Jorge Baradit: "El sistema político es un laberinto diseñado para que la gente se pierda"

Baradit

Con su saga Historia secreta de Chile ha vendido 330 mil ejemplares y en agosto saldrá otra entrega. Ahora reedita su primera novela Ygdrasil y el 18 de julio, en el Teatro Ictus, estrenará la obra La Ciudad de los Césares.



Comenta que tiene trabajo hasta el 2024. La lista de cosas por hacer de Jorge Baradit (50) es diversa. El martes terminó una nueva entrega de su saga Historia secreta de Chile. Desde su aparición, en 2015, ha vendido 330 mil copias, un fenómeno editorial sin precedentes en el país.

En las próximas semanas debería salir al aire el primero de los 12 capítulos del programa basado en la serie por la pantalla de CHV. Además Baradit trabaja en una novela gráfica relacionada con su libro Synco (2008) y aparte escribe una novela de ficción. Por si fuera poco lo contactó la plataforma Storytel para producir una audioserie que transcurre en la Patagonia.

Activo en redes sociales, en agosto de 2017 su cuenta de Twitter registraba 87 mil seguidores. Hoy supera los 180 mil. Pero también ha sumado detractores. El pasado 23 de abril para celebrar el Día del Libro, Baradit fue invitado a leer al Instituto Teletón. La invitación fue suspendida por seguridad, luego que figuras como el ex presidenciable José Antonio Kast y el cantante Alberto Plaza criticaran su participación.

Baradit también es parte de la campaña La Historia Importa, que reúne a académicos, historiadores y Premios Nacionales como Gabriel Salazar. El objetivo: que se anule la medida que dejará el ramo de Historia como optativo para tercero y cuarto medio desde 2020.

Atento a la reedición de su primer libro de ciencia ficción, Ygdrasil (2005), Baradit volverá a provocar desde la escritura y por primera vez desde un escenario. El 18 de julio estrenará, en el Teatro Ictus, La Ciudad de los Césares, obra co-escrita con Marco Antonio de la Parra y protagonizada por los actores Alex Zisis y Roberto Poblete. Luego, en agosto, saldrá otro título de Historia secreta de Chile.

"Creo que de nuevo se va a enojar mucha gente. Son siete historias y creo que era el libro que tenía que escribir ahora", señala Baradit sin adelantar mucho más. Quizás un poco: dice que revisitará el panteón de próceres de Chile.

Hombres libres

Hace 14 años Baradit terminó su primer libro, una extraña novela llamada Ygdrasil, ambientada en territorio mexicano. La novela retrata un mundo dominado por la tecnología. En ese nuevo orden, Mariana, una joven chilena y drogadicta, se ve envuelta en una particular misión que apunta al destino de la civilización.

"Ella era apenas un animal salvaje que mataba para drogarse, mientras esperaba desaparecer para siempre en una esquina cualquiera de esta Babilonia monstruosa", se lee en Ygdrasil publicada por el sello Plaza & Janés con ilustración de portada de Claudio Romo.

En 2005 el libro fue una apuesta de Ediciones B y de la editora Andrea Palet. Dos años después la novela tuvo una edición en España. "Hablar de sorpresa es poco. Ygdrasil es una verdadera revolución en la ciencia ficción escrita en español", apuntó el editor Miquel Barceló.

¿Cómo nació Ygdrasil?

Nace de la absoluta irresponsabilidad de alguien que no quería escribir algo en particular. En realidad deseaba construir algo. La imagen en mi cabeza tiene que ver con estructurar algo a la manera en que se levantan algunas esculturas dadaístas, donde los tipos mezclan, amarran, juntan elementos de distintos niveles de conocimiento de una manera estética que los hace ver como una unidad.

¿Qué opina de la ciencia ficción nacional?

Hay nombres destacados como Armando Rosselot y José Luis Flores. Pero el canon demuestra que está armado de libros y no de autores. Me refiero a obras como Patas de perro de Carlos Droguett, Alsino de Pedro Prado, El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso o Pacha Pulai, de Hugo Silva.

¿Cómo fue la experiencia de participar en teatro?

La obra La Ciudad de los Césares la trabajé como el gran mito chileno, que en su origen es la ciudad llena de oro que había que encontrar. Pero la Ciudad de los Césares pasó a tomar otras características en la Patagonia argentina y chilena. En la parte de Chile no solo se convirtió en una ciudad de riqueza, sino de hombres libres, donde no había dolor ni enfermedad. Una ciudad que se mueve y que cuando están a punto de alcanzarla se aleja. En esta obra la ciudad está presentada como una utopía. Luego se produce el diálogo con el futuro y el fascismo y la tensión entre estos dos polos con un relato apocalíptico.

¿Qué espera de la campaña La Historia Importa?

Desde que explotó el boom por la historia con los libros Logia, de Francisco Ortega, los de Carlos Tromben, Alfredo Sepúlveda, Alberto Rojas y los de Historia secreta... sentíamos que no solo había gusto por nuestra historia, sino que hambre por saber de nosotros mismos. Comenzó a crecer la consciencia de que historia no era ese ramo fome del colegio reducido a fechas y nombres sino algo harto más relevante. Historia como la raíz de lo que somos y de lo que nos ocurre hoy. Pensamos que una reforma curricular apuntaría en esa dirección, pero nos sorprendió descubrir que fue en un sentido absolutamente opuesto.

¿Y cómo se toma los ataques en redes sociales?

Me pregunto: ¿Por qué un ex candidato a la presidencia (José Antonio Kast) y todo su séquito en un momento atacan a un escritor? Es por lo que representa: el interés por la historia y la identidad. La historia produce identidad, luego posición política, y después opinión y por eso la historia es peligrosa para muchos. George Orwell dijo que quien controla el pasado controla el futuro.

¿Le han ofrecido pertenecer a algún partido?

Sí claro, pero no soy de ningún movimiento. Soy político siempre, pero no institucional. Mi lugar no está ahí. Hay dirigentes o líderes sociales que deslumbran y luego entran a la política para cambiar "desde adentro" el sistema, pero sucumben o desaparecen. El sistema es un laberinto diseñado para que la gente se pierda. A veces, el Congreso parece más un muro de contención. Quizás a los líderes sociales les convendría quedarse fuera de la institucionalidad y reforzar desde ahí los movimientos para que presionen y actúen con sus herramientas a las instituciones, crear poder desde abajo en vez de cruzar la puerta del Congreso.

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