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Los secretos del jugador de la U que llevó a Darío Osorio al CDA: “Lloraba mucho; yo le decía que tenía que aguantar”

Rubén Farfán recomendó a Ignacio Asenjo, por ese entonces coordinador de Azul Azul, a un joven delantero que brillaba en las canchas de Hijuelas.

Darío Osorio se gana los elogios en diferentes latitudes del mundo. Su traspaso al Crystal Palace, a cambio de US$37 millones, no dejó a nadie indiferente. Mientras en los registros se anotaba como la transferencia más alta que se ha realizado en la historia del fútbol danés, en el equipo del sur de Londres no dudan en catalogarlo como uno de los jóvenes que comandará el equipo en los desafíos que se avecinan.

Este jueves, incluso, su técnico no dudó en destacar su incorporación. “Necesitábamos un jugador con velocidad en esta posición, y él es capaz de disparar desde lejos. Ha marcado muchos goles así, lo que cambiará nuestra forma de jugar”, dijo Pierre Sage.

El presidente del Crystal Palace se rinde ante Darío Osorio. Foto: Crystal Palace.

En Santiago, a miles de kilómetros, hay mucha gente que vibra con sus éxitos. No solo quienes compartieron camarín con el futbolista de la U. Por ejemplo, Lucas Assadi, su gran socio en la época formativa, que celebró su arribo a la Premier con una imagen en sus redes sociales del delantero que fue acompañado de un corazón: “El mejor”, publicó.

Sus éxitos también son aplaudidos por Rubén Farfán, el actual delantero de Magallanes, quien cumplió un rol protagónico en su llegada a Universidad de Chile.

La historia es así. En 2015, en plena época en la que Farfán defendía a la U, llegó el día que le cambió la vida a Osorio por completo. El delantero asistió a una de las pruebas masivas del conjunto universitario que se realizó en El Melón. Más allá de que enamoró a los captadores encargados, Farfán ya le había comentado a Ignacio Asenjo, hoy gerente general, por ese tiempo coordinador de la U, de la presencia de un joven que brillaba en la Quinta Región.

Años después, en una entrevista con El Deportivo, Osorio recordó la prueba que se realizó en su tierra natal. “Tenía 10 años y en la escuela de Hijuelas nos dijeron que nos venían a ver unos captadores de la U. Yo no sabía que iban, no me alcancé ni a poner nervioso. De ahí nos hicieron jugar fútbol por 15 minutos. Me acuerdo que yo no hice nada. Di una asistencia y nada más. Jugué mal. Quedé sorprendido cuando me dijeron que había quedado seleccionado, que me tenía que presentar en Santiago, porque de verdad no hice nada. Éramos como 30 niños, en tres equipos, que nos íbamos turnando para que nos vieran”, reconoció.

Rubén Farfán recuerda esa época. “Sí, yo recomendé a Darío. No es que yo lo descubriera, porque Darío desde muy chico tuvo muy buenas condiciones. Darío jugaba acá en el barrio donde yo vivo, en el Melón. Siempre destacó. Estoy muy feliz por todo lo que ha logrado, por su familia, por todos. Es un chico muy sacrificado. Ahora tiene que seguir destacando y llegar lo más lejos que pueda”, dice al ser consultado por El Deportivo.

Farfán reconoce que el núcleo familiar de Darío Osorio ha sido clave para su explosión. Su partida a Santiago no fue fácil. Con apenas 11 años, Darío, segundo de cuatro hermanos, debió asumir una serie de responsabilidades que requerían esfuerzo. Su hermana Geraldine (estudiante de Educación Parvularia) y sus hermanos Ian y Mikel, lo apoyaban a casi 200 kilómetros con mensajes de ánimo. Su madre, en tanto, le exigió que sacara cuarto medio. El jugador le cumplió en una escuela que permitía hacer dos cursos en un año.

“Su familia vive en Hijuelas. Veo a sus padres cuando vienen al barrio. Todo lo ha logrado, se lo merece. Estoy feliz por él, por su familia que también lo ha acompañado mucho. Él es muy profesional y su familia lo ha respaldado mucho. Ahora se están dando los frutos de todo el esfuerzo que hizo. Él sigue siendo el mismo chico humilde de siempre”, agrega el exjugador de la U. “No le he escrito aún, no lo quiero molestar. Darío no tiene techo aún, si él se lo propone puede llegar mucho más lejos. Es un chico muy profesional, está muy metido en su carrera”, advierte Farfán.

El feliz presente, sin embargo, tuvo momentos difícil. Osorio, con apenas 11 años, cuando dejó de ser un jugador satélite y se instaló en la Casa Azul, pensó muchas veces en dejar el club. “Lloraba porque extrañaba, como todo niño que le cuesta salir de su casa. Se fue muy chico. Yo hablaba con él, le decía que tenía que aguantar. Lo mismo le decían sus padres. Los papás viajaban a verlo los fin de semana, y muchas veces él viajaba por el día en la tarde a Hijuelas en la semana y después yo lo llevaba de regreso a Santiago. Es un chico muy profesional. No lo pasó bien, porque las cosas le han costado mucho. Todo lo que está viviendo ahora se lo merece”, cierra el futbolista que repite, una vez más, que no fue el descubridor de Darío Osorio.

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