“Los recursos ya se acabaron”: La Batuta busca salvarse de la quiebra con delivery y un show benéfico

Ana Tijoux ofreció su ayuda para colaborar en un show a beneficio del recinto.

Tras un año cerrado, el emblemático recinto de Ñuñoa, un clásico de la vida nocturna y la música en vivo de Santiago, batalla contra las deudas y la amenaza de un cierre definitivo que pondría fin a tres décadas de historia. Un show solidario organizado por Ana Tijoux y la apuesta por el delivery son las últimas cartas que se juega el dueño de la sala. "Estaremos varios músicos apoyando para que La Batuta siga, porque fue un local que me abrió las puertas", comenta la artista a Culto.



“Estamos en las últimas... fin del comunicado”.

Hugo Liebner, dueño de La Batuta, dice que no acostumbra a reclamar ni patalear por las redes sociales, pero que tras un año completo cerrado el emblemático local de Ñuñoa, epicentro del circuito musical santiaguino hace tres décadas, efectivamente se encuentra al borde del cierre definitivo. Así lo hizo ver en una escueta pero contundente publicación en Twitter.

“Yo ya no tengo más recursos para inyectar, ya me gasté todos mis ahorros, vendí auto, me gasté los créditos Fogape, los créditos personales, las tarjetas. Y ya no hay más”, enumera Liebner, dueño de la marca y de la empresa que administra el recinto de calle Jorge Washington, aunque no del inmueble, por lo que en medio de una crisis sanitaria que -como a todos los recintos del rubro- les ha impedido funcionar desde marzo de 2020, ha debido seguir pagando el arriendo mensual del establecimiento, además de las cuentas de servicios, impuestos, imposiciones, patentes y los sueldos de las cerca de 25 personas que trabajan en el local.

“Me llegó, por ejemplo, la cuenta de la luz en diciembre, después que no pudieron tener el estado de la lectura y salió $2 millones y medio. Y averiguando, claro, ellos me cobran igual el proporcional del mismo mes del año anterior, me cobran igual como si yo estuviera abierto (el recinto). Y la ley los ampara. Ya debo dos millones y medio de luz y tuve que repactar, porque no hay ninguna solución y está todo bajo el marco de la ley, no hay nada que hacer”, se lamenta el propietario, parte junto a su equipo de trabajo de los miles de damnificados que ha dejado la pandemia y su efecto devastador en el gremio de los espectáculos y la música en vivo del país, paralizado hace un año y con acotadas posibilidades de reinvención.

El local de Jorge Washington en sus días de apogeo, antes de la pandemia.

La situación que atraviesa el local ñuñoíno ha impactado a parte de la comunidad artística y musical, que al menos a través de las redes sociales ha dejado ver su preocupación por un lugar que desde su creación, en 1989, se ha consolidado como un clásico de la vida nocturna y de la música en vivo capitalina albergando todo tipo de espectáculos; desde visitas de grupos internacionales y presencia constante de artistas chilenos a una variada oferta programática que incluye fiestas, shows de bandas tributo y otro tipo de manifestaciones artísticas. Eso, al menos, hasta marzo de 2020, cuando debió cerrar sus puertas sin fecha de reapertura a la vista.

En vista de esto, Liebner recibió esta semana un llamado telefónico de Ana Tijoux, quien alertada por los problemas que atraviesa el establecimiento y como una forma de devolver la mano a una sala que siempre dio espacio a la música chilena, ofreció su colaboración para montar un evento benéfico que pueda ir en ayuda del recinto y mitigar, al menos temporalmente, el forado financiero que hoy luce.

“Los amigos y los colegas del local La Batuta están viviendo un momento muy complicado en términos económicos con el tema pandemia, están al borde de la quiebra, entonces se está inventando un concierto para que apoyemos a los colegas”, comenta Tijoux a La Tercera PM.

La fachada del recinto de Jorge Washington, cerrada con candado desde marzo del año pasado. Foto: Daniel Araya.

“Ahí estaremos varios músicos apoyando en un concierto virtual para que La Batuta siga, porque siempre para mí ellos fueron un local que me abrió las puertas. Tengo un hermoso recuerdo de todos los colegas de ese local. Y ojalá la gente pueda apoyar en este concierto que se viene lueguito y que seguramente va a aparecer en las redes”, agrega la artista.

“Podría ser con evento online o incluso con aportes directos a la cuenta”, complementa Liebner. “La idea es empezar a sumar gente y ver cómo podríamos hacerlo, porque no se pueden hacer shows dentro (de la sala) porque estamos en cuarentena. Estamos en conversaciones con Ana, vamos a empezar a tirar algunas ideas (...) sería ideal que se sumaran otros artistas connotados”.

La apuesta por el delivery

A la espera de este eventual salvavidas que puede representar el mencionado espectáculo benéfico, La Batuta apuesta por sortear temporalmente la segunda ola con un nuevo servicio de comida y bebida a domicilio que comenzará formalmente por estos días. Si bien en medio de una breve reapertura a fines del año pasado el local ya había empezado a probar este giro, utilizando la cocina del inmueble y solicitando la patente que corresponde, la Seremi de Salud les impidió continuar con el servicio, cuenta su dueño.

Ya con la situación regulada y apremiados por las circunstancias, en los próximos días el local comenzará a despachar comida en dos formatos: “Un delivery normal, con empresas externas que reparten, pero también un delivery solidario, algún tipo de colación que sea a costo, sin ganar ni un peso, para darme a conocer por un lado pero además porque en Ñuñoa hay una pobreza bien encubierta. Te metes a fondo y hay mucha gente que no tiene para comer. Siempre hay gente que lo está pasando peor que uno”, resume Liebner.

A fines del año pasado el local reabrió temporalmente con giro de restaurante, aunque el plan no prosperó.

¿Cuáles son las expectativas reales en torno a esta reinvención forzada hacia el reparto de alimentos? “El problema que tenemos es que si tú tienes ganas de comer una pizza, llamas a una pizzería, no llamas a La Batuta. No se asocia a comida. Ese es un estigma que por un lado es positivo, porque se nos asocia con música y cultura, pero por lo que estoy viviendo hoy no me sirve de nada. Aunque lo voy a intentar igual. Yo sé que no me va a pagar las deudas pero soy feliz si me alcanza para pagar las cuentas, los impuestos y las imposiciones”, sintetiza el administrador.

La apuesta por el delivery, junto a lo que pueda resultar de este evento benéfico que organizan junto a Ana Tijoux, son las últimas cartas que se juega el dueño de La Batuta para evitar su extinción. “Si no tengo inyección de recursos, estos se acaban en un plazo máximo de tres meses. No tengo más. Y en realidad mis recursos ya se acabaron, lo que tengo son préstamos de familiares, ventas de autos, hasta herramientas he vendido y he hecho otras pegas y se las he inyectado (al local). Pero al final uno llega a un punto en que dice esto no me da más, no tengo dónde más echar mano”, cuenta Liebner.

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