El otoño de Altamirano
<P>Desde que regresó a Chile en 1993, con la carga de ser apuntado como el responsable del fracaso de la UP, el ex líder socialista Carlos Altamirano optó por un severo ostracismo público, que se ha acentuado con los años, pero que interrumpió para ir al velatorio del ex Presidente Patricio Aylwin. Sus cercanos señalan que la política ocupa cada vez un lugar menos importante en su vida, que hoy prefiere ver en TV Animal Planet o History Channel y que redujo sus visitas. </P>

Por televisión, Carlos Altamirano Orrego (93 años) se enteró de la muerte de Patricio Aylwin, uno de sus más enconados adversarios políticos durante la Unidad Popular. Por la tarde de ese martes 19, su hijo Carlos Altamirano Celis lo llamó por teléfono, como lo hace regularmente, para saber de su salud y preguntarle, medio en broma medio en serio, si tenía ánimo de asistir al funeral del ex presidente. "Tengo hartas ganas", respondió para su sorpresa el otrora líder socialista, aunque inmediatamente le recordó a su hijo que estaba en reposo desde hace días por una rebelde neumonía. Así, Altamirano Celis partió al sur convencido de que su padre seguiría los funerales de Estado del ex mandatario también por la televisión.
Al día siguiente recibió un mensaje telefónico: Carlos Altamirano Orrego, el histórico dirigente del PS, reaparecía públicamente y hacía guardia de honor a Patricio Aylwin en el ex Congreso.
Pese a su avanzada edad, el ex diputado, ex senador y ex secretario general del PS, uno de los hombres más controvertidos en la UP y sindicado como uno de los responsables del fracaso del gobierno de Salvador Allende, mantiene el porte erguido y un notable estado de salud.
Sus cercanos aseguran que practica Pilates, jardinea y realiza largas caminatas en las tardes junto a sus perros, que no son de raza y que conviven con un par de gatos en perfecta armonía en el interior de su casa en Peñalolén, donde vive solo, a pesar de la oposición familiar. Las mismas fuentes relatan que el ex líder socialista intenta acompañar a su hijo al sur todo el tiempo que la salud se lo permite, porque lo que más lo apasiona hoy es la naturaleza. Al punto que puede estar un largo rato contemplando la lluvia o el movimiento de los árboles.
Altamirano conversa de política con familiares y con amigos que de tanto en tanto lo visitan o que él va a visitar, pero desde hace unos tres o cuatro años que ya no sigue la contingencia con la misma avidez de antes. "Habla más 'por arriba' que de materias puntuales", comenta un familiar.
En el último tiempo, además, al ex jerarca de la UP se le han restringido un poco las invitaciones y también las largas conversaciones, a pesar de que mantiene una lucidez y una memoria histórica que asombran a quienes han podido cruzar palabras con él.
Quienes lo han visitado comentan que Altamirano ha expresado su molestia por los casos de financiamiento irregular de la política y ha evidenciado cierta decepción con los vinculados a estas prácticas que militan -o militaron- en el socialismo o en la izquierda chilena. "Que no sea ilegal no quiere decir que no sea ético", suele repetir cuando el tema aparece de tanto en tanto y no lo puede esquivar.
Desde 1993, cuando regresó a Chile proveniente del exilio en la ex RDA y en Francia, Altamirano Orrego ha optado por un severo repliegue de la vida pública, que sólo ha roto en contadas oportunidades.
Quizá por eso es que el miércoles 20, cerca de las 16 horas, cuando el ex senador ingresó al Salón de Honor del ex Congreso, donde se velaban los restos de Aylwin, acompañado de "la Rosita" -que lo cuida desde hace cuatro años-, ataviado con una boina, bufanda, una chaqueta gruesa de rayas blancas y asistido por un bastón, pasó desapercibido entre la gente.
Altamirano hizo la fila correspondiente, incluso saludó a algunos de los hijos y nietos del ex presidente -que no lo reconocieron- y tras acercarse al ataúd se sentó en primera fila a contemplar la ceremonia en los asientos que estaban reservados para la numerosa familia Aylwin. Fue Mariana, la ex ministra de Educación, que alertó a sus demás hermanos de la presencia del otrora líder socialista.
La idea de posibilitar la asistencia de Altamirano al velatorio de Aylwin fue de Osvaldo Andrade. El presidente de la Cámara de Diputados se comunicó telefónicamente con el ex secretario del PS para proponerle que, si estaba disponible, le podía enviar un auto a su casa que lo llevara de Peñalolén al centro de Santiago para despedir al ex mandatario, quien había liderado el primer gobierno tras el regreso a la democracia.
Altamirano valoró la convocatoria del diputado, según comentó a sus cercanos después, porque sintió que su invitación era una suerte de reconocimiento a uno de los últimos políticos de la izquierda de toda una generación.
El gesto de Andrade sigue la línea del homenaje que el propio diputado impulsó en 2013, cuando era presidente del Partido Socialista e incluyó al ex secretario general en una lista de 80 militantes destacados que fueron condecorados con una medalla al cumplirse los 80 años de vida de la colectividad.
"Ver a Altamirano homenajeando a Patricio Aylwin sella un capítulo de la historia", dijo Andrade.
Su familia y sus cercanos, sin embargo, siguen creyendo que el PS y la izquierda chilena no han reconocido a Altamirano sus esfuerzos de conversión -fue uno de los artífices de la renovación socialista en los 80 y 90- y su opción por mantenerse al margen de la vida pública en los últimos 20 años.
Uno de los dirigentes políticos que conversaron con Altamirano mientras homenajeaba a Aylwin en el ex Congreso fue el senador Jorge Pizarro, quien se sentó a su lado por unos minutos.
Cercanos al renunciado presidente de la DC aseguran que el propio ex líder socialista pidió hablar con él. Según Pizarro, Altamirano dijo que su postura política previa al Golpe Militar de 1973 había sido un error, que lo correcto para ese momento era el diálogo para una salida política, y que en esos tiempos "había sido muy peleador", quizá demasiado.
Más tarde fue el turno de Andrés Zaldívar, un contemporáneo de Altamirano, quien hace un par de años, en una entrevista, insistió en que el ex líder PS "quería hacer una revolución al margen de la Constitución", tesis que el socialista rebate. El ex ministro reveló la conversación entre ambos. "Le dije que después de toda la confrontación que tuvimos en el tiempo del Presidente Allende, mucho vale tu gesto republicano, es un reconocimiento a Patricio. El me respondió que ellos dos habían peleado harto, especialmente en el Senado, pero que él había sido más duro que nosotros, más peleador. Al final de la conversación dijo: 'Me equivoqué', y para mí ese fue un gran gesto de él", afirmó a Reportajes.
Los cercanos a Altamirano se sorprendieron con estas versiones, en especial con su supuesto mea culpa ante los senadores, porque aseguran que el ex secretario general del PS siempre ha tratado de esquivar, en público y en privado, aquellas conversaciones complejas que apuntan a una autocrítica por su actuación antes del Golpe de 1973.
De hecho, a su salida del ex Congreso, tomado del brazo de Andrade y de Rosa, Altamirano rompió por breves segundos su silencio habitual para dedicar algunas palabras al recién fallecido ex mandatario. "Mi sensación es de pena por la muerte de Patricio, pero en realidad yo era gran amigo de Andrés Aylwin, el hermano, de la misma generación, del mismo curso, en fin. Pero bueno, en todo caso he sentido mucho la muerte de Patricio". También fue consultado por la prensa respecto del legado de Aylwin. "Eso es entrar en aguas profundas", dijo, y se retiró.
La última vez que Carlos Altamirano entró en aguas profundas fue a fines de 2010. Ese año se publicó el libro Conversaciones con Carlos Altamirano, del historiador Gabriel Salazar, de casi 600 páginas, y que el propio ex jerarca de la UP describe en el prólogo como un texto "testamentario".
Según señalan en su entorno más íntimo, Altamirano no ha manifestado interés de elaborar una biografía o un libro o escrito póstumo, algo que sí hizo Patricio Aylwin con varias horas de conversaciones grabadas con el hoy intendente Andrés Jouannet, que próximamente se harán publicas en formato de documental.
Hasta hace un tiempo, Altamirano solía leer diarios, revistas y libros acompañado de un cuaderno donde hacía anotaciones con una letra poco legible, que sus cercanos describen derechamente como "infernal". Con esos apuntes enfrentaba más tarde conversaciones y debates con familiares o visitantes. Ya no utiliza ese método, aunque tiene acumulados en su casa decenas de cuadernos que no están pensados para ser dados a conocer.
El ex líder socialista -de acuerdo a lo que ha comentado a sus más cercanos- ya dijo todo lo que necesitaba decir en el libro de Salazar, para el que se reunieron más de 80 veces durante casi tres años, dinámica que no quiere ni puede -por su avanzada edad- repetir.
En la reedición del libro Altamirano, de la periodista Patricia Politzer, en 2013, se agregó un último capítulo donde el ex hombre fuerte del socialismo reflexiona brevemente sobre la llegada del Papa Francisco al Vaticano y donde la autora le pregunta por las similitudes que tendrían Hugo Chávez y Salvador Allende. "Mientras uno era un caribeño auténtico, Salvador era un serio y formal burgués chileno con ideas revolucionarias", dijo en esa oportunidad.
"Eso sí, sigue leyendo todos los días El Mercurio", dice su hijo. "Pero ahora lo hojea no más", agrega riendo. El ex senador por Santiago sigue creyendo que un sector de la prensa es responsable de que se le considere uno de los culpables de la caída de Salvador Allende y su gobierno.
En sus conversaciones con Gabriel Salazar, el ex hombre fuerte del PS reafirmó lo que toda su vida ha sostenido: que la Democracia Cristiana fue una de las gestoras del Golpe de septiembre de 1973 y que su principal error como líder del socialismo durante la Unidad Popular fue impulsar cambios radicales en el país sin las mayorías necesarias y a contrapelo de -entre otras instituciones- las Fuerzas Armadas.
La muerte del ex presidente DC no ha sido la única partida de políticos de su generación que le ha tocado vivir a Altamirano en el último tiempo. En febrero pasado falleció, a los 75 años, Armando Arancibia, ex diputado, ex intendente y que era un viejo amigo socialista.
Según sus cercanos, también lo conmovió la muerte del empresario Douglas Tompkins, en diciembre de 2015. Ambos conversaron en varias oportunidades e incluso viajaron juntos en una avioneta piloteada por el millonario estadounidense.
En el libro Después de todo: conversaciones sobre los cambios de época, Altamirano dedicó varios párrafos en defensa de Tompkins, a quien solía comparar -con cierta ironía- con los empresarios chilenos. "No cabía en la cabeza de los dirigentes del empresariado, aún inmersos en el sofocante clima intelectual de la dictadura, que un norteamericano multimillonario adquiriera terrenos no para explotarlos y reducir sus bosques a chips, sino para convertirlos en un hermoso parque natural", dice.
Altamirano aún conserva viejas amistades con compañeros socialistas, como el ex ministro Jorge Arrate, el actual embajador en Estados Unidos Juan Gabriel Valdés y de su par en México, Ricardo Núñez, además del ex senador Carlos Ominami. Hablan de política, recorren anécdotas, pero también conversan de temas más cotidianos.
Si bien trata de mantenerse alejado de la contingencia, con sus cercanos ha comentado la situación de Ominami, vinculado a la investigación por el financiamiento irregular de la política y que a mediados de abril fue sobreseído por prescripción.
También ha sido crítico de los vínculos que se han generado entre dirigentes socialistas y el empresariado, aunque ha comentado con cierto regocijo que la hija de Salvador Allende, la senadora Isabel Allende, sea quien presida la tienda y aparezca entre las figuras políticas con más proyección. Pero no mucho más.
Un tema que le genera abierta incomodidad y que hace poco lo molestó mucho -aseguran sus cercanos- fue cuando dirigentes de la Nueva Mayoría aludieron a la aparición de un "Altamirano de Bachelet", al hacer referencia a la famosa frase del presidente del PPD, Jaime Quintana, y la "retroexcavadora" que destruiría los cimientos del modelo. Esa imagen en torno a su figura, casi como un opositor a Allende, a sus 93 años aún le puede cambiar el ánimo abruptamente.
De todos modos, para no involucrarse demasiado con lo que pasa en la política, ni menos pasar rabias, en la televisión prefiere ver los canales de cable dedicados a la naturaleza, como el Animal Planet o el History Channel.
En su entorno más íntimo aseguran que aún no logra encariñarse con la tecnología, pero se deslumbra cada vez que lo conectan a Skype para conversar con sus hijas. Una vive en Inglaterra y la otra reside en México.
No sólo lo sorprende la posibilidad de ver y escuchar a una persona desde tan lejos; también le sorprende que, hasta ahora, no haya que pagar un peso por cada llamada que realiza al extranjero.
Hasta hace unos años, Altamirano viajaba por el mundo con cierta frecuencia, pero hoy su salud no le permite asumir recorridos tan largos. Quizá una de las cosas que más resiente del largo tiempo del exilio que debió enfrentar tras la caída del gobierno de la Unidad Popular es que una parte de su familia quedó desparramada por el mundo.
El ex secretario del PS no exterioriza esos dolores y en su familia señalan que prefiere "llevar la procesión por dentro" y no detenerse en su experiencia política y en lo que le tocó vivir. Prefiere dedicarse a contemplar la naturaleza, los árboles, sus perros o sus plantas. Cuando le preguntan por su pasado, el ex secretario general del PS durante la Unidad Popular, la "bestia negra" como lo apodaban sus detractores, casi siempre suele decir con tono amable y pausado que prefiere pasar, que mejor que no, que ya está muy viejo.
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