Tosca: artistas, revolución y un amor fatal

La versión de Tosca del Teatro Municipal será protagonizada por la estadounidense Melody Moore, el italiano Leonardo Caimi y el azerbaiyano Elchin Azizov. Foto: Rudy Muñoz

Desde este viernes se presenta en el Teatro Municipal la popular creación de Puccini donde una cantante y un pintor italianos pagan caro su adhesión a la causa liberal de la Francia napoleónica.


A simple vista parece una contradicción vital. ¿Napoleón, un adalid de la democracia? ¿Las tropas del autócrata general podían ser un camino a la república? En la Italia del 1800, gobernada por el Imperio austro-húngaro y el Papa, claro que sí. Cansada de siglos de dominio español y austríaco, la población peninsular vio en Napoleón a su liberador. En el año 1800, cuando transcurre la ópera Tosca de Giacomo Puccini (1858-1924), ponerse del lado de los franceses era un asunto de cuidado. Sobre todo, si el formidable militar aún no entraba en Roma y los que mandaban eran los últimos funcionarios del viejo orden.

Es lo que le pasa a Mario Cavaradossi, el pintor romano que abraza la causa y que por ayudar a su amigo cónsul Angelotti, va a parar a un calabozo. El fresco histórico en el que transcurre la más intensa de las óperas de Puccini determina el destino de sus protagonistas. Es un caso más en que la política decide sobre nosotros y así lo entiende el alemán Stefan Heinrichs (1964), régisseur de Tosca en el Municipal.

Heinrichs, que es el encargado de reponer esta producción original del director de escena germano Willy Decker (1950), cree que el contexto sociopolítico está también en el origen de su estatus de clásico. “El sólo hecho de que la acción refleje una situación de autoritarismo hace que Tosca sea imperecedera”, afirma sobre la obra que se presenta desde hoy hasta el 23 de agosto en el coliseo de Agustinas.

La régie de Willy Decker se presentó por primera vez en 1998 y ha sido regular en la Opera de Stuttgart por dos décadas. “A pesar del paso del tiempo, creo que luce completamente moderna”, recalca Heinrichs, que enfatiza que en esta oportunidad Decker no ha tenido ninguna injerencia estética.

Ubicada en el quinto lugar de las óperas más representadas en el mundo según Opera Base (la primera siempre es La traviata de Verdi, seguida de Carmen de Bizet), Tosca es una explosiva mezcla de pasiones desatadas y política de polvorín. Su heroína es la cantante lírica Floria Tosca, una mujer celosa y posesiva que está decidida a ir hasta las últimas consecuencias para recuperar a su amado Mario Cavaradossi. Tras los dos, el villano máximo es el barón Scarpia, el policía jefe de Roma, enemigo político de Cavaradossi y pretendiente solapado de Tosca.

Intensidad lírica

La versión internacional de esta producción (la versión estelar en municipal.cl) tiene dirección musical del titular Konstantin Chudenko y es protagonizada por la soprano estadounidense Melody Moore (Tosca), el tenor italiano Leonardo Caimi (Cavaradossi) y el barítono azerbaiyano Elchin Azizov (barón Scarpia). La primera, de hecho, ha hecho de Tosca uno de sus roles esenciales y viene de cantarlo el año pasado en la Opera de Los Angeles con muy buenas críticas.

Obra asociada desde los años 50 a Maria Callas, la soprano que se apoderó del personaje de manera mimética, Tosca es para Stefan Heinrichs algo más que una pieza asociada a una diva. “Es verdad que Maria Callas era una diva de la ópera, pero no hay que olvidar que también estaba interpretando el personaje de otra cantante de ópera, que es Tosca. Otra diva. El personaje ya era dramático antes de Callas. Aún así Puccini evita los excesos y le imprime un sello claro, honesto y limpio”, dice Heinrichs sobre la composición estrenada en 1900 y basada en la obra teatral de Victorien Sardou.

Y, ¿qué pasa con dos amantes en tiempos de furia política? “Nos preguntamos si acaso la política o la época revolucionaria de inicios del siglo XIX es importante para los personajes de Tosca. Es el enfrentamiento de dos sistemas políticos y no estoy diciendo que uno sea mejor que el otro o que la democracia y la libertad sean equivalentes a uno y la tiranía y la opresión se equiparen al otro. Digo que en este choque se producen las condiciones propicias para el abuso de poder”, señala Heinrichs. “En este contexto hay un triángulo amoroso, pero no uno cualquiera. Es uno entre Cavaradossi, un pintor; Floria Tosca, una actriz, y el barón Scarpia. Ese decir, hay dos artistas. ¿Y qué pasa con los artistas en una situación política explosiva? La pareja de Tosca y Cavaradossi es capaz de amar a niveles exagerados, lo que al mismo tiempo genera un nivel de celos e irritabilidad fuera de la norma”.

Al mismo tiempo, Heinrichs cree que éste no es el único conflicto. El ve otro. Uno que tiene que ver con la muerte. “Hay dos conflictos que se contraponen y que se expresan en la famosa aria Vissi d’arte (He vivido del arte), que interpreta Tosca en el acto II. Ahí queda claro que tanto ella como Cavaradossi sacrifican su vida de artistas por la de enamorados. Desde el momento en que Tosca comete un crimen y asesina a Scarpia es una prófuga de la justicia y lo único que le queda es escapar al extranjero con papeles falsos junto a su amante. Quizás puedan recomenzar su vida de artistas en otro país, pero está claro que ni ellos creen mucho en eso. En ese sentido la muerte de Cavaradossi en el pelotón de fusilamiento o de Tosca al arrojarse al vacío es la única salida. Es la liberación. Creo que el público palpa que Cavaradossi siente algo de satisfacción en su último suspiro antes de morir”.

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