La ruta y el encuentro

aznar garcia

Manuel García y Pedro Aznar son artistas que no colaboran por estrategias, sino porque sintonizan con la idea de unir talentos y trazar los puntos en común de los lenguajes musicales populares de Argentina y Chile. Es como si reconstruyeran el ferrocarril que antes nos unía en medio de Los Andes. Esta vez son las canciones.



Es el primer bis y habrá tres. Manuel García se para en la orilla del escenario y responde los saludos del público que ha dejado atrás las butacas. Luego observa a la audiencia y comienza a cantar a capella "La danza de las libélulas" de Pánico, su disco debut de hace 14 años. El teatro municipal de Valparaíso, que está prácticamente repleto esta noche de viernes, se silencia paulatinamente como si se tratara de un fade out perfecto orquestado desde la mesa de sonido.

La voz del ariqueño de 49 años copa hasta el último rincón de esta sala clásica que los viejos porteños reconocen como el teatro Velarde. Cuando llega el coro y ante el gesto sutil de Manuel, el público responde cantando. García concluye, ovación, toma su lugar Pedro Aznar. Solo un haz de luz distingue la espigada silueta del argentino mientras interpreta "Quebrado" del disco homónimo publicado en 2008. Sucede exactamente lo mismo que con el chileno. La gente disfruta primero en silencio de la extraordinaria voz del músico nacido hace 59 años, para esperar el turno del coro y fusionar gargantas con él. Ambas canciones mencionan al mar justo en una ciudad que lo enfrenta día a día. Son escenas perfectas que agregan matices a un concierto donde la alianza entre Manuel García y Pedro Aznar estrena el álbum Abrazo de hermanos, que incluye ocho composiciones originales firmadas por ambos y cuatro covers de clásicos chilenos y argentinos.

Estas postales, de los artistas retomando el escenario por separado, fueron una excepción a una noche marcada por un trabajo conjunto donde el montaje supera los alcances del gran álbum publicado el viernes, donde el sentido colaborativo se palpa en cada canción. Aznar y García se presentan con los mismos músicos trasandinos notables que grabaron el álbum y se preocupan de dotar a cada pieza de videos ad hoc, reforzando la significancia de las letras y la poesía inherente a figuras siempre atentas al contenido.

Refuerzan el número otras decisiones acertadas y descritas por los artistas: sumar canciones de sus respectivos repertorios y otros covers de figuras de ambos países. Así por ejemplo, hubo una correcta versión de "Déjate caer" de Los Tres, y una mucho mejor lograda de "Los Dinosaurios" de Charly García con un gran arreglo en percusión.

Aunque el público debía enfrentar material desconocido el enganche fue inmediato desde la primera canción de la noche. La elegida fue la hermosa "Gazebo" donde García se anota con la música en plan acústico para el atractivo relato de Aznar sobre los encuentros de una pareja. El contraste con "Canción para mañana" de Los Bunkers en una versión ligeramente destemplada, dieron pase a los saludos y gritos del público porteño de balcón y galería exigiendo más volúmen a las voces.

Aznar se pasa al contrabajo para la taciturna "Si no hablamos" y luego interpreta en solitario "Un rey y un diez" de García, en una bella versión con piano acompañando. En una pausa el argentino cuenta la dinámica conjunta. "Nos leíamos el pensamiento", reveló mientras Manuel lo miraba como alumno a su profesor favorito para exclamar un espontáneo "¡si!", confirmando que estos artistas se aproximan a la música con los mismos radares, códigos y sensibilidades.

Canciones como "La Reja", sólida en el registro del álbum, mejoró aún más en directo. El quiebre hacia la mitad fue simplemente magistral. Lo mismo sucedió con "Cuando se fue", el primer tema de Abrazo de hermanos, que declara las intenciones y la ruta de la unión con tintes épicos, profundamente melódicos y detallistas en la artesanía de los instrumentos. El video soporte reforzó la importancia asignada a las letras con secuencias relativas al maltrato femenino. "El pajarero", reiniciada a pedido de Aznar, ofreció el gusto mutuo por The Beatles, antecedida por una versión en clave jazz de "Te recuerdo Amanda".

La noche avanza y sobreviene aquel primer bis con cantos a capella. Para el segundo regreso reservan fina selección: "Maldigo el alto cielo" de Violeta Parra y "Cactus" de Gustavo Cerati en magníficas versiones.

La última salida desconcertó ligeramente al público pues se trata de una pieza recitada, "Bendiciones", el cierre de Abrazo de hermanos. "Lo que la vida no nos da, puede hacer de la falta un dulce anhelo", dicen los primeros versos compuestos por artistas que no colaboran por estrategias, sino porque sintonizan con la idea de unir talentos y trazar los puntos en común de los lenguajes musicales populares de Argentina y Chile. Es como si reconstruyeran el ferrocarril que antes nos unía en medio de Los Andes. Esta vez las canciones son la ruta y el encuentro.

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