La era Kid A: una carpa en Dublín, ondas Martenot y Radiohead en concierto

Radiohead

Con su disco Kid A recién lanzado, el año 2000 Radiohead se batió tres noches seguidas en un hipódromo irlandés, donde hicieron un borrón y cuenta nueva en su carrera, en un concierto recién liberado en YouTube.


La otra noche apareció en pantalla “Radiohead - Live From A Tent In Dublin (October 2000) #StayHome #WithMe”, un registro editado que mezcla tres conciertos de Radiohead en Irlanda en los años en que “renegaron de las guitarras”. Pero paciencia: todo tiene su explicación.

Radiohead era por entonces dos asuntos distintos, aunque unidos entre sí.

Primero, “la banda más propositiva e influyente del mundo”, como anota el músico mexicano Joselo Rangel en Crónicas de un Tacvbo (Gourmet Musical, 2014).

Y segundo, la punta de lanza de la bedsit music. El periodista británico Bob Stanley lo explica mejor en su libro Yeah! Yeah! Yeah! (Turner, 2015): “La consecuencia del dad rock (rock para padres, en contraposición a la alegría juguetona y juvenil del britpop) fue una nueva oleada de lo que se conoce como bedsit music, o música depresiva para espíritus solitarios y atormentados, cuyo buque insignia era Radiohead, grupo liderado por un vocalista, Thom Yorke, que sonaba como si cantase en posición fetal”.

Habían pasado tres años desde la epopeya de Radiohead en Glastonbury, cuando los de Oxford despacharon casi todo The Bends (1995) y OK Computer (1997) luego de una lluvia torrencial, en un set votado por la revista Q como el mejor recital de la historia británica; y la banda volvía a hacer historia en directo.

Si en junio de 1997, cuando el barro se apoderó de Somerset, Inglaterra, y varios fans contrajeron el pie de trinchera —la enfermedad de la Primera Guerra Mundial—, mientras la crítica se entregaba de lleno a los ingleses llamándolos “la última gran banda de rock” o “la renovación del rock de masas”; para octubre del año 2000 Radiohead preparaba dos nuevas cumbres y giraba el timón de sus canciones: habían lanzado Kid A (2000) —“un gran borrón y cuenta nueva en nuestra carrera”, según Thom Yorke— y se preparaban para hacer lo propio con Amnesiac (2001) al año siguiente.

El hipódromo de Punchestown en Irlanda vio la nueva piel del grupo, ahora volcados a la experimentación, la música electrónica y el post-rock. 

Jonny Greenwood.

El registro comienza con un omnipresente Jonny Greenwood jugueteando con su pedalera mientras sintoniza una radio en vivo para el galopante free jazz de “The National Anthem”, y luego al frente de un sintetizador de ondas Martenot para la sentida “How to disappear completely”.

Alguna vez Thom Yorke contó la historia de ese terrible final donde canta “I'm not here/ this isn't happening”. 

“Era la época de OK Computer, tocamos en Glastonbury y en Irlanda, y algo en mí hizo click. Me dije ‘ya está, no puedo más’… y un año después aún seguíamos de gira. No había tenido tiempo de asimilar nada. Llamé a Michael Stipe y le dije: ‘no puedo con esto’. Él me aconsejó: ‘Baja las persianas y no pares de decirte: No estoy aquí, esto no está sucediendo’”.

Una carpa en Irlanda.

Eran los días en que Rolling Stone los bautizó como “La evolución del art rock de estadios”.

De hecho, Kid A es el disco de Radiohead encumbrado más arriba entre los 500 mejores de todos los tiempos, según la revista que entonces dirigía Jann Wenner. Ocupa el lugar 67 (The Bends lo sigue en el 111 y Ok Computer aparece en la ubicación 162).

Todo en su lugar

El concierto irlandés —disponible en el canal oficial de Radiohead en YouTube— avanza con Thom Yorke en el piano Rhodes haciendo la versión acelerada de “Morning bell”, con las muñecas de Phil Selway domando el 5/4 de la canción, y tomando aire en la transición, cuando la voz de Radiohead canta esa frase que se ha prestado para todo tipo de interpretaciones: "Cut the kids in half".

La edición del registro, a cargo de Quin Williams, es desordenada: mezcla tomas de las tres presentaciones que dieron en el hipódromo y deja apenas los pasajes de Kid A, omitiendo cualquier guiño a Amnesiac.

En “Idioteque”, Colin Greenwood deja el bajo para recordar a Paul Lansky sobre un sintetizador, mientras su hermano marca los beats característicos en lo que parece ser un secuenciador analógico RS 8000 Integrator.

La escena es un calco de sus conciertos en el porvenir: Thom Yorke se sacude enloquecido en el verso “Ice Age coming, Ice Age coming". Esa letra puede resumir la bisagra vacía que fue la década anterior: "I have seen too much, I haven't seen enough" (he visto mucho, no he visto lo suficiente).

Thom Yorke.

Hay una vieja entrevista de la banda con el periodista Neil Strauss (The Dirt, Todos te quieren cuando estás muerto), donde el cantante y compositor de Radiohead describe el sonido del grupo como una cruza entre “el What’s going on de Marvin Gaye y el Bitches brew de Miles Davis. Muy denso pero muy transparente al mismo tiempo”. Algo de eso tienen “Optimistic”, la balada rockera a tres guitarras, y el arpegio de “In limbo”, con Ed O’Brien en el Rhodes y Thom tirando desde el pandero.

“I will see you in the next life”, canta Yorke, sobre un órgano fúnebre, oscurísimo, en el celestial cierre de “Motion picture soundtrack”, uno de los cortes que quedaron fuera de Ok Computer y que el músico rehizo con otro envoltorio para Kid A.

Pero tal vez “Everything in it’s right place”, el punto de partida del disco —acá puesta casi sobre el final—, sea la llave para comprender el cambio de era en Radiohead.

Cuenta la banda que no podían dar con el sonido final del tema que compuso Thom en un piano en su casa y que Nigel Godrich habría sugerido meter al congelador. Cuando Yorke y el productor la pasaron por un sintetizador Prophet-5, el tema agarró vuelo y consiguió su acabado con los arreglos de Jonny Greenwood y esas voces sacadas de una licuadora. Todo en su lugar.

Música inquieta y ansiosa

Los cincuenta minutos de concierto se pasan volando. Aparecen “Paranoid android” y “Just”, ya sobre el final, y lo cierto es que las guitarras nunca se fueron: ocurre que no siempre pivotan la música de Radiohead. Y, como en el jazz, agregan tintes a la paleta compositora.

El registro, colgado por la banda para sobrellevar la cuarentena en casa, es una buena instantánea de la era Kid A, que también explica todo lo que vino después: esa ambición de Radiohead por expandirse en lugar de repetirse.

Casi veinte años después, se puede rastrear en YouTube una entrevista reciente, cuando el presentador Stephen Colbert le pregunta a Thom Yorke algo que en realidad en una opinión (y ahora un cierre): “Durante décadas has escrito música inquieta y ansiosa sobre la sociedad, nuestro gobierno, la tecnología y la dirección en general del planeta. ¿Qué se siente tener la razón?”.

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