Incierto panorama político en Perú
La primera vuelta electoral ha dejado un escenario incierto y, a la luz de los resultados parciales, la inestabilidad política que ha caracterizado a ese país en los últimos años está lejos de superarse.

Las elecciones presidenciales en Perú, cuyo resultado final aún está pendiente, dan cuenta del complejo escenario político que ha venido atravesando ese país y adelantan un panorama que puede ser aún más incierto a futuro. El lento recuento que lleva adelante la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe), sumado a los problemas de instalaciones de mesas que obligó a extender un día los comicios en algunos locales de Lima, ha aumentado la tensión en el país, más aún considerando la estrecha diferencia entre los candidatos en segundo y tercer lugar, de entre los cuales saldrá el rival de Keiko Fujimori en el balotaje previsto para el 7 de junio próximo.
Perú ya suma una década de profunda inestabilidad política que ha visto pasar a ocho presidentes por el Palacio Pizarro desde que Pedro Pablo Kuczynski asumiera el cargo en julio de 2016. Una realidad que ha ido de la mano de una severa fragmentación del sistema político, con la aparición de partidos instrumentales que carecen de una base ideológica y programática sólida, y que en muchos casos desaparecen tras no alcanzar el umbral mínimo, como ha sucedido también en estas elecciones. Los 35 candidatos que se presentaron a las elecciones del pasado 12 de abril fue otra consecuencia más de esa realidad de desintegración del sistema político.
Frente a ello, era previsible que los abanderados que pasarían a segunda vuelta lo harían con un bajo porcentaje de votos que, como ha sucedido antes, acaba conspirando contra la estabilidad futura y la capacidad de gobernabilidad. Sin embargo, en este caso se está dando, además, un escenario de virtual empate en el segundo lugar entre Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga, que de mantenerse en los márgenes actuales podría elevar aún más la tensión, en medio de solicitudes de recuento y denuncias de fraude. Ello porque Sánchez y López Aliaga están en las antípodas ideológicas y quien sea que se enfrente a Fujimori plantea escenarios radicalmente distintos en el balotaje.
Una disputa entre Fujimori y Sánchez, al contrario de lo que sucedería si el exalcalde de Lima pasara a segunda vuelta, abre un escenario muy similar al de hace cinco años y adelanta una campaña de segunda vuelta muy polarizada. Mientras Fujimori, más allá de su estilo populista, apuesta a mantener los lineamientos económicos que han permitido el crecimiento económico de las últimas décadas -que se sostiene en la permanencia de Julio Velarde a la cabeza del Banco Central-, Sánchez defiende no solo la remoción del titular del BC, sino también promueve una nueva constitución, “recuperar la soberanía sobre los recursos naturales” e indultar a Pedro Castillo.
Más allá de quién gane en la segunda vuelta, Perú parece no escapar de la inestabilidad que ha marcado su política en los últimos años. Si bien, el regreso al sistema bicameral, con la elección de un Senado de 60 miembros, podría ayudar a contener el creciente poder adquirido por el Congreso de diputados, la falta de una mayoría clara en el Parlamento adelanta una difícil gobernabilidad para quien gane, ya sea Fujimori, Sánchez o López Aliaga. Hasta ahora, la autonomía del Banco Central ha permitido que la economía y la política avancen por cuerdas separadas. Sin embargo, la persistencia del desorden político podría hacer difícil seguir sosteniendo ese equilibrio.
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