El primer gran test de Pérez Mackenna que mantiene atento al oficialismo
Aunque nadie del sector ha cuestionado públicamente al ministro de Relaciones Exteriores y goza con la confianza del Presidente Kast, la falta de experiencia en política exterior y su estilo menos apegado a los códigos diplomáticos generan reparos. Ahora deberá demostrar resultados frente a Estados Unidos, donde algunas voces de derecha han pedido que el país se haga respetar.

La primera señal del arrojo con que Francisco Pérez Mackenna asumió su nuevo rol ocurrió apenas iniciado el gobierno, en Bogotá.
En la cumbre de la Celac, a unos 10 días de asumir, el canciller buscó directamente a su entonces contraparte venezolana, Yván Gil, y le planteó la posibilidad de recomponer las relaciones entre ambos países. Sin intermediarios y sin rodeos, ambos equipos comenzaron a trabajar en esa dirección.
El proceso quedó momentáneamente paralizado por el terremoto que golpeó a Venezuela. Chile envió 47 rescatistas, además de vacunas y una definición del gobierno fue no utilizar la emergencia para obtener una ventaja política.
Sin embargo, pasado ese episodio, el titular de Relaciones Exteriores retomó el contacto con el sucesor de Gil, Félix Plasencia, y fue directo al punto: “¿Por qué no resolvemos este problema?”. De ahí salió el acuerdo para reanudar las relaciones consulares y avanzar hacia la recomposición diplomática.
Ese episodio es uno de los que más destacan en su entorno para intentar instalar que su gestión ha tenido resultados. La evaluación general en el oficialismo es positiva: se le reconoce capacidad de gestión, preparación y habilidad para construir relaciones personales.
Pero esa valoración convive con algunos reparos. Su falta de experiencia política y diplomática todavía genera comentarios en círculos de la Cancillería y el Segundo Piso de La Moneda. Se observa que Pérez Mackenna sigue en una etapa de aprendizaje de los códigos de una cartera donde las formas, los equilibrios y las señales pesan tanto como los resultados.
Dos episodios han alimentado esa discusión. El primero fue cuando calificó a Estados Unidos como el principal socio estratégico de Chile tras la cita con Marco Rubio. Aunque Washington es el segundo socio comercial detrás de China, en sectores políticos y diplomáticos se estimó que esa definición podía alterar equilibrios que tradicionalmente se han cuidado con el país de Asia.
El segundo fue la decisión de Chile de retirarse del Movimiento de Países No Alineados. La determinación generó críticas de la oposición y comentarios en círculos diplomáticos, donde se cuestionó la conveniencia de abandonar una instancia que permite mantener presencia y vínculos con un amplio grupo de países. Sin embargo, lo que han transmitido desde La Moneda es que la decisión fue conversada y consensuada en distintas bilaterales con Kast.
También ha habido ruido por la relación entre Cancillería y Presidencia en materias como nombramientos diplomáticos. Algunas fuentes sostienen que el canciller ha intentado avanzar con perfiles y criterios propios, generando tensiones con el Segundo Piso. En Presidencia, sin embargo, descartan un problema de fondo y aseguran que el mandatario tiene un buen diagnóstico de su gestión.

La otra tarea pendiente es su vínculo con los partidos. Pérez Mackenna ha construido relaciones con ministros, parlamentarios y cancilleres extranjeros, pero dos dirigentes del oficialismo apuntan a que todavía no se ha reunido a solas con los presidentes de los partidos del sector. Para algunos, esa ausencia es una muestra de que aún está transitando desde el mundo privado hacia una función donde la política es parte central del trabajo.
Hasta ahora, los cuestionamientos a Pérez Mackenna han estado ligados a su falta de experiencia. Y el próximo “examen” será mucho más complejo: Washington. El canciller ha sostenido conversaciones con el secretario de Estado Marco Rubio, el subsecretario Christopher Landau y equipos de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR). También abrió una interlocución con el jefe de esa oficina, Jamieson Greer.
El diagnóstico de esta administración es que la política arancelaria de Donald Trump responde a una estrategia global de protección de la industria estadounidense, más que a una medida dirigida específicamente contra Chile: la sobretasa actual de 12,5% afecta a cerca del 40% de la canasta exportadora chilena, y la estrategia de Cancillería es ampliar el número de productos exentos del impuesto al alero del Tratado de Libre Comercio vigente desde 2003.
Esa posibilidad, dicen, se abrió en las conversaciones con Greer. Y es que EE.UU. puede estar dispuesto a discutir la ampliación de la lista, pero no a modificar su estrategia general de aranceles.
Ahí está, para varios observadores, el verdadero test del canciller. Y la vara -aseguran- será especialmente alta por su propio perfil: Pérez Mackenna viene del mundo empresarial y, desde que asumió, una parte importante de su gestión ha estado enfocada en la agenda económica de la Cancillería, particularmente en la apertura y diversificación de mercados para Chile.
Además, la actual administración de Kast, cuando estaba en la oposición, cuestionó al gobierno de Gabriel Boric por su manejo de la relación con Trump y por las señales que, a su juicio, contribuyeron a la primera alza arancelaria del 10%. Ahora, con la responsabilidad de administrar el vínculo puesta en esta administración, la Cancillería debe conseguir resultados pronto y demostrar que el cambio de gobierno también implica una gestión distinta frente a Washington.
Hasta ahora, Pérez Mackenna ha tenido un tono conciliador y ha evitado estratégicamente enfrentarse con Estados Unidos. Pese a que el embajador en Chile de ese país, Brandon Judd, cuestionó hace unos días que otros ministros del gabinete -Fernando Barros y Jaime Campos- criticaran a los norteamericanos por imponerle aranceles a Chile. “Si dos ministros que no son parte de la negociación quieren hacer comentarios provocativos que socaven la habilidad de sus colegas de negociar es tema de ellos”, dijo Judd a Radio Biobío.
El episodio provocó que el vicepresidente del Senado e integrante de la Comisión de RR.EE. Iván Moreira emplazara, sin mencionar a Pérez Mackenna, a la Cancillería. “La Cancillería debe hacerse respetar, porque eso es respetar a Chile”, indicó. Un diagnóstico que varios en la derecha comparten, pero que prefieren no hacerlo público.
Aunque el secretario de Estado no cambió el tono respecto de Estados Unidos, sí hizo un llamado de atención a sus pares del gabinete. La semana pasada aseguró que es su cartera la que lidera la estrategia por aranceles.
Para enfrentar este desafío y otros del ministerio, los principales respaldos del canciller son los subsecretarios Patricio Torres y Paula Estévez, y su jefe de gabinete, Carlos Bonomo, diplomático de carrera que ha trabajado con otros ministros de Relaciones Exteriores. Es este equipo, dicen quienes conocen su funcionamiento, el que lo ha acompañado mientras termina de ajustar su estilo al mundo político y diplomático.
También recurre a personas de confianza fuera del ministerio, entre ellas el excanciller Alfredo Moreno, con quien mantiene una relación de amistad de años.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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