El verdadero superhéroe de la cultura pop

El fallecido artista junto a quizás su creación más célebre, Spider-Man. Murió ayer a los 95 años. Foto: AP

Stan Lee, el hombre que revolucionó el mundo del cómic y que creó parte esencial de los personajes que hoy alimentan el cine y la entretención, falleció este lunes a los 95 años.


Stanley Martin Lieber pasó toda su vida buscando escribir la “gran novela americana”; más, Stanley Martin Lieber escribió la “gran novela americana” y no se dio cuenta. La “gran novela americana” que escribió Stanley Martin Lieber llevó por título “Stan Lee”.

Ha muerto Stan Lee, larga vida a Stan Lee. La anécdota previa es conocida: Stanley Lieber soñaba con ser un novelista de prestigio, premiado y celebrado. De joven mandó cuentos y relatos a revistas literarias de Boston y Nueva York, sin obtener respuesta. A pesar del rechazo y la invisibilidad (¿su primer superpoder?) tenía claro que lo suyo era escribir y para pagar las cuentas aceptó una oferta de Timely (futura Marvel) para encargarse de guiones de historietas, un arte menor, vapuleado por la intelectualidad. En absoluto Stanley iba a entregar lo más valioso que tenía, su nombre, así que las aventuras en viñetas las firmó con un seudónimo: Stan Lee. Y el resto es la creación de un mito, el camino dorado de un héroe o la ruta azul profundo de un villano. Lee fue un espejo en sí mismo, un habitante del multiverso que él mismo ayudó a crear, con focos tan brillantes como oscuros.

¿Cuál es tu Stan Lee preferido, entonces? ¿El de las portadas de los cómics Marvel o aquel que firmaba como The Man las cartas a las lectores; ese otro que nunca valoró del todo a sus compañeros de reparto, como Jack Kirby, o el constructor conceptual del universo Marvel? El inventor de la era moderna del cómic o el fulano que la condujo a la más comercial de las eras. El ambicioso sujeto con hambre de ser famoso o el freak canoso con más cameos en la historia. El viejo indecente acusado de acosar a unas enfermeras o el escritor menor que jamás se percató de la gran novela que escribía. Piezas todas de un mismo puzzle, ha muerto un villano, larga vida al héroe.

Yo tengo mi Stan Lee preferido. Dos en realidad. Aquel de la película Mallrats, de Kevin Smith, cuando se le aparece al personaje de Jason Lee para darle consejos amorosos basados en la vida sentimental de sus creaciones, como el triste significado real de la máscara del Dr. Doom. Stan Lee era en el filme un abuelo que hablaba con su nieto de cultura pop y yo quería un abuelo como ese. Mi otro Stan Lee favorito es aquel que aparecía dibujado en la viñeta inicial de cada tira de Hulk que publicaba en Chile el suplemento Pocas Pecas de Las Últimas Noticias. Yo era chico y no tenía idea quién era ese señor allí dibujado, que decía EXCELSIOR en arte gráfico y presentaba las aventuras del titán verde, mi favorito de Marvel aunque entonces no sabía qué o quién era Marvel. Mi primer Stan Lee era como Walter Lantz con el Pájaro Loco.

Mucho se ha hablado en contra de Stan Lee en los últimos años. Desde el maltrato a los empleados de Marvel, relato que se acentúa en el espléndido libro Marvel, la historia jamás contada, hasta recientes acusaciones de acoso. Más villano que héroe, el mundo del cómic suele dividirse en dos bandos. Los defensores de Lee y los del lado de Jack Kirby, su compañero de armas en la edad de plata de Marvel, co-creador de la mayoría de los personajes y a la postre su gran aliado-rival.

Es cierto, Lee se las arregló para siempre brillar más, alimentando un ego tan grande como Galactus, que relegó a un segundo o tercer lugar a sus camaradas, a menudo más talentosos que él. Pero en todo este intercambio de farándula nerd no debe desconocerse su legado, incluso mayor que la cantidad de personajes bajo su autoría. Sin Stan no habría hoy garantía de derechos autorales para los creadores de historietas. Tal vez fue por una anécdota, darle a dibujantes y guionistas de cómics una identidad similar a la de directores y escritores de cine. Él profesionalizó el cómic y con ello permitió que los participantes de la industria fueran reconocidos como artistas. Fue un líder sindical sin serlo.

Pero fue también una fuerza pop. Una pluma rápida que supo ver el movimiento de su época para aterrizar a los superhéroes, bajarlos de ese panteón de semidioses y convertirlos en personajes tan normales como un estudiante de secundaria con la “mala suerte” de tener los poderes de una araña. Aquello de que con un gran poder viene una gran responsabilidad se levanta ahora como signo inequívoco de su propia carrera. ¿Qué tan responsable fue Stan Lee con el gran poder de Stan Lee? Jamás lo sabremos. Personajes marginados como los X-Men o ambivalentes como Iron-Man son reflejos de sus propios fantasmas. No deja de ser paradójico que sus mejores y más complejas creaciones no sean héroes, sino villanos: Magneto y Dr. Doom. El rechazado por ser diferente y el rechazado por ser extranjero; el rechazado por ser autor de historietas y no el exitoso novelista que deseaba ser. El resentimiento crea monstruos.

Alguien escribió alguna vez que no tenemos idea quién creo los mitos griegos, pero si sabemos quien ideó los grandes mitos de la cultura pop: Stan Lee, el personaje de una gran novela “no-escrita” por un autor tan inédito como “menor” que terminó siendo el más grande de todos. Stanley Martin Lieber puede descansar tranquilo, quizás no terminó esa “gran novela americana”, pero si dio vida a una religión.

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