Realismo no es simplismo

SEÑOR DIRECTOR:
En una reciente columna, Carolina Tohá reitera la tesis de que el estancamiento de los últimos tres ciclos gubernamentales y los dos procesos constituyentes radica en una ciudadanía refractaria -en general- a sus programas.
Se trata de un simplismo que poco ayuda a descifrar las claves de los logros y los reveses de esas administraciones, pues no reconoce los matices ni las fallas. Bachelet II tuvo un primer año reformista de grandes logros y un Caso Caval que le hizo perder la brújula; Piñera II, ante un malestar social no canalizado, permitió la captura de la agenda por parte de movimientos inorgánicos y maximalistas, pero recuperó el timón en ocasión de la pandemia; y el gobierno de Boric supeditó su promesa de transformación a un hito constitucional que se suponía popular, ante cuya derrota derivó hacia un gobierno de administración sin disciplina y de dos coaliciones.
Tohá invita al diálogo, pero cabe preguntar: ¿con quién y bajo qué propósito? La oposición actual es balcánica y oscila entre jugar en la institucionalidad tradicional y hacerlo por la vía de una “tecnopolítica digital” volcada a la impugnación. Quizás ese diálogo debe ser primero interno, en las oposiciones, para definir su propio fondo.
Mientras, José Antonio Kast construye su relato ante las crisis de seguridad y busca la empatía económica, el resto de la oposición transita un desierto de realidades equívocas que le impide el ejercicio de mirarse a sí misma.
Cristóbal Osorio
Profesor de Derecho Constitucional, U. de Chile
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