Cartas al Director

Viejo orden mundial

Viejo orden mundial

SEÑOR DIRECTOR:

La pregunta que deja el editorial de La Tercera del 11 de enero, sobre si el orden internacional nacido en 1945 logrará actualizarse o su desgaste es definitivo, tiene varias respuestas.

Primero, independiente de lo ocurra al respecto, una condición que se mantendría invariable es el carácter anárquico de las relaciones entre los países, es decir, interacciones determinadas según el poder que uno tenga sobre el otro, sin una autoridad mundial capaz de “regularlos”, lo que, según el teórico Kenneth Waltz, genera tensiones, conflictos y guerras. Se trata de una dinámica con varios siglos de antigüedad, casi imposible de cambiar.

Otro elemento que debería mantenerse es el comportamiento de Rusia y China, que, tal como lo describió el politólogo Jeffrey Mankoff, siempre han tenido ambiciones geopolíticas determinadas de manera indeleble por sus pasados imperiales. Basta ver, por parte de Moscú, la guerra en Ucrania y las constantes amenazas contra Europa Oriental, mientras que Beijing mantiene tensiones territoriales con naciones del Sudeste Asiático y su eterna aspiración por anexar Taiwán.

En consecuencia, el viejo orden cambiaría, pero las prácticas centenarias no.

César Iribarren Arsuaga

Cientista Político

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