Por Andrés GómezPablo Ziegler: “Yo desarrollé el jazz tango tocando con Piazzolla; él fue mi maestro”
Colaborador histórico de Astor Piazzolla, el pianista que cruzó el bebop con el bandoneón se presenta el 31 de marzo en el teatro CA 660 de Fundación Corpartes. A los 82 años, ganador de dos Grammys, Ziegler repasa su trayectoria, su relación con el creador del nuevo tango y cómo mantiene vivo su legado.

Comenzó a tocar en el piano de la abuela. Cuando volvía del cine con sus padres, Pablo Ziegler se sentaba en el teclado y trataba de imitar las canciones que había escuchado. No lo hacía mal. Tenía tres años. A los cinco empezó a estudiar piano formalmente. Y más tarde, para las fiestas, era él quien ponía la música. “Yo tocaba tango, milongas y los demás bailaban”, recuerda. Ese era su contacto con los ritmos de Buenos Aires: un lazo familiar y afectivo. Pero Ziegler derivó en otra dirección: se convirtió en un músico de jazz, enamorado del bebop. De modo que cuando recibió el llamado de Astor Piazzolla para unirse a su banda, se sintió sorprendido.
—¿Por qué me llamas a mí? Yo no toco tango —le dijo.
—Por eso mismo te llamé —le respondió el bandoneonista, que abrió nuevos horizontes para el tango.
Aquel fue un momento de inflexión en la trayectoria de Pablo Ziegler. En 1978 se integró al quinteto de Piazzolla y, durante 10 años, recorrió el mundo con la banda. Participó en grabaciones emblemáticas, como El nuevo tango, Hora cero y La camorra. Estuvo en conciertos históricos, como su presentación en el Festival de Jazz de Montreal, donde compartieron cartel con Pat Metheny, Oscar Peterson y Jean-Luc Ponty. Y, sobre todo, encontró su propio estilo.

Ganador del Grammy al mejor álbum de Jazz Latino en 2018 por Jazz Tango, el músico y compositor argentino debutará en el teatro CA660 de Fundación CorpArtes el próximo 31 de marzo. Al mando de un cuarteto de cámara, con piano, violoncello, bandoneón y contrabajo, Pablo Ziegler presentará un repertorio integrado por música de Piazzolla y composiciones propias, de su premiado disco Jazz Tango y del álbum Solo.
—Yo fui con Piazzolla muchas veces a Santiago y a Valparaíso. Dimos muchos conciertos. Ahora me ilusiona volver —dice a través de Zoom.
En noviembre pasado, Pablo Ziegler se presentó en el Teatro del Lago, en Frutillar, para celebrar los 15 años de la sala. Fue su primera visita a ese escenario y quedó impresionado por la belleza del entorno.
—Me quedé maravillado. El teatro es espectacular, metido en el agua, con ese volcán hermoso. Y justo enfrente de una parte nuestra, porque del otro lado está Bariloche. Increíble. Fue una combinación muy linda. El concierto fue bárbaro y el público estaba muy agradecido.
Previo a su concierto en Santiago, Pablo Ziegler se presentará con su cuarteto en el Club Bebop de Palermo, en Buenos Aires. Por estos días se encuentra en Japón junto a su esposa, la pianista Masae Shiwa. Parte del repertorio de jazz tango lo ha interpretado también con ella a dos pianos, así como arreglos de Bach y Tchaikovsky, en Sao Paulo, Nueva York y Canadá.
Nacido en 1946, Pablo Ziegler estudió en el Conservatorio de Buenos Aires y, a los 14 años, a inicios de la década del 60, comenzó a tocar arreglos para música clásica. “Yo arranqué desde chico con lo clásico, me recibí de profesor de piano, estudié composición y después me empecé a dedicar al jazz”, recuerda.

Admirador de Miles Davis, Ziegler formó un trío de jazz, al mismo tiempo que comenzó a componer para cine, teatro y televisión. Eran fines de los años 70, una época difícil, recuerda:
—Era el Mundial de Fútbol, que ganamos. Estaba la Junta Militar. Yo hacía música para televisión, trabajaba con un director muy famoso, David Stivel, y de pronto los militares lo acusaron de izquierdista, lo echaron y él se fue para Colombia. Después me echaron a mí, y yo me fui a esconder a un barrio alemán, porque los milicos de esa época podían hacer cualquier cosa.
Entonces Ziegler se sumergió en el circuito más under del jazz de Buenos Aires. De pronto recibió una seductora oferta que podía sacarlo del país: el cantante Alberto Cortez lo contactó para ejercer de director musical en España. Y, en paralelo, un amigo lo llamó para decirle que Astor Piazzolla quería tenerlo en su banda. Al principio el pianista tenía dudas, pero finalmente fue a ver al compositor de Libertango.
—Él estaba casado y tenía niños chicos. Me acuerdo que viene con unas carpetas llenas de partituras, me las entrega y me dice: “En 20 días ensayamos”. ¡Ah! Y en 20 días tuve que estudiar todo eso. De ahí pasaron 10 años.
Durante esa década, Ziegler compartió y aprendió de Piazzolla y, a su vez, aportó el sello de la improvisación a la banda. El nuevo tango del bandoneonista encontró resistencia entre los críticos y el público más tradicional y, por contrapartida, logró enorme eco internacional.
—Partimos tocando en calle Florida, en el centro de Buenos Aires, y después recorrimos el mundo.
Entre el bebop y el nuevo tango, Ziegler encontró su propio camino. Tras su paso por la banda, el pianista ha desarrollado una exitosa trayectoria, que lo ha llevado a grandes escenarios internacionales, entre ellos el Carnegie Hall, el Lincoln Center y el Royal Albert Hall. Radicado en Estados Unidos hace 30 años, en 2005 recibió el Grammy Latino por su disco Bajo cero, que precedió al Grammy estadounidense en 2018.
“No hay duda de que Ziegler lleva el tango a niveles de sofisticación y refinamiento probablemente inimaginables para Piazzolla”, comentó Chicago Tribune. “Cuando Piazzolla dejó esta Tierra en 1992, la antorcha pasó a su pianista de toda la vida, quien la ha llevado con orgullo desde entonces”, escribió la revista especializada All About Jazz.
Paralelamente, lideró el proyecto Tango Meets Jazz, una residencia de una semana en Nueva York, primero en Jazz Standard y luego en Birdland Jazz, con artistas invitados como Branford Marsalis, Regina Carter, Paquito D’Rivera y Kenny Garrett.
Aun con todos los reconocimientos a su trayectoria, Pablo Ziegler no deja de subrayar su deuda con Piazzolla: “Él fue mi maestro”, dice.
¿Jazz tango o nuevo tango, cómo prefiere considerar su música?
Yo lo llamo jazz tango, porque es esta combinación entre el jazz que tocaba cuando era más joven y el tango. Y eso fue surgiendo en mis 10 años con Piazzolla. Si me preguntan “¿qué carrera seguiste?”, yo digo la carrera de Piazzolla. Estuve tocando en todo el mundo con Astor. Y el jazz tango lo desarrollé tocando con él. Piazzolla no improvisaba; yo era el único que improvisaba en la banda, junto al guitarrista Oscar López Ruiz, y lo empujaba a que improvisara, porque él era más de trabajar con la partitura. Por eso él me quería en el grupo y me daba libertad para tocar.

¿Piazzolla no hacía jazz él mismo?
Él tenía influencias de jazz. Astor era genial con lo que él tocaba y con lo que escribía. Pero el jazz tango yo lo empecé a desarrollar; él no podía hacerlo. Fueron 10 años fantásticos. Hasta que en un momento él andaba medio mal de salud y yo había hecho una compañía de música en Buenos Aires, que fue muy exitosa. Y me la pasaba entre la compañía y Astor. Y de pronto teníamos ocho giras a Estados Unidos, a distintas partes del mundo. Y le digo: “Mira, Astor, yo no puedo seguir viajando así”. Y él me dice: “No te calentés, porque yo también estoy un poco cansado”. Y él paró y después arrancó un poquito más con un pianista que había sido mi profesor. Tocaron muy poquito, porque Astor se vuelve a Francia y ahí lo agarra un ataque al corazón.
A la muerte de Piazzolla, Ziegler compuso Milonga del adiós: “Es una despedida personal, una forma de recordar musicalmente lo que vivimos juntos”.
¿Qué relación ve hoy entre el tango y el jazz?
Uno puede hacer jazz no solamente con el tango, también lo han hecho con el folclor argentino, que está en otra métrica. Creo que cualquier música urbana puede alojar al jazz, según quién lo toque y quién lo arregle. Hoy estoy viendo que hay un montón de programas con distintos arregladores y siempre está el jazz metido en alguna parte.
¿Qué significó para usted la obtención del Grammy?
Me acuerdo de que fue la única vez que fui a la fiesta de los Grammys, porque fui nominado otras veces. Yo estaba sentado en el teatro y cuando llega la categoría Latin Jazz y dicen “el ganador es Pablo Ziegler”, me paré emocionado. Mi hija me dice: “Papá, saliste bailando al escenario”. Fue importante. Por primera vez el jazz tango entró en los premios de Estados Unidos, donde estaban acostumbrados a otro tipo de jazz latino. Bueno, hicimos una gira por todo el mundo: Asia, Europa, Irlanda del Norte. Ahora le tengo mucha fe a un nuevo CD.
Blues porteño se llama el nuevo álbum, que grabó con la cantante Roberta Gambarini. Y tal vez, dice, le pueda dar una nueva nominación al Grammy, “porque realmente es único, no hay nada así”.
Una pasión
Pablo Ziegler tenía poco más de 30 años cuando comenzó a tocar con Astor Piazzolla, que era 10 años mayor. Como Miles Davis, el bandoneonista solía rodearse de músicos más jóvenes, para buscar nuevas sonoridades y expandir los límites del tango. Esa es una lección que aprendió Ziegler, que siempre se rodeó de gente joven y mantiene dos formaciones, una en Japón y otra en Argentina.
—Desde que vengo a Japón con Mae Shiwa empezamos a tocar en un lugar de jazz, chiquito. Y de pronto se empezó a agrandar; formamos una banda y empezamos a tocar en todo el país. Yo le hice el training a los músicos, los formé en el jazz tango. Y de Japón voy a Corea, a Nueva Zelanda, Australia, Singapur. Me la pasé tocando en todas las islas -cuenta.
¿Cómo logró esa audiencia en Japón?
El que abrió las puertas a todo eso fue Piazzolla. Él fue el que inventó el tango contemporáneo. Y con mi llegada al grupo él lo que quería era más evolución, y de algún modo se lo di. Él ya no está, pero sigo yo. Y así se va armando la bola.
Habitualmente, el pianista viaja cada año a Buenos Aires. Visita a su familia, se conecta con sus raíces y con la escena musical. Pero dice que en el último tiempo no se siente tan a gusto.
—Ahora está bastante complicado, está caro. Argentina tiene un presidente que no le hace bien al país. La cultura no le importa. Yo lo conocía de antes de que fuera presidente: siempre estaba en algún programa haciendo escándalos, diciendo que él era el mejor economista del mundo. Es un bocón. Hoy vivir en Buenos Aires, alquilar, comer, está muy difícil.
Tras su presentación en Chile, Pablo Ziegler volverá a Estados Unidos, donde tiene agenda de presentaciones. En el segundo semestre, saldrá nuevamente a Europa y Asia. Asociado al programa Global Entry, dice que no ha tenido problemas para entrar o salir del país.
A los 82 años, el pianista toca todos los días. Se ejercita para no perder la agilidad de los dedos y estudia permanentemente, dice.
A esta altura de su trayectoria, ¿qué lo motiva a seguir tocando?
Uno no se retira. Para mí, la música no es un trabajo; la música es una pasión. La música me mantiene vivo.
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