1.500 actas decisivas y se repite el escenario de 2016 y 2021: la compleja definición presidencial entre Fujimori y Sánchez
El estrecho margen de los resultados impide que se pueda proclamar a un ganador hasta que todos los votos se encuentren contabilizados. Las actas que fueron objetadas representan a unos 300 mil sufragios, que pueden inclinar la balanza a uno u otro lado.

“Así es Perú, tenemos que esperar, ya estamos acostumbrados”, dice una vendedora de una tienda en el barrio de Barranco, en Lima. Un día después de que se realizara la segunda vuelta presidencial, la octava que se realiza en el país, esta vez entre la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, los peruanos ya saben que pasarán varios días antes de conocer de forma certera quién ganó la contienda.
El estrecho margen de los resultados impide que se pueda proclamar a un ganador hasta que todos los votos se encuentren contabilizados. Con el 94,739% de las actas contabilizadas, Sánchez (50,085%) se imponía por sobre Fujimori (49,915%) por 30.156 votos. Sin embargo, aún quedaban más de tres mil actas por contar y un poco más de 1.500 actas habían sido enviadas al Jurado Electoral Especial (JEE) para su revisión.
El director y editor de Radar Latam 360 y exdirector regional para América Latina y el Caribe del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), el politólogo Daniel Zovatto, explicó a La Tercera que esas actas que fueron enviadas al JEE jugarán un rol importante porque en total equivalen a unos 300 mil votos. Esto, considerando que cada acta contiene unos 300 votos.

Así, teniendo en cuenta lo ajustado del resultado, se trata de 300 mil votos que se distribuirán hacia uno u otro lado y pueden hacer la diferencia. Cada acta que se envía al JEE puede tener distintas objeciones: desde que la suma no coincide, hasta que la letra no esté legible. En ese minuto, este jurado puede resolver de forma rápida el problema o puede hacer un reconteo de la mesa. Y en última instancia, si aún no hay conformidad, lo dirime un tribunal electoral.
Otro problema son los votos de los peruanos en el extranjero, cuyas actas son trasladadas a Perú de manera física mediante los cónsules respectivos de cada país. Tradicionalmente estos votos se inclinan hacia Keiko Fujimori. Con todo esto, los peruanos deberán esperar días antes de tener un ganador seguro.
En la noche del domingo se produjo una sensación de alivio entre los seguidores de Sánchez, luego que el conteo rápido realizado por Ipsos le daba un 50,3% y un 49,7% para Fujimori. En la misma línea, la encuestadora Datum entregó después sus resultados que le daban al exministro de Pedro Castillo un 50,14% de votos contra un 49,86% para la hija del expresidente, Alberto Fujimori.
En un artículo escrito por el director general del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), Jorge Morel, para la publicación Americas Quaterly, se señaló que los recuentos preliminares de Ipsos han identificado correctamente al ganador de todas las segundas vueltas desde 2001, aunque su director afirmó que, con un margen tan ajustado, sería necesario un recuento completo para determinar al ganador.
Tras informar de algunas irregularidades menores, los observadores electorales del gobierno anunciaron que, una vez cerradas las urnas, no habían encontrado pruebas de fraude. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) indicó que el recuento completo estaría finalizado a mediados de julio, tras las impugnaciones posibles.

“Una vez más, como en las dos elecciones presidenciales anteriores, los peruanos se enfrentarán a demandas de recuento de votos, acusaciones de irregularidades (y fraude) y, sobre todo, a la ausencia de un pacto político que defienda el principio democrático básico de la mayoría: gana el candidato con un voto más que el otro. Esto, sin duda, alimentará un nuevo ciclo político marcado por la desconfianza, el obstruccionismo parlamentario e, incluso peor, intentos de destituir al presidente”, escribió Morel.
Historia repetida
El balotaje es un mecanismo que se comenzó a usar en Perú en 1990 cuando Alberto Fujimori le ganó a Mario Vargas Llosa por más de 1,8 millones de votos o casi 25 puntos porcentuales. Sin embargo, como dio cuenta un estudio de El Comercio, las diferencias con el correr de los años se han ido estrechando, pero ha ido aumentando la polarización.
El diario limeño recordó que la brecha de votos más pequeña entre postulantes a la presidencia se registró en el 2016, cuando Pedro Pablo Kuczynski superó a Keiko Fujimori por solo 41.057 adhesiones (0,2 puntos porcentuales).
En 2021, la ventaja de Pedro Castillo –sentenciado a 11 años de cárcel por haber dado un golpe de Estado en el 2022– sobre Keiko Fujimori fue de 44.263, apenas 0,3 puntos porcentuales.
La historia de los balotajes en Perú ha mostrado -indicó El Comercio- que desde el 2011, el blanco y viciado no ha superado el 6,5% del total de votos emitidos.
El fujimorismo, representado inicialmente por Alberto Fujimori y desde hace 15 años por su hija Keiko, ha disputado seis de las ocho segundas vueltas, el 75% del total.

Su fundador, fallecido a los 86 años en el 2024, ganó los dos balotajes en los que participó. Sin embargo, su victoria sobre Alejandro Toledo en el 2000 estuvo manchada por evidentes irregularidades.
En tanto, su hija ha perdido tres segundas vueltas y ahora compite en la cuarta. “El fujimorismo, el movimiento populista de derecha peruano, está experimentando su mejor resultado electoral desde 2016. Ante la posibilidad de ser superado por fuerzas emergentes de la derecha, como ha sucedido con otros partidos conservadores en la región, desde el movimiento de Bolsonaro en Brasil hasta el ascenso político de Abelardo De La Espriella en Colombia, el fujimorismo ha logrado mantenerse como la principal fuerza política del país en 2026, tanto en las elecciones presidenciales como en términos de representación en ambas cámaras del Congreso”, escribió Morel.
El politólogo Paulo Vilca, investigador del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), dijo a El Comercio, que más allá de cuánto han variado las distancias entre oponentes electorales en los balotajes, “es claro que hay una gran resistencia de la sociedad al fujimorismo”.
Esa oposición, añade el especialista, trasciende incluso al legado de Alberto Fujimori. “El antifujimorismo es transversal: no solo está asociado a la izquierda, tampoco corresponde a un solo sector socioeconómico. Pero tampoco es solo territorial: no solo el sur es antifujimorista. La resistencia a Keiko Fujimori cruza ideologías, sectores sociales y territorios (regionales)”, añadió.

El sociólogo Danilo Gago, docente de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), comentó al periódico que aunque los partidos políticos cambian, las preferencias electorales se mantienen en la escala regional.
“Hay patrones consistentes. Keiko Fujimori tiene el voto de la costa norte y el oriente. Además, tiene un voto importante en Lima (en los balotajes)”, indicó.
Por ejemplo, en la segunda vuelta del 2021, se impuso en Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Lima, Callao, Ica, Loreto, Ucayali y la circunscripción conformada por los peruanos en el extranjero.
Respecto del actual proceso electoral, la analista política Mabel Huertas indicó a El Comercio: “No estamos votando por alguien, sino en contra de alguien. (…) También hay un factor emocional que nos hace decidir al último minuto. Hay un factor de antifujimorismo, pero también hay otros antis que juegan un factor importante”.
En su editorial de este lunes, El Comercio pidió “madurez en la espera”. “El país ha demostrado, una vez más, estar dividido por la mitad de una manera sorprendentemente precisa. En ese sentido, ningún lado debería sentirse suficientemente empoderado para pasar por encima del resto. Concluida la campaña electoral, lo que toca es acercarse a quienes en algún momento fueron rivales para volver a construir confianza en un sistema político carcomido por los intereses, los egos y la miopía”, escribió.
“Los puentes, sin embargo, deben ir mucho más allá de los espacios de la derecha. El país no puede soportar otros cinco años de volatilidad política extrema”, advirtió.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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