Culto

Las cinco claves que definen el nuevo libro de Isabel Allende y las memorias que vienen

En su nueva obra, La palabra mágica, la autora chilena se aleja de la ficción para dictar un taller literario personal donde revela sus trucos, sus inseguridades y el proceso tras sus mayores éxitos. De la primera frase al diseño de personajes: Isabel Allende desnuda su proceso creativo en un libro que busca acercar la escritura a todos, sin pretensiones ni academicismos.

Un taller literario en formato libro

Como Mientras escribo, de Stephen King, en La palabra mágica, su nueva obra, Isabel Allende habla sobre cómo escribir una novela o un libro de cuentos desde su propia experiencia. Aborda aspectos como el origen de una historia, la importancia de la primera frase, la importancia del narrador, de la estructura, cómo armar a los personajes. Todo de una manera amena y muy simple de entender, sin que parezca algo muy formal. “Eso era justo lo que quería decirle a la gente, si esto no tiene ningún misterio, esto es vida y además vamos a hacerlo con placer, sin miedo. Cuando leí otros libros sobre esto de algunos escritores -que no los leí completos, los pasé rapidito- yo misma después de todos estos años de escritura no entendía lo que estaban hablando. Había una manera tan académica de destrozar un párrafo completamente“, dijo en entrevista con Culto.

La casa de los espíritus como ejemplo

En el libro, Allende aborda una dimensión más personal, al ejemplificar con su propia experiencia, entre otros, detalla cómo trabajó en su novela debut, La casa de los espíritus. Desde ella avanza en quizás la idea central del volumen: hacer a la literatura algo cercano y accesible. Sin pretensiones. “El 8 de enero de 1981 comencé a escribirle a mi abuelo, que se estaba muriendo en Chile. Mi idea inicial era decir­ le que recordaba todas las historias que me había contado, y que no caerían en el olvido después de su muerte. La car­ ta fue creciendo y me di cuenta de que no era una carta, era otra cosa. En los meses siguientes se convertiría en mi pri­ mer libro, La casa de los espíritus".

“Si me hubiera impuesto la tarea de escribir una novela, tal vez nunca habría pasado de las primeras frases, pero como era una carta como tantas otras que les había enviado a mi madre y a otras personas, escribí sin expectativas. Mi abuelo no alcanzaría a recibirla, pero eso, lejos de disuadir­ me, me dio alas. Podía expresar lo que quisiera sin temor a ofenderlo. Nunca más he vuelto a tener esa sensación de absoluta libertad".

© Lori Barra

Sinceridad brutal

Pero no solo baja del pedestal a la literatura, también a su propia leyenda. Así, desnuda de manera sincera sus falencias, aquellas cosas en las que cojea. Por ejemplo, los nombres de sus libros: “Soy pésima para escoger títulos; por lo general a mis editores, a mi agente o a mi hermano se les ocurre algo, pero si eso también falla, hago una breve lista de títulos posibles y lanzo una moneda al aire. Así surgió el nombre de La casa de los espíritus, que al principio sonaba como una novela de terror, pero al repetirlo varias veces se nos acostumbró el oído".

También es muy honesta respecto de decisiones que tomaría o no. A modo de ejemplo, usa la célebre novela Cadáver exquisito, de la argentina Agustina Bazterrica, que en clave distópica narra la legalización del canibalismo en un futuro donde los animales han muerto. “El final es tan inesperado que no he podido sacarme la novela de la cabeza. ¿Cómo la habría terminado yo? Le habría dado un toque de redención o sensiblería... ¡Y la habría arruinado por completo!“.

El cierre de un antiguo round

Fue en mayo de 2002, casi un año antes de su muerte, cuando Roberto Bolaño Ávalos dio una entrevista, en la que entre otros temas, fue consultado por los candidatos para el Premio Nacional de Literatura, entre los cuales se encontraba Isabel Allende. Pero a Bolaño la obra de la mujer de La casa de los espíritus no le agradaba nada y así lo hizo saber, siempre con su estilo filoso: " Me parece una mala escritora simple y llanamente, y llamarla escritora es darle cancha. Ni siquiera creo que Isabel Allende sea escritora, es una escribidora".

Allende no se quedó callada y tiempo después respondió a Bolaño. “Eché una mirada a un par de (sus) libros y me aburrió espantosamente”. Luego, en 2003 cuando murió Bolaño agregó: “No me dolió mayormente porque él hablaba mal de todos. Es una persona que nunca dijo nada bueno de nadie. El hecho de que esté muerto no lo hace a mi juicio mejor persona. Era un señor bien desagradable”.

En La palabra mágica, volvió a referirse al mote que le colgó Bolaño, pero en esta ocasión con una mirada diferente, la que dan los 83 años y las ganas de cerrar los temas del pasado: “Un colega chileno, cuyo nombre no puedo recordar, opinaba despectivamente que no soy escritora, soy escribidora. A mucha honra, señor”.

(c) LORI BARRA

Las memorias

Pocas veces ocurre que un escritor adelanta lo que va a publicar, pero en este caso, Isabel Allende adelanta parte de lo que viene: unas memorias donde repasará su vida. De hecho, comenta que comenzó a trabajarla de forma paralela a su última novela, Mi nombre es Emilia del Valle. "Los franceses llaman 'embarras du choix’ al bochorno de elegir cuando hay muchas opciones. Eso me sucedió el 8 de enero de 2023. Temprano por la mañana, después de mi breve ritual de ese día especial, abrí mi computadora con la pantalla dividida por la mitad. A la izquierda empecé unas memorias y a la derecha una novela basada en notas que ha­bía tomado años antes sobre una guerra civil en Chile. Escribí en ambos lados sin pensar demasiado y a eso del mediodía ya era obvio que la historia de la derecha avanzaba y la otra esta­ba trancada; dediqué el año a la novela —Mi nombre es Emilia del Valle— y postergué mi libro de memorias".

“En las memorias he tenido que usar los nombres reales y para evitar problemas les he mostrado el manuscrito a los interesados. En muchos casos me han sugerido que podría haber más sobre ellos en esas páginas —nunca menos— y solamente una vez alguien quiso que lo sacara del libro. Como dice mi amiga Anne Lamott: ‘Si la gente quiere que uno escriba amablemente sobre ellos, deberían portarse mejor’. En principio no dejo que el temor me detenga; si tengo una buena historia, la cuento sin más y después veré qué hago con las consecuencias".

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