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Herta Müller: la disidente de Ceausescu que ganó el Premio Nobel

<P>La Academia Sueca vuelve a sorprender. A 20 años de la caída del Muro de Berlín, premia a Herta Müller, una escritora que vivió en la Rumania comunista y desde 1987 vive en Alemania. Su obra y su propia vida cristalizan los conflictos de la Europa del este.</P>

Se levantaba a las cinco de la mañana para llegar a tiempo. El sol aún no salía sobre Bucarest y las calles estaban vacías. Así, Herta Müller solía caminar hasta la fábrica. Pero había gente que la tenía peor: aldeanos que salían a las 2 AM, iban a la estación de trenes, viajaban cuatro horas y regresaban de noche a casa. "Al cabo de dos años, pensaba yo que no daba más, que aquello era insoportable, y cuando extrapolaba el asunto a los 30 ó 40 años que muchos llevaban ya en aquella fábrica, de verdad es que sentía espanto".

Los recuerdos que Herta Müller (1953) guarda de Rumania, su país natal, no son los mejores. Vivía bajo el régimen comunista de Nicolai Ceausescu y ella era una disidente. Su primer libro, el volumen de cuentos En tierras bajas, fue censurado por las autoridades en 1982. Poco después ella salía de la fábrica: se negó a colaborar con la policía secreta. Dos años más tarde el manuscrito de su libro pasó clandestinamente a Alemania y fue publicado sin cortes. La critica la aplaudió. Así, mientras Rumania le cerraba puertas, Alemania se las abría. Y en 1987 cruzó la frontera y se instaló en Berlín.

Ahí recibió ayer el llamado desde Estocolmo. Peter Englund, secretario de la Academia Sueca, le dio la noticia: era la nueva ganadora del Premio Nobel de Literatura, por su capacidad para describir "el paisaje de los desposeídos". La escritora expresó: "Estoy sorprendida y todavía no me lo puedo creer. De momento no puedo decir más".

No fue la única sorprendida. Los pronósticos tenían a Amos Oz y Philip Roth de favoritos, secundados por la argelina Assia Djebar, el español Luis Goytisolo y el italiano Claudio Magris. Müller aparecía detrás de Joyce Carol Oates y Haruki Murakami.

"Mi favorito era Amos Oz. Pero quiero subrayar que el Comité Nobel tomó una decisión muy buena", dijo ayer Günter Grass, premio Nobel 1999. Su reacción sintetiza la sensación ambiente. "No estaba entre la gente que pensaba que podía ganarlo, pero es una escritora relevante. Si pienso en figuras de Alemania, Enzensberger estaría antes", dice Antonio Skármeta. El diario británico The Times lo puso así: "La selección de Müller no es mucho menos sorprendente en Alemania. Los críticos le tienen gran estima, pero casi ninguno la consideraba como una figura de eminencia dentro de la literatura global".

A 20 años de la caída del Muro de Berlín, el premio a Müller reconoce a las minorías alemanas golpeadas por las culpas del nazismo. Su padre sirvió en la Waffen-SS durante la Segunda Guerra y su madre fue deportada a un campo de prisioneros soviético, en Ucrania, en 1945. Su última novela, Atemschaukel, aborda precisamente ese tema.

Con cuatro títulos traducidos al español (En tierras bajas, El hombre es un gran faisán en el mundo, La bestia del corazón y La piel del zorro), sus libros llegarán en noviembre a Chile. En los primeros, dice Diamela Eltit, construye "una poética de la precariedad. Más adelante, su proyecto narrativo se detiene en el totalitarismo de la sociedad rumana y sus efectos devastadores sobre los jóvenes. Un logro y un mérito su premio".

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