Artista pone en jaque a los monumentos en el Museo de Bellas Artes

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Padre de la patria (2019), personaje sacado del Monumento Ecuestre de Bernardo O'Higgins.

El escultor Luis Montes inaugura mañana Contra la razón, serie de obras que cuestionan la forma y el origen de la tradición estatuaria en Chile.


Puede decirse que Luis Montes Rojas (1977) no acude al rayado con spray ni al descabezamiento de los héroes para cuestionar los monumentos públicos. Aunque de alguna forma sí lo hace. El escultor y académico de la Universidad de Chile, quien estuvo tras la restauración de la escultura de Rebeca Matte en el frontis del Museo de Bellas Artes, vandalizada en 2018, trabaja cuestionando la tradición estatuaria en Chile a través del arte. No lo hace directamente con los monumentos reales, sino que modela réplicas, deconstruye piezas en el taller, juega con las escalas y pone en jaque la historia oficial.

Mañana Montes inaugura en la Sala Matta la muestra Contra la razón, curada por Mauricio Bravo, que debía abrir hace un mes, pero que por el estallido social se retrasó. Lo que ha sucedido en las calles, con la toma y vandalización de los monumentos no es más que la demostración pública de lo que él vive haciendo en el taller. "La lógica monumental impide la reinterpretación, pero la verdad es que las sociedades cambian y las ciudades se transforman. En el Imperio romano existía una ley, a través de la que los propios ciudadanos podían decidir sobre si realzar una figura histórica como si fuese una deidad o al contrario bajarlos de su pedestal, lo que se conocía como 'condena de la memoria' y que permitía borrarlo de todas las placas y monedas conmemorativas", dice.

Condena de la memoria se llama justamente una de sus piezas, donde tres cabezas doradas iguales cuelgan teatralmente desde el techo, delante de un telón rojo. "La repetición hace que el monumento pierda su identidad y además sin locación en la ciudad también pierde su razón de ser", dice Luis Montes. Más allá, una serie de bustos rojos forma una especie de tótem con figuras que a pesar de no tener cabeza, se intuyen son hombres blancos acomodados que metafóricamente sostienen un sistema de poder cada uno en los hombros del otro.

En medio de la sala un soldado de bronce va cayendo al suelo, con un punzón en la mano y su rostro desencajado. Nadie podría reconocerlo a simple vista y menos sin la figura de Bernardo O'Higgins a caballo saltándole por encima, que es como realmente se completa este monumento que conmemora la batalla de Rancagua y que está emplazado frente al Palacio de La Moneda. "Se trata de separar a este personaje que pasa desapercibido, del héroe y además bajarlo a la altura del público para que pueda ser apreciado por primera vez. De ahí viene el inevitable cuestionamiento ¿Quién es el verdadero padre de la patria, él que está arriba del caballo o el que está abajo, vencido? ¿Es el hijo bastardo del virrey del Perú de origen irlandés, o este soldado realista derrotado y anónimo?", lanza Montes.

La política emerge

Los héroes anónimos y el rol de la mujer son otros de los temas cuestionados por el escultor. Una serie de estatuillas de soldados mutilados se repiten como ornamentos en la realidad y luego son reproducidos en coloridas fotos. "Están basados en fotos históricas que alguien hizo sobre los veteranos de la Guerra del Pacífico; como no pueden ser monumentos, yo los transformo en ornamentos, piezas decorativas que terminan dentro de vitrinas junto a la vajilla cara", dice Montes.

Cubriendo casi una muralla completa de la Sala Matta, se instala la obra Hystérie: la reproducción en serie del mismo rostro femenino gritando. Se trata de un monumento a la Victoria, que curiosamente se repite en Perú y Chile. "El francés León Cugnot la modeló en 1870 para Perú, pero las tropas chilenas encontraron quizás un molde y la trajeron a Chile, ahora está en ambos países", cuenta. "Me interesa hacer ver cómo la figura de la mujer ha sido usada como concepto, la libertad, la victoria, pero nunca como sujeto, como es el caso de los hombres", agrega el escultor.

En uno de los rincones de la sala se exhibe además el ejercicio que realizó el artista miniaturizando varias estatuas conocidas como el Monumento a Salvador Allende, a Manuel Montt, a Balmaceda, a Arturo y Jorge Alessandri y a Pedro Aguirre Cerda, las que luego llevó a las mesas de centro de casas en Pudahuel para observar qué conversaciones surgían.

"Fue interesante porque de inmediato apareció la política, las personas se empiezan a acordar de sus propias vivencias relacionadas con tal o cual gobierno. En la realidad, la gente no recuerda qué monumento es cuál, pero cuando lo tienen ahí en su mesa de centro recuerdan y la política aparece. Y eso es porque los monumentos no están hechos realmente para recordar sino para ser olvidados. Es imposible vivir en una ciudad que te está recordando todo el tiempo el peso de la historia", explica Montes.

Las revueltas también han puesto en entredicho los monumentos, a través de la destrucción y el rayado de muchos de ellos. ¿Cómo se instala su obra en ese contexto?

Yo soy conservador, trabajo en eso, y entiendo que quien conserva el patrimonio es alguien que no se siente con el derecho de decidir por otros. No puedo destruir aquello que podría ser restituido o valorado 50 años después. Sin embargo, lo que hago se trata totalmente de cuestionar la noción de patrimonio, siendo respetuoso de ese símbolo. Agarro el monumento que sigue estando en la calle, lo traigo como obra de arte para discutirlo y creo que en eso hay un ejercicio muy democratizador.

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De la serie Ornamentos sobre veteranos de la Guerra del Pacífico.[/caption]

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Columna sin fin (2018), bustos apilados hechos en resina poliester, fibra de vidrio y acero.[/caption]

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