Diario Impreso

El anecdotario oculto del teatro chileno en 50 años de su historia

<P>Un nuevo libro se adentra en el teatro local de 1941 a 1990.</P>

Un exorcismo. A pocas semanas de asumir la dirección de la Compañía Nacional de Teatro de la Universidad de Chile en 1976, Hernán Letelier citó a una reunión en su oficina del teatro Antonio Varas. Con una cruz de madera en mano anunció que venía a cortar cabezas y a expulsar demonios. El reconocido actor y director Sergio Aguirre lo recordó así: "Al parecer no estaba satisfecho con esto y un día hizo un exorcismo para ahuyentar definitivamente a los demonios marxistas que pudieran ocultarse bajo las butacas". El testimonio, rescatado por Juan Andrés Piña, periodista y crítico teatral, aparece en Historia del teatro en Chile (1941- 1990), editado por Taurus y puesto a la venta hace pocos días.

Tras publicar un primer volumen, esta segunda entrega recorre el expediente teatral chileno del siglo XX, marcado por la renovación sociocultural y la agitación política. "Fueron años difíciles para el teatro chileno. Con el Golpe de Estado, la Universidad de Chile cerró el teatro, se quemaron documentos, registros, y varios funcionarios fueron despedidos ", cuenta el autor.

Los demonios que Letelier quería expulsar eran los legados de directores y dramaturgos como Pedro de la Barra, Pedro Orthous y Roberto Parada. "Son varias las anécdotas que forjaron la historia escénica local. No existiría La Negra Ester o un Juan Radrigán sin ese capítulo más oscuro. Ese rescate es fundamental", comenta Piña.

La revolución escénica

A fines de la década del 20, durante una gira por Antofagasta, un actor chileno recibió una encendida carta de una joven espectadora que le declaraba su amor y prometía suicidarse si durante la función de esa noche él no miraba hacia su balcón. Se llamaba Alejandro Flores Pinaud, el "más célebre actor chileno en la variedad galán. Nació galán y murió galán", lo recordaría un cronista de aquellos años.

Flores emigró al otro lado de la cordillera para volver a Chile años después con textos de su autoría como El derrumbe y Malhaya tu corazón. "Hay períodos de una gran presencia escénica de dramaturgos chilenos, como 1932, 1935 y 1937, por ejemplo. Uno de los aspectos que contribuyó al alza fue el retorno de Alejandro Flores desde Argentina", señala la gruesa crónica de Piña, construida a partir de artículos y ensayos.

"El tuvo un protagonismo brutal: fue el primero en ser distinguido como el Primer Actor Nacional entre sus pares, y el primer actor en recibir el Premio Nacional de Arte, en 1946. Sin embargo, fue desplazado por las nuevas corrientes de las escuelas universitarias. Con su surgimiento, el teatro nunca volvió a ser el mismo", argumenta Piña.

El anecdotario teatral chileno corrió en paralelo a su historia. Con el surgimiento del Teatro Experimental, y los de las universidades Católica, de Concepción y de Antofagasta, una nueva camada escénica provocó la revolución cultural a mitad de siglo. El dramaturgo perdió relevancia, mientras la figura del director se engrandeció.

Mientras se ensayaba Población Esperanza, coescrita por Isidora Aguirre y Manuel Rojas en 1959, el novelista se instalaba en la platea a supervisar con libreto en mano. Eso irritó a Pedro De la Barra, director del montaje, Premio Nacional de Arte en 1952 y uno de los gestores del Teatro Experimental. "Era una intromisión imperdonable en su trabajo", se lee en un testimonio de Aguirre. "Manuel reclamó porque habían cortado una frase, a lo que Pedro repuso: 'Es que esto es teatro, huevón'. Indignado, Manuel subió al escenario y hubo que separarlos". Rojas había recibido el Premio Nacional de Literatura dos años antes.

En tanto, los nuevos montajes encontraron su espacio sin quedar ajenos a las polémicas. La pérgola de las flores, estrenada en 1960 en el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica, es ejemplo de ello. El documental Isidora, de 2012, reveló que fue Eugenio Dittborn, entonces director del Teatro Ensayo, quien le pidió a Isidora Aguirre que escribiera la obra. "Le agradezco el que 'me obligara' -poco menos- a escribir la comedia, luego de negarme a quienes me lo pidieron anteriormente", firma la dramaturga, fallecida en 2011.

Piña rescata otro episodio: ocurrió en 1969, antes del estreno de la obra El evangelio según San Jaime, de Jaime Silva, una suerte de relectura del evangelio en verso dirigida por Pedro Orthous en el Ituch. El Cardenal Raúl Silva Henríquez contactó a las autoridades de la universidad para pedirles que cancelaran la función a un mes del estreno, cuando las entradas estaban agotadas.

"Fue un hecho paradigmático, pues fue la primera vez que la Iglesia se pronunciaba en contra del teatro. La universidad se negó a suspender la función, pero ese día llegaron varios grupos de conservadores para intentar detenerlo", resume el autor, quien no descarta una tercera parte de la investigación: "Probablemente la haré, pero había que rebobinar la cinta antes para entender varias cosas. No todo lo que ocurre en el teatro sucede en el escenario.

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