Por Francisco Dagnino“Profesionales más flexibles”: los cambios en el mercado laboral impactan la educación superior
La educación superior ya no puede basarse en una profesión para toda la vida. En un nuevo capítulo de Conversaciones LT Educa, expertos coincidieron en que la irrupción de la IA y los cambios demográficos exigen una empleabilidad adaptativa: la capacidad de reconvertirse profesionalmente varias veces a lo largo de la trayectoria laboral.
Durante años, la educación superior operó bajo una lógica relativamente estable: formar para una profesión que se ejercería a lo largo de la vida. Hoy, ese modelo quedó atrás. La irrupción de la inteligencia artificial, la automatización y los cambios demográficos están modificando no solo los empleos disponibles, sino también la forma en que las personas se relacionan con el trabajo.
Así, el concepto de empleabilidad adaptativa responde a una constatación: el mundo laboral es cada vez más dinámico y una persona, probablemente, va a cambiar dos o tres veces su área de formación a lo largo de su vida. Esta fue una de las ideas que marcó el conversatorio organizado por LT Educa, en el que participaron Nicolás Ocaranza, vicerrector académico de AIEP; Jasmine Cabello, directora de Desarrollo Empresarial Sostenible de Sofofa; y Francisco Guzmán, presidente de ACTI.
“Profesionales más flexibles”: los cambios en el mercado laboral
Uno de los puntos de acuerdo fue que los cambios ya no son proyectados, sino que están ocurriendo. Jasmine Cabello identificó varias transformaciones que han marcado la última década: el aumento de la participación laboral femenina, la expansión del teletrabajo y los sistemas híbridos tras la pandemia, la irrupción de nuevas generaciones con otra relación con el trabajo y el avance acelerado de la digitalización.
Sostuvo que ya no se espera que una persona llegue completamente preparada a una empresa, sino que tenga disposición al aprendizaje. “Se requiere pensamiento crítico, pero también inteligencia emocional y resiliencia, porque las trayectorias laborales ya no son lineales”, explicó.
Francisco Guzmán, por su parte, planteó que Chile ya cuenta con condiciones relevantes en infraestructura digital, por lo que la brecha dejó de ser exclusivamente tecnológica. Ahora, el reto es el capital humano. A su juicio, la masificación de la inteligencia artificial —con herramientas que pasaron rápidamente al uso cotidiano— cambió el escenario. Sin embargo, el foco ahora debe estar en cómo llevar esa tecnología al ámbito productivo. “Tenemos que lograr que esta inteligencia artificial trabaje en la productividad”, sostuvo.
Desde la formación técnico profesional, Nicolás Ocaranza destacó que el perfil de los estudiantes también ha cambiado. Muchos ya están insertos en el mundo laboral y buscan reconvertirse o avanzar en su trayectoria. “El promedio de edad en algunas modalidades está sobre los 30 años. Son personas que ya tienen experiencia y necesitan procesos más ágiles”, explicó.
En ese contexto, el vicerrector académico d AIEP planteó la necesidad de modelos formativos más flexibles, que reconozcan aprendizajes previos y permitan avanzar en tiempos más acotados. “Tenemos que formar profesionales más flexibles, con pensamiento crítico, ética y capacidad analítica”, señaló.
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