Beastie Boys Story: la “charla TED” definitiva sobre MCA

Ad Rock, Mike D y MCA.

El documental estrenado en Apple TV+ profundiza en dos etapas clave del trío neoyorquino creado por Adam Yauch: su alianza con Rick Rubin en los 80 y su expansión musical en la década siguiente.


La aparición de Beastie Boys book (Faber & Faber, 2018) y luego Beastie Boys story es una especie de caja negra de un avión indomable que cayó a tierra en 2012 con la temprana muerte de Adam Yauch —aka MCA—, producto de un cáncer, a los 47 años.

En el documental estrenado el sábado por Apple TV+ —producido entre otros por Jonah Hill—, los dos sobrevivientes del grupo, Adam Horovitz —Ad Rock— y Michael Diamond —Mike D—, repasan una historia luminosa desde un singular relato —dirigido por su habitual colaborador Spike Jonze—, mezcla de humor, nostalgia familiar y dividido en capítulos.

Sin dormir hasta Brooklyn

El punto de partida es el cumpleaños número 17 del fallecido MCA, cuando decide festejarlo formando un grupo de hardcore.

Junto con tomar el bajo, Yauch se unió a la primera baterista de Beastie Boys, Kate Schellenbach —luego integrante de Luscious Jackson.

La guitarra estaba a cargo, en un comienzo, del futuro miembro de Big Fat Love, John Berry, y su amigo y compañero de colegio Mike D ocupaba el rol de cantante.

“Cooky puss”, compuesta desde una broma telefónica —como explican en el documental—, fue uno de los temas que sobrevivieron a esa época forjada en Brooklyn.

Escrita cuando se integró Adam Horovitz a la formación definitiva, ya sin Barry y cuando cantaban leyendo desde pequeños papeles manuscritos: había nacido Beastie Boys.

El cuarto chico bestial

1984 sería un año bisagra para el trío que rapeaba con ímpetu hardcore: conocieron a Rick Rubin, quien sería el cofundador de un sello clave para el desarrollo del hip hop: Def Jam.

Rubin, otro chico que había crecido en Long Island tocando heavy metal y punk, sería el DJ y productor del grupo, y los llevaría a conseguir mejores conexiones en el mundo del rap, como teloneros de Kurtis Blow o Disco Three.

Por entonces el hip-hop en general y Def Jam en particular se habían propuesto difuminar los límites de la segregación racial todavía presentes en la música estadounidense, como explica Jeff Chang en Generación hip-hop (Caja Negra, 2017).

“El rap reintegró a la cultura estadounidense”, dice en el libro Bill Adler, crítico especializado en hip-hop y reconocido periodista musical que integró las filas del sello Def Jam.

Run-DMC y Beastie Boys en 1985.

Con Rubin en las bandejas, y Schellenbach desplazada del grupo, los Beastie Boys editaron singles como “Rock hard” o “She’s on it”, que les permitieron tocar junto con Run DMC, LL Cool J y ser editados en conjunto por Columbia Records.

Una licencia explosiva

Además de abrir la primera gira de Madonna, la sociedad formada por Beastie Boys y Rick Rubin editó Licensed to Ill (1986), el primer disco de hip-hop en llegar al número uno en Billboard, el debut con mejores ventas en la historia de Columbia: 750 mil copias en seis semanas; y el primer disco del género en superar las cinco millones de copias en los años 80.

¿Qué hacía tan especial a ese disco? La crítica coincide en señalar la explosiva combinación de rap con los samples de Black Sabbath y Led Zeppelin, sello de la asociación con el productor.

Poco orgullosos, los dos sobrevivientes del grupo detrás de “Fight for your right to party” examinan esa etapa en el documental Beastie Boys story avergonzados de la escenografía que los acompañó en esa gira seminal del grupo: un gigantesco pene inflable y strippers enjauladas.

El espectáculo del que también es parte Spike Jonze —quien interrumpe la narración tipo “charla TED” del dúo—, recuerda particularmente cuando la derecha reaganista los llamó “sexistas” y en Inglaterra el Parlamento consideró prohibir sus presentaciones.

De vuelta en Nueva York, luego de recorrer parte del primer mundo, el grupo giró con Run DMC. Fue cuando comenzaron los problemas.

Un disco tan vendedor como Licensed to Ill dejó las cuentas poco claras entre el trío y su productor, y ambas partes terminaron distanciadas y unidas únicamente por una batalla judicial.

Beastie Boys en Montreux

El exilio

A fines de los 80, con Ad Rock instalado en Los Ángeles para filmar una película, la banda se mudó a una mansión en la otra vereda de Estados Unidos en busca de un nuevo comienzo.

La nueva vida del grupo aparece exagerada en el video de “Hey ladies”:

En California encontraron un nuevo sello —Capitol Records—, conocieron a los Dust Brothers Mike Simpson, John King y su ingeniero Mario Caldato, figuras clave en la nueva etapa del trío.

Juntos trabajaron Paul’s boutique (1989), su segundo disco, un álbum calificado por Rolling Stone como “el Pet Sounds de los Beastie Boys”, mientras que Jim DeRogatis, el biógrafo de Lester Bangs, lo señaló como “el Revolver del hip-hop”.

A los instrumentos

Si Licensed to Ill fue leído como una broma de tres judíos neoyorkinos que solo querían divertirse, Paul’s boutique fue la búsqueda y legitimación de la crítica. Pero la tercera entrega de Beastie Boys sería el despegue definitivo del grupo y su graduación como músicos.

En Check your head (1992) Mike D figura como baterista, Ad Rock en la guitarra y MCA en el bajo, junto a otros músicos como Mark Ramos Nishita y Mario Caldato, el coproductor de una nueva paleta musical cargada al funk y el jazz, sin abandonar los comienzos hardcore y el sello hip-hop de la banda.

En el disco, incluso, cantan en un tema llamado “Something’s got to give”:

Beastie Boys debutaba con su propio estudio —G Son— y sello —Grand Royal— en California, donde acabaron por cerrar el círculo con Kate Schellenbach, la baterista que habían expulsado en sus comienzos, tras editar a su grupo Luscious Jackson.

El sonido de Beastie Boys tomaba por fin su acabado definitivo de la mano de sencillos como “Pass the mic”, “Funky boss” y sobre todo en las terminaciones de “So what’cha want”:

La montaña

En otro pasaje de Beastie Boys story, Ad Rock y Mike D explican que Ill Communication, su cuarto disco de estudio y tal vez el mejor en la historia del grupo, puede leerse como una continuación de Check your head.

En el disco conviven el hardcore de un tema de poco menos de un minuto, como “Tough guy”, con los poderosos instrumentales junto al percusionista Eric Bobo: “Sabrosa”, “Flute loop” y “Futterman’s rule”; y el rap con discurso de “Sure shot”.

Allí, el fallecido MCA rima: “Quiero decir algo que hace mucho tengo pendiente/ la falta de respeto hacia las mujeres tiene que acabar/ a todas las madres y las hermanas y las esposas y las amigas/ quiero ofrecerles mi amor y mi respeto hasta el fin”:

Eso, sin contar canciones icónicas de su repertorio, como “Root down”, “Do it” y “Sabotage”, el tema más reproducido de Beastie Boys en Spotify y YouTube.

En el documental, los dos sobrevivientes se emocionan al recordar la historia de una canción que comenzó MCA al bajo y que entró al disco en su etapa final, ya que no lograban dar con la letra.

Sin embargo en el libro es donde detallan la historia de su mayor éxito. “Sabotage” fue un instrumental que terminó hablando sobre la sensación de sabotaje que producía en ellos la presión de su amigo y productor Mario Caldato.

Ill Communication también entrega algunas pistas sobre los nuevos intereses del fallecido músico. Los temas “Shambala” y “Bodhisattva vow” dan cuenta del compromiso budista de Adam Yauch y el futuro nacimiento de Milarepa, la ONG ocupada de defender los derechos tibetanos ante la ocupación china.

Sería el punto de partida de los Tibetan Freedom Concert, donde los Beastie Boys oficiaron un cartel compartido con Björk, Rage Against the Machine, Beck, Sonic Youth, Yoko Ono, Foo Fighters, Radiohead, Alanis Morissette y los Red Hot Chili Peppers.

Luces y sombras

Bill Hader se encarga de interrumpir algunas partes divertidas en un documental que profundiza poco más sobre sus trabajos siguientes. Por ahí algo de la etapa Hello Nasty y To the 5 Boroughs, dejando al olvido el impecable Hot Sauce Committee, por ejemplo, o al imprescindible Mix Master Mike, con el que incluso vinieron a Chile en 2006.

Como era de esperar, el centro del registro es el recuerdo de la figura de Adam Yauch. De voz grave y rima flemática en comparación a la de sus compañeros, Mike D y Ad Rock, el fallecido MCA fue siempre el más agudo y rápido a la hora de pensar. Sin ir más lejos, su cabeza fue el lugar donde nació la banda cuando todavía no era mayor de edad.

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