía varían a lo largo del día, es posible mejorar la capacidad de reconocer estas señales internas prestando mayor atención a cómo responde el cuerpo. Escuchar el cansancio, la irritabilidad o la falta de concentración puede ayudar a detectar el hambre antes de que afecte el estado de ánimo.
La actividad física también juega un rol importante, ya que puede ayudar a afinar la percepción del hambre y favorecer un mejor uso de la energía en el cuerpo. Moverse con regularidad contribuye a que las señales internas sean más claras y fáciles de identificar.
Ser más conscientes de cuándo el cuerpo necesita alimento podría ayudar a evitar irritabilidad innecesaria y reacciones impulsivas asociadas a la falta de energía.
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