Locke & Key: la casa de las llaves

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Quizás con el correr de los capítulos Locke & Key se hace más fuerte, pero lo cierto es que en un momento en que la televisión está más llena de opciones que nunca y que los dramas adolescentes supernaturales deben ser una de las subcategorías más pobladas de títulos, es difícil pensar que muchos le vayan a perdonar un inicio débil y que no termina nunca de conectar.



El 7 de febrero Netflix estrenó el que debía ser uno de sus títulos del año. La serie Locke & Key, una ficción llena de misterio basada en una premiada novela gráfica, escrita por Joe Hill -el hijo de Stephen King- y dibujada por el chileno Gabriel Rodríguez. La expectativa venía no sólo por ver cómo se llevaba a la pantalla este aplaudido título del papel, sino que además porque era el tercer intento de hacerlo: en 2010 Fox llegó hasta la etapa del piloto con Steven Spielberg involucrado en el proyecto y en 2017 Hulu también alcazó a hacer un piloto antes de decidir no seguir adelante. Así fue como Netflix finalmente lo logró, aunque con un resultado más bien decepcionante.

Locke & Key tiene al centro de su historia a la familia Locke, cuyo padre fue asesinado por un estudiante que le pregunta por la casa Key antes de matarlo. Ahí es justamente donde llegan a vivir su viuda y tres hijos tras la tragedia, sin saber que se están mudando a una mansión que está llena de secretos y lugares mágicos y malvados, a los que se puede acceder a través de distintas llaves. Mientras la madre se mantiene misteriosamente ignorante de toda esta situación, sus hijos pronto ven la realidad y empiezan a explorar este mundo, al mismo tiempo que lidian con sus dramas personales y los líos del colegio.

Con todos estos elementos y con portales que se abren desde el primer capítulo, no se puede acusar a la serie de ser lenta o estar falta de giros, por lo que se hace aún más inentendible que se sienta así. Una serie que entre misterios y volteretas no logra convencer ni enganchar demasiado y que, francamente, se puede ver con un ojo en la pantalla y otro en el teléfono. Las actuaciones son correctas sin ser brillantes pero menos brilla su relato, que parece no conseguir completar su tarea ni en los momentos de misterio, ni terror, ni drama, ni comedia.

Quizás con el correr de los capítulos Locke & Key se hace más fuerte, pero lo cierto es que en un momento en que la televisión está más llena de opciones que nunca y que los dramas adolescentes supernaturales deben ser una de las subcategorías más pobladas de títulos, es difícil pensar que muchos le vayan a perdonar un inicio débil y que no termina nunca de conectar.

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