La calle y el pueblo

SEÑOR DIRECTOR:
Hace algunos días, La Tercera informaba sobre la “intensa” agenda de manifestaciones que el Partido Comunista pretende impulsar durante marzo, coincidiendo con el inicio del mandato presidencial de José Antonio Kast, y que contemplan el aniversario del fallecimiento de Gladys Marín, el 8-M, protestas por la presencia de líderes internacionales en el cambio de mando y, para cerrar el mes, el Día del Joven Combatiente.
Como estamos en Chile, el PC tiene libertad para manifestarse los 365 días del año, pero no hay que dejar de recordar que ahí donde el PC gobierna, como en Cuba y Nicaragua, niega esa misma libertad a sus opositores, amenazando de mil formas, incluida la cárcel, a los que se atreven a desafiarlo. Represión que, como sabemos, no impide el entusiasta apoyo del PC chileno a sus cómplices extranjeros.
La receta del PC es vieja y conocida. Detrás de los “hitos de movilización amplia y unitaria” como “respuesta democrática y social frente a tendencias autoritarias y regresivas” se esconden dos objetivos: por una parte, la necesidad de activar a su propia militancia, ahora apartada de los suculentos sueldos del Fisco, y, por otra, el afán de encender la chispa de la crispación social, violencia callejera incluida, para dificultar la acción del nuevo gobierno.
El PC regresó al poder por primera vez en 45 años en 2014, de la mano de Michelle Bachelet, y su actuar ha sido siempre consistente con estos dos objetivos. Mientras están en el gobierno, las protestas callejeras y movilizaciones sociales palidecen al lado de cargos ministeriales, embajadas o directorios de empresas públicas -basta recordar el silencio impúdico que guardaron frente al caso Monsalve-. Pero cuando pasan a la oposición, no toleran el resultado de las urnas, descalifican a los votantes y no escatiman ningún medio para desestabilizar al gobierno y volver al poder. Así lo vimos en 2011 con las protestas estudiantiles y, sobre todo, en octubre de 2019, cuando recién iniciadas las protestas no dudaron un minuto en pedir la renuncia al Presidente de la República.
El nuevo gobierno no debe equivocarse en el diagnóstico frente a este guion conocido. Las prioridades sociales no siempre son las de quienes gritan más fuerte. Los chilenos hablan colectivamente e institucionalmente el día de las elecciones y, en las tres últimas elecciones, han dejado claro que el Partido Comunista no los representa.
Julio Isamit
Director de Desarrollo
Instituto Res Publica
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