Las interrogantes que abre este Mundial
Esta Copa del Mundo no solo ha estado cruzada por fuertes tensiones geopolíticas, sino también por una serie de inéditos cambios introducidos por la FIFA, donde no queda claro el rumbo que se le quiere dar al torneo.

Ayer, en Ciudad de México, se dio inicio a la vigésima tercera edición de la Copa Mundial de Fútbol, que se extenderá hasta el 19 de julio, y si bien se trata de un torneo que sigue capturando la atención en todo el mundo, esta nueva versión tiene lugar en medio de fuertes tensiones geopolíticas, cambios reglamentarios en el campo de juego y precios de las entradas que en algunos casos han alcanzado valores exorbitantes, además de lo inédito de que se juegue en tres países: Estados Unidos, Canadá y México. No solo eso: también aumentó el número de selecciones participantes de 32 a 48. Son cambios que desde luego despiertan dudas acerca de cómo impactarán en la calidad misma del espectáculo, pero también llevan a preguntarse hacia dónde la FIFA quiere apuntar con todas estas modificaciones.
El gran interés por presenciar del evento deportivo que denotan los 500 millones de solicitudes -que informó Gianni Infantino, timonel de la FIFA- para 7 millones de entradas, se ha visto afectado por factores derivados de la actual situación internacional y de las medidas que ha tomado Estados Unidos como país anfitrión, condicionado por la seguridad. Y sin perjuicio de que cada país tiene sus normas migratorias, impedir que el árbitro somalí Omar Artan -el mejor de África- entre a territorio norteamericano, que la selección iraní deba permanecer en Tijuana y solo ingresar a jugar el partido que corresponda, y que miembros de algunas delegaciones hayan estado horas en control migratorio, resultan un despropósito, que en este caso la FIFA ha decidido no acusar. Una situación que se suma al anuncio de un mayor despliegue del ICE en Estados Unidos, enrareciendo el ambiente que tradicionalmente ha acompañado esta fiesta.
Es llamativo que de acuerdo con un sondeo cerca del 80% de los hoteleros estadounidenses en las 11 ciudades que serán sede indiquen que las reservas están por debajo de las previsiones iniciales. No está claro aún si ello se debe a que los hinchas han privilegiado alojamientos alternativos, o a las restricciones migratorias, a la forma como la FIFA manejó las expectativas o los altos valores de las entradas, pero despejar las razones del fenómeno será importante para determinar si las causas son exógenas a la organización del torneo o si esta tuvo responsabilidad directa.
Un tema que ciertamente amerita su propio análisis es el bochornoso valor de las entradas, al incluir un sistema de reventa oficial y uno de precios dinámicos siguiendo, según la FIFA, modelos propios de la NFL, la NBA y giras musicales. Lo cierto es que el compromiso inicial de precios bases de US$60 se ha transformado en algo ilusorio, llegando a valores muy superiores a los que se vieron en la anterior versión. Es algo sobre lo cual no solo las asociaciones de aficionados han levantado críticas, acusando que finalmente por sus precios se transforma en un espectáculo que aleja al público masivo -decidor es que aún haya localidades sin vender-, sino que también está siendo analizado por las fiscalías de Nueva York y Nueva Jersey.
A la par de la gran calidad deportiva que presenta el Mundial y el fanatismo que despierta en millones, cabe lamentar que se estén dando señales de que el tradicional espectáculo deportivo pueda estar cediendo en favor de las dimensiones puramente comerciales, lo que finalmente puede apartar a un núcleo importante de seguidores.
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