“No soy una estrella del pop”: el último intento de Sinéad O’Connor por reivindicar su historia

En Rememberings, libro que saldrá a la venta la próxima semana, la cantante irlandesa reescribe su pasado y se refiere a los diversos tipos de abuso que sufrió en su vida, tanto en su infancia como durante su ascenso al estrellato, con dardos directos hacia Prince, ejecutivos discográficos y la prensa. "Los medios me hacían pasar por loca porque no actuaba como se suponía que debía actuar una estrella del pop”, dijo en una reciente entrevista a The New York Times.



Sinéad O’Connor fue una artista y una mujer pionera en la música. Escuchar hoy, por ejemplo, The lion and the cobra, su primer disco de 1987, vuelve inevitable revalorizar el poder y la originalidad de esas canciones, así como sus profundos vínculos con buena parte del pop hecho por mujeres que hoy domina el planeta (Melodrama de la neozelandesa Lorde, por ejemplo, el disco de pop que definió a los centennial, le debe bastante a ese disco publicado hace más de 30 años).

Lo mismo su tristemente célebre aparición en el programa Saturday night live, en octubre de 1992, cuando rompió en cámara una foto del Papa Juan Pablo II en protesta por los abusos sexuales a niños en la Iglesia, ganándose el odio y las burlas de la industria y de figuras como Madonna y Frank Sinatra. O ese look con la cabeza al rape que mantiene hasta hoy, toda una rareza para los códigos estéticos de la música juvenil de los años 80 pero tan en sintonía con los tiempos que corren, en los que muchas estrellas luchan contra la cosificación y por la libertad en las decisiones relativas a su cuerpo.

En paralelo, cuando aún no era una tendencia o algo aceptado socialmente por la mayoría, la cantante irlandesa rechazó sus premios Grammy de 1991 y cuestionó a la Academia, contó que era lesbiana en el 2000 -aunque luego se retractó y dijo era más bien bisexual- y siete años después le confesó a Oprah Winfrey en su programa que lidiaba con un trastorno bipolar y que había intentado quitarse la vida. Esto, por cierto, mucho antes que popstars como Demi Lovato, Selena Gomez o Billie Eilish comenzaran a hablar públicamente de su identidad de género, sus problemas de salud o sus desórdenes mentales.

El problema es que la intérprete de The emperor’s new clothes, más que haber sido calificada de visionaria o rupturista, fue históricamente una artista incomprendida, cuestionada por el establishment, apuntada con el dedo en su momento de apogeo, tildada de loca y víctima de violencia de diverso tipo tanto en su infancia como en su ascenso al estrellato (otro logro ante el cual decidió rebelarse). Desde hace al menos tres décadas, muchos de los titulares en torno a la solista se han centrado en controversias, en sus declaraciones más incendiarias -que las hay y las sigue entregando- y en sus desequilibrios, más que en su trabajo o su valentía y honestidad para abordar estos temas.

Una deuda que el tiempo se ha encargado de remediar y que la propia O’Connor ha decidido saldar definitivamente a sus 54 años, con un libro de memorias que saldrá al mercado la próxima semana -en el Hemisferio Norte, en Chile aún sin fecha de llegada-, en el que su autora busca reescribir la historia y contarla en sus palabras, en un momento en que, uno pensaría, sus acciones y declaraciones sí serán finalmente aceptadas y comprendidas.

“Los medios me hacían pasar por loca porque no actuaba como se suponía que debía actuar una estrella del pop”, dijo en una entrevista publicada esta semana por The New York Times, para referirse a su autobiografía, titulada Rememberings (Recuerdos) y editada por Penguin Books en Estados Unidos.

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“Me parece que ser una estrella del pop es casi como estar en una especie de prisión. Tienes que ser una buena chica”, declaró al diario norteamericano, en una reveladora conversación donde le da contexto a sus acciones y decisiones pasadas, al tiempo que se recuerda a sí misma como una estrella que no quiso ceder en sus convicciones pese al costo que esto trajo a su trayectoria. “No porque fuera famosa ni nada, sino porque era un ser humano, tenía derecho a levantar mi mano y decir lo que sentía”, señaló.

En el libro, según cita el periódico, la cantante asegura que “haber tenido un número uno descarriló mi carrera”, y al referirse al episodio en Saturday night live, comenta que “romper la foto me regresó al camino correcto”. Sobre el mismo capítulo, la cantante escribe en las páginas: “Podía ser yo. Hacer lo que amo. Ser imperfecta. Incluso enojarme (...) No soy una estrella del pop. Solo soy un alma atribulada que necesita gritarles a los micrófonos de vez en cuando”.

En ese sentido, las memorias que lanzará O’Connor no sólo prometen levantar polvareda y revalorizar con otros ojos y ante nuevas generaciones su propio pasado público, sino que también ajustarán cuentas con terceros que ejercieron violencia contra ella en diversos periodos de su vida. Algunos a nivel anónimo y otros mucho más célebres.

Es el caso de Prince, el legendario artista fallecido hace cinco años y autor de la más famosa canción que cantó alguna vez O’Connor: Nothing compares 2U. De acuerdo a la artista, el músico la aterrorizaba, y aunque por años se había negado a contar detalles del encuentro entre ambos, los primeros adelantos de Rememberings dejan al solista de Minneapolis como un tipo violento y peligroso.

“Prince es el tipo de artista que es aclamado como loco en el buen sentido, como cuando dices ‘tienes que estar loco para ser músico’ (...) Pero hay una diferencia entre estar loco y ser un abusador violento de mujeres”, dijo la cantante a The New York Times, donde relata que luego del éxito de la versión de ella de Nothing compares 2U, en 1989, Prince la invitó a su mansión en Hollywood, donde la criticó por jurar durante sus entrevistas, la obligó a tomar sopa pese a que ella lo rechazó e inició una pelea de almohadas para golpearla con un elemento contundente que introdujo dentro de la funda. La velada terminó con la joven O’Connor huyendo despavorida por la calle y el cantante persiguiéndola por la carretera en su auto.

No es el único hombre al que la irlandesa apunta: en sus memorias, según los adelantos que se han publicado en la prensa anglo, hay también palabras para otros abusadores a los que enfrentó en su carrera. Entre ellos, un ejecutivo discográfico con el que se reunió mientras trabajaba en su primer disco, instándola a vestirse de manera más femenina y a que dejara crecer su cabello, para tiempo después tratar de obligarla a abortar cuando se enteró que estaba embarazada de su primer hijo en medio de la grabación.

Foto: AFP

La violencia, en todo caso, estuvo presente en su vida desde mucho antes. En un adelanto de la autobiografía de la cantante, publicado recientemente por el diario The Irish Times,. O’Connor ahonda en su turbulenta infancia y en los días en que su madre perdió su tuición y la de sus hermanos. “El día que mi padre la dejó, nos puso en una cabaña que él nos había construido en el jardín. Una vez que se fue, comenzamos a llorar. Dijo que si lo queríamos tanto, podríamos irnos a vivir a la cabaña. Me arrodillé en el suelo y lloré hasta la ventana del rellano para que ella nos dejara entrar a la casa cuando oscureciera. Ella nunca respondió y se apagó la luz de su dormitorio y todo se volvió negro. Fue entonces cuando oficialmente perdí la cabeza y también tuve un miedo del tamaño del cielo”, detalla en las memorias.

Pese a todos estos eventos traumáticos que profundiza en el libro, Sinéad O’Connor se declara hoy como una persona en paz consigo misma, ahora que conoce cómo funciona su mente. Según el reportaje de The New York Times, lidia con un trastorno de estrés postraumático complejo y un trastorno límite de la personalidad, además de agorafobia, lo que genera que prefiera estar sola y no recibir demasiadas visitas en su casa en un pequeño pueblo de Irlanda. Convertida al Islam hace varios años, la cantante hoy se llama Shuhada Sadaqat y sigue con su cabeza rapada, aunque cubierta a veces por un hiyab.

Además del libro de memorias, la artista promete volver a la música este año y a fines de 2021 pretende lanzar su nuevo disco, sucesor de I’m not bossy, I’m the boss, de 2014. Un nuevo álbum de siete canciones que, según ha adelantado, gira en torno a la sanación y se titulará No veteran dies alone. Algo así como “ninguna veterana muere sola”.

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