Un lienzo que refleja cultura

SEÑOR DIRECTOR:
El Centro Cultural Gabriela Mistral no es solo un edificio de hormigón y acero en el corazón de Santiago; es un manifiesto vivo sobre el derecho a la ciudad, la memoria histórica y el encuentro ciudadano. La cultura no se entiende como un bien de lujo o una exhibición estática, sino como una experiencia participativa.
Por su accesibilidad y centralidad se convierte en un lugar inclusivo para bienes culturales que históricamente estaban segmentados. Al mismo tiempo es significativo el rol que ha tenido el centro al funcionar como un laboratorio de mediación cultural, lo que implica, junto con ser un observador, ser un espacio en el que se aprende y se debate.
En la antigua Grecia, el fomento a la cultura no era un lujo, sino una necesidad cívica. El Ágora era el escenario donde los ciudadanos cuestionaban la realidad. Fomentar la cultura es, en esencia, crear espacios, ya sea físicos como una biblioteca, o simbólicos, como un festival, donde el individuo deja de ser un ente aislado para convertirse en parte de un diálogo colectivo. Sin ese “espacio común” de entendimiento que proporcionaba el Ágora, la cultura pierde su capacidad de transformar la realidad.
El actual GAM, tiene su origen en la construcción de la sede para la Tercera Conferencia Mundial de Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas, conocida como UNCTAD III. en el año 1972. Si analizamos su configuración arquitectónica podemos distinguir que permite un buen diálogo con su entorno y un buen manejo de los espacios intermedios, es decir, tiene una cierta porosidad, plazas exteriores e interiores que le dan la categoría de un ágora moderna. Siempre será importante entender la cultura como un derecho humano y, por lo mismo, es esperable esta condición de accesibilidad, tan abierto como sea posible y tan diverso como la sociedad misma.
Con una mirada futura y más allá de la intervención que aún está pendiente, tal vez deberíamos pensar en una hibridez programática, ampliar el ancho público que recorre la Alameda con una plaza aérea que marque aún más el carácter de un edificio que conversa con sus habitantes, entendiendo siempre que la cultura para crear conciencia no ocurrirá a puertas cerradas. El GAM debería considerarse como un gran lienzo vivo que visibiliza sus actividades e invita a quedarse.
Uwe Rohwedder Gremler
Decano Facultad de Ingeniería y Arquitectura, U. Central
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