Córrete, Chuck Berry: la noche en que Marty McFly inventó el rock & roll

Michael J. Fox en Volver al Futuro

Cuatro semanas de preparación con un profesor de guitarra y un coreógrafo le tomó a Michael J. Fox preparar la célebre escena de Volver al Futuro en que él, un joven del futuro, revela al modo de un profeta del sonido la palabra del rock & roll a los asistentes del baile de la secundaria de Hill Valley. Todo, a punta de los acordes de “Johnny B.Goode”, una canción de Chuck Berry que releva el alcance de su música como catalizador de una generación.



Un poco más de dos minutos dura uno de los momentos más célebres de Volver al Futuro. Uno que pasó a la zona de memorabilia de la cultura pop. Ocurre en la escena 138 del guión, casi exactamente en el clímax del filme, cuando Marty McFly por fin observa a la versión juvenil de sus padres besarse por primera vez, durante el animado baile de la secundaria de Hill Valley la noche del sábado 12 de noviembre de 1955.

Pero no solo había que resolver el nudo de la historia. Marty, interpretado por Michael J. Fox, estaba en el lugar por una emergencia. Se subió al escenario con una guitarra Gibson ES 345 para reforzar a la banda que animaba el baile, Marvin Berry & The Starlighters. Su líder y guitarrista se lastimó la mano izquierda al rescatarle del portamaletas en que los amigos de Biff Tannen, el villano de turno, le habían encerrado.

Tras interpretar la romántica “Earth Angel”, una balada de estilo doo wop popularizada en la realidad por The Crew-Cuts, Marty deja la guitarra y quiere salir del escenario. Pero Marvin se lo impide con un invitación. “Vamos, hagamos una buena”. Marty duda, pero los aplausos de los jóvenes engalanados lo hace recapacitar. Algo en su fuero interno se mueve. Pasan por su mente la audición frustrada con su banda los Pinheads, en que fueron desechados por tocar “muy alto” -casi al comienzo de la película- y esas tardes de adolescencia intentando imitar a sus héroes de la guitarra. Y allí, perdido treinta años en una época que no es la suya, la vida le hace un guiño a su lado melómano. Con una pícara sonrisa de lado, acepta.

Se acerca al micrófono y presenta una canción “viejita, pero bonita”. Tras darle unas instrucciones a los músicos, Marty toma la guitarra y arremete con el riff de “Johnny B. Goode”. Una composición que nadie conoce porque aún no se ha escrito. Los chicos engominados y las chicas de faldas acampanadas se sorprenden. Poco a poco comienzan a seguir el ritmo con los pies. Algunos hacen piruetas. Otros bailan como poseídos por el ritmo. En un guiño que se permite el guión, Marvin, enloquecido, llama a su primo Chuck. “¿Recuerdas el nuevo sonido que estabas buscando?”.

Pero en 1955 el verdadero Chuck Berry ya tenía el sonido. Salía desde sus enormes manos cada vez que azotaba las cuerdas de su Gibson. En julio de ese año lanzó su primer single. “Maybelline”, una canción de ritmo saltón, que alcanzó el primer lugar de las listas de R&B y el número cinco en el ránking Billboard. Fue, de hecho, el primer afroamericano en lograrlo.

Chuck Berry

De allí vendrían una sucesión de sencillos que serían el resorte creativo para una generación de muchachos dispuestos a dejar atrás los días de penurias de posguerra y la amenaza nuclear que se alzaba sobre el mundo. Con sus historias simples y directas sobre robos, chicas y escapar de la escuela, Berry se alzó como un ídolo. “Johnny B. Goode”, una canción de 1958, cuenta la historia de un chico marginal; no sabe leer, ni escribir bien, pero toca la guitarra “como suena una campana”. Se habría inspirado en sus propia vida, aunque eso sí, él sabía leer.

Esa noche en el baile de la secundaria (llamado apropiadamente El encanto bajo el mar), la magia del cine permitió a Marty cumplir su fantasía de ser un rockstar. A Michael J. Fox le tomó cuatro duras semanas de preparación en que tocó la guitarra por horas y practicó una coreografía otras tantas. Porque en su fuero interno, él sabía que si iba a encarnar a un muchacho aspirante a estrella, tenía que parecerlo de verdad. Nada a medias.

“Le dije al [director] Bob [Zemeckis]: ‘Cuando haga esta escena tocaré la guitarra, así que puedes sincronizarme con los dedos. Siéntete libre de cortarme las manos cuando lo desees -recordó el actor en entrevista con la revista Empire-. Habiendo dicho eso, él me presionó para hacerlo bien. Así que tuve un tipo llamado Paul Hanson, que era mi maestro de guitarra”.

Pero no se quedó allí. Era ficción, así que había que exagerar. En su performance, Marty se lanza aparatosamente al suelo, ejecuta frenéticos tappings al estilo Van Halen, y hasta patea el amplificador. Una escena más propia de un bar de 1985 que de un elegante baile de secundaria de 1955. Los jóvenes lo miran atónitos mientras el chillido de la guitarra se apaga lento como un soplido. “Tal vez ustedes no están preparados aún, pero a sus hijos les encantará”, se disculpa McFly.

Todo estaba preparado al detalle. “Durante aproximadamente cuatro semanas trabajamos esta pieza y al mismo tiempo estuve trabajando con este coreógrafo de Madonna”, recuerda Michael J. Fox. Al comenzar la preparación, el actor tenía claro que lo suyo era cumplir una fantasía adolescente. Por ello, tenía muy claro lo que le exigió a su preparador. “Incorporar todas las características y peculiaridades de mis guitarristas favoritos; por lo que hago el molino de viento de Pete Townshend, el truco de tocar detrás de la espalda de Jimi Hendrix, y el paso del pato de Chuck Berry”.

Para Michael J. Fox, la escena pasó a ser una marca en su vida. Como si fuera un ritual para los amantes de la cultura pop, la ha recreado en varias ocasiones y hasta se ha subido a tocar “Johnny B. Goode” con bandas como Coldplay. Algo así como volver a captar en vivo ese encanto juvenil que consiguió en un momento en que simulaba, precisamente, una actuación en vivo. Es parte del carácter masivo del cine. Una muestra de su reproductibilidad técnica, sostenido en la técnica de producción, como lo planteó Walter Benjamin.

Mandatory Credit: Photo by Amblin Entertainment/Universal Pictures/Kobal/Shutterstock (5886092an)

Un estilo difícil

Lo de Fox tocando el solo de “Johnny B. Goode” bien vale ser calificado de hazaña. Sin embargo, en rigor, lo que suena en la película es un doblaje grabado por el guitarrista Tim May. La voz también fue registrada por otro; el cantante Mark Campbell.

No es para menos. “Es un solo difícil”, comenta el músico y profesor de guitarra Cristián Verdugo. “Si alguien quisiera aprenderlo, tendría que ser con alguien que se lo sepa muy bien, estudiarlo durante horas y darle mucho, mucho rato”.

Verdugo, guitarrista de las bandas Madvanna, Triciclo Parlante y Kudai, ratifica que lo hecho por Fox fue más bien un doblaje. “En la escena parece que lo tocara más o menos bien, pero en verdad solo son unos cameos como si estuviera tocando las notas correctas, pero no está ni cerca”.

Michael J. Fox en Volver al Futuro

Dominar el estilo de Chuck Berry no es sencillo. En el documental Under the Influence (disponible en Netflix), Keith Richards, uno de los más reconocidos seguidores del músico, lo admite. “No muchos quieren tocar como Chuck porque no es nada fácil”. Sus stacattos duros en la tesitura alta de la guitarra y sus fraseos a dos tonos, son una marca registrada que suelen ser un desafío para cualquier aspirante a guitarrista.

“Sus solos son difíciles, hay algunos bien cabezones -complementa Verdugo-. Son muy teóricos, con harta armonía aplicada a los acordes. No es tan improvisado como suena. Creó los solos a partir de ciertas armonías y eso requiere un tiempo de sentarse con lápiz y papel para cranear las melodías”.

John Lennon alguna vez propuso el nombre de Chuck Berry para rebautizar el rock and roll si fuera necesario. Una afirmación que venía desde su profunda admiración por el músico. Ese espíritu adolescente, es el que desplegó McFly durante esa noche de ficción.

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