Sara Nieto: “A mi edad perder un año es mucho, yo ahora cada año lo tengo que aprovechar al máximo”

Sara Nieto en su academia, antes de la pandemia. FOTO: JOSE LUIS MUÑOZ / LA TERCERA

Tras el inicio de la pandemia la bailarina uruguaya tuvo que congelar las clases en su academia de ballet y suspender los proyectos que tenía con su compañía del Teatro Nescafé de las Artes. Acá habla sobre las dificultades de enseñar danza de forma online y la falta de inspiración en medio del confinamiento.



Cuando llegó el virus a Chile se negó a virtualizar su academia y desde el 14 de marzo congeló todo. La bailarina y maestra de ballet Sara Nieto (72) alcanzó a tener solo dos semanas de clases con sus nuevas estudiantes antes de verse obligada a cerrar. “Me comuniqué con la gente de la escuela para decirles que más adelantes íbamos a ver qué hacer y que les iba a mandar unas clases. Además, les dije que el que quisiera la devolución, le devolvíamos su dinero, aunque la verdad es que nadie la pidió”, cuenta sobre su primera reacción ante la expansión del virus.

Reacia a ofrecer clases online a través de plataformas como Zoom, Sara Nieto comenzó a grabar algunos videos y enviarlos una vez a la semana a los cursos más avanzados, ya que “con las niñas chicas necesitas estar presentes para corregirles”, explica. “Ahora empecé con algunas clases online y es un desastre, no se puede enseñar mucho, pero por lo menos también nos mantenemos en contacto. El futuro es desesperante, yo no quiero ni pensar. A mi edad, perder un año, es mucho, si yo ahora cada año lo tengo aprovechar al máximo porque no me va a quedar mucho más de vida”, añade.

Junto la suspensión de las clases en su academia, Sara Nieto también tuvo que dejar en pausa los proyectos agendados para este año con la compañía Ballet Teatro Nescafé de las Artes, la que dirige desde 2012. “Era súper importante este año”, cuenta. En mayo iban a estrenar un nuevo espectáculo de la coreógrafa argentina Ana María Stekelman y en julio presentarían Cenicienta, ambas presentaciones incluían giras al sur de Chile. En tanto, en diciembre como ya es tradición volverían con una nueva temporada de Cascanueces. “Son tres temporadas que ojalá podamos hacer el año que viene”, dice la bailarina.

¿Cómo le ha afectado la pandemia en el aspecto personal?

Paso por muchísimos estados de ánimo a cada rato. Soy una persona un poco depresiva, por supuesto que a todo el mundo le viene el bajón, pero siempre salgo a flote. Siempre me autoconvenzo y encuentro algo para hacer que me levante el ánimo. Estoy con mi marido acá cuidándonos porque somos los dos viejos, así que me he buscado tareas, no solo las cosas artísticas, sino que también las cosas de la casa. Estamos encerrados totalmente, todos lo pedimos online al supermercado. De repente pienso en qué se va a hacer, es lo que nos tocó vivir. He hecho de todo, he cosido, he tejido, mientras escuchas música también tienes que hacer algo, hago bicicleta, he leído, después llega un momento en que todo te aburre. Ya he pasado por todo varias veces, pero hay que ver la realidad y esperar.

Usted es una persona muy activa además.

A mí me encanta estar estresada. Con todo este tiempo dije que iba a escuchar más música, preparar una nueva obra y sabes que no encuentro inspiración. Es horrible porque a mí me gusta trabajar con la gente y además estar bajo presión, tener fechas definidas y todo lo demás. Como uno sabe que tiene tanto tiempo por delante y que quizás cuándo vamos a poder estar juntos otra vez, eso también te tira para atrás inconscientemente.

¿Qué visión tiene de cómo ha afectado la pandemia al sector artístico?

El gremio de los artistas es el peor, porque tú te dedicas a un público y qué público vas a tener si la gente no puede salir de su casa. Aunque los bailarines pudiéramos hacer un espectáculos de 10 personas, no tendríamos público. Yo creo qe el gremio de los artistas es el más perjudicado, porque no nos podemos juntar, no podemos trabajar, no podemos crear, no podemos presentarnos. Igual como la compañía nuestra no es estable, igual los bailarines siempre tienen algún otro trabajo, eso en este momento fue lo que los salvó porque pudieron tener continuidad con algo.

¿Cree que la pandemia va a obligar a replantearse la manera de hacer danza en el futuro?

Mira, los bailarines de pronto cuidándonos podríamos trabajar, sabiendo que no están infectados y todo, se podría hacer entrenamientos, lo que sea. Pero no te sirve de nada porque lo que se necesita es el público. Yo creo que hasta que la gente no esté segura, que no haya una vacuna, no se va a poder retomar. Después imagino que la gente volverá con tantas ganas que va a apreciar el trabajo, por lo menos en nuestra área que uno lo hace con amor y vocación.

¿Cómo recibió la noticia de la muerte de Germán Droghetti con quien trabajó en varias ocasiones?

Fue terrible, porque además de gran artista era una persona maravillosa, sencillo, honesto. Éramos muy amigos, trabajamos juntos durante 10 años y nos conocíamos de hace más de 20 años. Siempre le decía que el éxito que yo tenía en las presentaciones era por sus diseños. Así que me dolió muchísimo.

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