Cómo se preparó el regreso de El cristal encantado en Netflix

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La serie de Netflix se perfila como una excepción dentro de las producciones que retornan sin su creador, en este caso Henson. Un hombre al que Freud define como "una luz en el mundo, y cuando falleció, esa luz se apagó, pero nos dio a todos un poco de ella".


De Los Muppets a Plaza Sésamo, muchas de las creaciones de Jim Henson han tenido vida posterior a su muerte, en 1990. Junto a la película protagonizada por David Bowie, Laberinto, El Cristal Encantado se mantenía como uno de los pocos títulos del maestro de las marionetas que había permanecido solo como un recuerdo, resistido en su momento y más querido con el paso de los años. La cinta que dirigió en 1982 con Franz Oz presentaba un mundo de fantasía arruinado por la avaricia, corrompido por el poder, donde un par de criaturas -los últimos de su especie, los gelflings- iban detrás del Cristal de la Vida, en manos de los codiciosos skeksis.

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Fresca y épica, la serie de Netflix que es precuela de esa historia (El Cristal Encantado: La era de la resistencia) ha provocado aplausos por conservar la técnica de marionetas y sumar efectos visuales -CGI- solo para ciertos momentos. La dirección es de Louis Leterrier (Los ilusionistas) mientras que Lisa Henson -hija del creador- ejerce como productora, pero quien sirve de puente entre ambas creaciones es Brian Froud, artista inglés que diseñó las criaturas y sus vestuarios en el filme original y vuelve con su artesanía y oficio.

"La primera película fue una adelantada a su época. La gente no la entendió mucho. Su imaginario y atmósfera eran oscuras, no funcionó como queríamos", dice vía telefónica a Culto, a lo que añade: "Pero ahora el mundo ha cambiado mucho, la gente está acostumbrada a cintas más variadas, el imaginario es distinto".

En la producción televisiva de diez capítulos se expande el universo y crece el número de personajes, al contar la historia de tres gelflings que inician una aventura para salvar a Thra, en el inicio de su descomposición producto de los planes de los skeksis. Una fantasía que cuenta con voces de actores como Taron Egerton, Mark Hamill y Helena Bonham Carter.

Froud, quien por fin pudo concretar su regreso a ese universo tras varios intentos, comenta: "En la primera película, la idea de Henson es que el mundo de Thra está vivo. Entonces tenemos criaturas que lo habitan, las rocas, los árboles, los ríos, todos tienen vida propia. Exploramos mucho esa idea en la nueva serie. Quiero que la gente sienta que los disfraces están hechos de materiales que no existen en esta tierra, o que ni siquiera están hechos, sino que tienen vida propia".

El inglés también ha trabajado en filmes que no ocupan marionetas, como la Peter Pan de 2003 o Mi amigo el dragón (2016), pero sigue siendo un amante de ellas. Una técnica que parece llevada a otro nivel en la serie, junto a un equipo que incluye a su esposa Wendy y su hijo Toby (el mismo que en Laberinto interpretó al hermano pequeño de Jennifer Connelly y compartió con Bowie). "Lo maravilloso de las marionetas es que son reales, son tangibles, tienen todas estas texturas que funcionan para los personajes y las podemos filmar en vivo. Pero hay ciertas cosas que las marionetas no pueden hacer, y el CGI nos ayuda en eso, lo usamos para algunas expresiones", detalla, junto con afirmar que "ahora, con múltiples cámaras, la dirección es mucho más fluida, eso le dio mucha más vida a todo el imaginario".

La serie de Netflix se perfila como una excepción dentro de las producciones que retornan sin su creador, en este caso Henson. Un hombre al que Freud define como "una luz en el mundo, y cuando falleció, esa luz se apagó, pero nos dio a todos un poco de ella".

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