Por Gonzalo ValdiviaLos ejes del adiós de la serie Como Agua Para Chocolate: “Tita se tiene que reinventar”
La temporada final de la producción basada en el célebre libro llega a HBO y HBO Max este domingo 15. La actriz Azul Guaita y el director Julián de Tavira comparten los detalles de los últimos seis episodios de la dramática historia de Tita de la Garza. “Lo que hicimos fue revisitar la novela y adaptarla con los ojos de ahora”, definen.

“¿Por qué me hacen esto? ¿Por qué me odia tanto?”, le pregunta una desesperada Tita a Mamá Elena mientras es encerrada en un convento. Con el pequeño Robertito fallecido y Pedro gravemente herido (y vivo producto de un hecho que luce como un auténtico milagro), todo parece cuesta arriba para la joven nacida en la imaginación de la escritora Laura Esquivel.
Como bien sabe todo espectador medianamente familiarizado con la novela publicada en 1989 (o con la película de 1992), el desenlace del sexto episodio no puso fin a la serie Como agua para chocolate. Aún queda mucho por desmenuzar a inicios del siglo XX en México y el resto de la historia de Tita de la Garza está contenido en la segunda y última temporada, que este domingo 15 estrena –en HBO y HBO Max– el primero de sus seis capítulos.

“Sobre todo para Tita, ese momento es un antes y un después por todas estas tragedias a las que se enfrenta. A partir de este momento vivirá la vida de otra manera. Hay algo que se rompe en la relación con su madre, y se tiene que reinventar”, explica a Culto Julián de Tavira, director de la ficción.
El segundo ciclo comienza unos días después del desenlace del primero. Golpeada por el duelo y agobiada por el confinamiento, Tita encuentra consuelo en el Dr. Brown, un médico que le ofrece contención y amor, y un futuro que jamás imaginó. Mientras ese vínculo se afianza, Pedro –de pie pese a que terminó en el paredón de fusilamiento junto a sus compañeros– reaparece en su vida y la pasión juvenil que aún los une pone en jaque sus compromisos actuales y las tradiciones de su época.
“Lo que vive Tita es algo que creo que muchísimas personas, si no es que todas, vivimos a lo largo de nuestra vida, que es el amor tóxico-pasional y el amor sano-tranquilo. Es esta dualidad entre lo que tu cabeza quiere y lo que tu corazón quiere”, asegura Azul Guaita, quien encarna a la protagonista.
La actriz de 24 años cuenta que en un inicio intentó pensar sesudamente en sus diferencias, pero luego optó por abandonar esa idea. Desde su perspectiva, “simplemente se trata de vivir estos diferentes amores y aprender de ellos”.

La segunda temporada abraza con la misma convicción que la primera su aproximación al realismo mágico y las preparaciones culinarias, uno de los sellos con los que el libro de Laura Esquivel se transformó en un clásico. Eso abarca desde el nombre de cada capítulo –un adelanto: los dos primeros del segundo ciclo se titulan Alegrías de amaranto y Caldo de colita de res– hasta su incorporación en varios de los giros fundamentales de la trama.
“Una cosa es saber lo que es y otra cosa es realmente entenderlo y vivirlo (...) A mí me lo explicaban muchísimas veces y no podía entenderlo, hasta que lo viví y lo experimenté”, indica Guaita.
“Laura Esquivel lo describe como hipérbole, no como realismo mágico. Para nosotros era importante entender qué quería decir con eso, y que no fuera fantasía. Ese era nuestro límite. No podían ser elementos fantásticos que intervinieran en la historia, porque entonces se convertiría en una historia de magos”, apunta De Tavira, quien añade: “Fuera de encontrarlo y entenderlo, que –como dice Azul– no fue rápido ni fácil, (estaban) todas las oportunidades de hacer –o de intentar hacer– poesía con las imágenes”.

El contexto histórico también se manifiesta en esta recta final de la historia. Como agua para chocolate da continuidad al General Felipe Múzquiz, un personaje creado especialmente para la serie y que es presentado como el tío de Pedro, y los sacudones de la Revolución Mexicana siguen impactando los sucesos que afectan a la familia principal.
Curiosamente ese énfasis en el contexto fue uno de los argumentos que esgrimió Esquivel para criticar la nueva encarnación audiovisual (“No representa mi novela, no en esta traducción. Es una versión libre”, opinó en 2024, después de la emisión de la primera entrega).
“La tarea es encontrar la historia que queremos contar, poder expandirla para que pueda vivir durante 12 episodios, transformarla de una obra literaria a una obra dramática. Esas son labores constantes y que hacemos todo el tiempo. Me parece muy natural que el autor sea celoso de su obra, así como yo puedo serlo con la mía, y que no todo le parezca bien o no todo le parezca mal”, expresa el director. “Pero creo que lo que hicimos fue revisitar la novela y adaptarla con los ojos de ahora”, defiende.

Adiós a Tita
Debido a que pasó gran parte de su infancia en República Dominicana –y recién volvió a su país natal a los 17–, la realización de Como agua para chocolate le permitió a Azul Guaita estudiar un pasaje de la historia de México que desconocía. También le permitió aprender a cocinar platillos que jamás imaginó confeccionar o que simplemente nunca había probado (“Lo único que sabía hacer era lo básico, mi huevito con tocino y mi cereal, para sobrevivir”, afirma).
Aunque en estricto rigor no fue el final del rodaje de la serie, para la actriz el momento más emotivo de las filmaciones del segundo ciclo fue su última citación en la hacienda de Tlaxcala en la que ambientaron la casa de Tita y su familia.
“Decirle adiós en la hacienda fue algo muy extraño, fue algo muy sentimental. No me quería ir. Sentía cosas muy fuertes en esa hacienda, ya sea por lo que vivió Tita o por lo que viví yo. Me acuerdo que lloré muchísimo. Tomaba muchas fotos y decía: esta va a ser la última vez que la vea… Quizás. No sé si más adelante la vaya a visitar, pero ese fue el momento en que realmente siento que le dije adiós a Tita”, revela.

Julián de Tavira se pronuncia y cuenta que en su último día de rodaje –en Ciudad de México– la actriz tuvo la oportunidad de dirigir ella misma una escena. “Cada quien podía elegir su rol y yo elegí dirigir y me acuerdo que lo hice horrible. Tenía que darle la señal al actor para que se quitara los lentes, pero se me iba la onda y no lo dije”. Atento, el realizador la corrige y destaca que “lo hizo muy bien”.
Puede que la dirección no sea lo suyo, pero –después de dos temporadas de alto voltaje dramático– queda de manifiesto que la actuación sí lo es. Y que más allá de sus siguientes pasos ya quedó inmortalizada en la piel de uno de los personajes más icónicos de la literatura latinoamericana de las últimas décadas.
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