Entierro a balazos: la temida ruta de los choferes de funerarias

El auge de la tasa de homicidios en el país trajo consigo un aumento de los funerales de alto riesgo. Así lo miden en números las funerarias que, a menudo, deben lidiar con peticiones fuera de límite, enfrentamientos entre familiares y carabineros, además de balazos al aire.


A Manuel Morales (35) no le sorprendió el video que, hace tres semanas, se viralizó por redes sociales en el que se mostraba el velatorio de un menor de edad en Alto Hospicio. La escena graficaba a un grupo de adolescentes y niños menores de edad inhalando tussi -una droga sintética, más conocida como la cocaína rosa-. Lo hacían sobre el vidrio de un ataúd abierto, mientras sonaba la canción Guerrero Eterno, del cantante puertorriqueño Mexicano 777. Sobre este, había también una corona de plástico, rosas rojas, una pistola, balas y tarjetas de crédito.

Abajo de todo eso se encontraba el cuerpo: un adolescente de 15 años asesinado a balazos en Viña del Mar.

Morales ya tenía normalizadas esas imágenes. Ese fue el primer comentario apenas le llegó la publicación por redes sociales. No porque ya lo hubiera visto, sino porque era algo con lo que le había tocado lidiar. Aunque hubo algo que le dio gusto: que el video se viralizara los ayudaba a mostrar lo que nadie veía.

-Fue bueno para que se enteren las personas que viven lejos de esta realidad.

Manuel Morales es el dueño de Agape Funeraria, en Lo Espejo, desde hace nueve años. Después de estudiar un tiempo Kinesiología, él, un vecino de San Miguel, decidió salirse de la carrera y entrar en el rubro junto a su esposa.

-Encajé en este trabajo. Yo soy bien sensible, sobre todo para tratar con la gente. Entonces sentí que podíamos brindar un buen servicio para la comunidad.

Cuando empezaron, el 2011, se dedicaron a atender a gente de la comuna. Luego, el negocio familiar fue expandiendo su radio de operaciones.

En ese entonces, los llamados “funerales de alto riesgo” -esos vinculados al narcotráfico y crimen organizado- ya existían. A él también se acercaban: eran bandas violentas que, cada tanto, llegaban a pedir sus servicios. La primera vez que le tocó fue en 2013: Morales cuenta que habían asesinado a un microtraficante en San Bernardo. El cortejo iba tranquilo hasta que le pidieron pasar por el barrio del supuesto culpable del homicidio. Ahí empezaron los balazos al aire.

A partir de entonces, de a poco este perfil de clientes comenzó a hacerse recurrente:

-No era una mala opción aceptarlos. Si bien era estresante pero, al final, era buena plata y servía para hacerte conocido.

Por eso, pensó, quizás valía la pena el costo del mal rato. Morales se acuerda de un funeral en particular: ocurrió en La Pintana, a mediados de agosto de 2020, cuando ya se comenzaban a liberar las cuarentenas. Una familia llegó a pedir el servicio funerario tras la muerte de dos menores de edad en un accidente automovilístico.

-Yo iba manejando la carroza del cortejo ese día. Jamás pensamos que iba a ser un funeral conflictivo, precisamente porque se trataba de dos niños. La madre de uno de ellos iba sentada al lado mío, en el asiento del copiloto. Estaba tranquila, pero muy afectada. En eso, y mientras se secaba las lágrimas, bajó el vidrio de su ventana, se salió a cuerpo entero y sacó un arma.

La mujer empezó a disparar al aire mientras el resto de los vehículos comenzaban a disparar también. Morales no se atrevió a decir nada y siguió su recorrido.

Las experiencias comenzaron a repetirse y la tónica era siempre la misma: muchas personas en el cortejo disparando al aire, mientras guiaban a Manuel Morales y a sus otros choferes para que se desviaran del camino hacia el cementerio.

-Si no haces lo que te piden, te amenazan. Son indicaciones como ir a dar una vuelta afuera de la cárcel Santiago 1 para despedir al fallecido con la familia que está ahí, tiran fuegos artificiales afuera de la cárcel y lo pasean por varias poblaciones. En esos lugares esperan al fallecido como si fuera un Dios.

Morales cuenta que eso no era lo peor:

-Los vehículos que acompañan empiezan a hacer trompos y tirarle cerveza a la carroza. Si vamos por autopista, cortan las tres pistas, va la carroza al medio y todos rodeándola. Nos han roto los vidrios, se han subido arriba del techo, a veces se quieren ir adentro del cajón con el fallecido o te piden que vayas a la casa del que lo mató para provocarlos.

A todo eso, Manuel Morales cuenta que se tuvo que acostumbrar. Los funerales de alto riesgo se habían transformado en parte de su rutina.

Un cliente incómodo

Hasta antes de la pandemia, Nicolás (35), gerente de una funeraria en Independencia, quien prefiere mantener en reserva su identidad, cuenta que estos funerales eran distintos a los que se desarrollan ahora.

-Antes eran más fuegos artificiales que armas como tal. A veces podía haber una descarga de un arma y eso era todo.

El alto riesgo, dice, venía como consecuencia de la multitud que acudía a los funerales, pero no por lo violentos que fueran. Si bien la multitud hacía que el ambiente gatillara desórdenes, pocas veces se veían disparos o enfrentamientos. Nicolás, que lleva 10 años en el rubro, se acuerda de uno de esos:

-Fue hace unos siete años, cuando falleció un líder de la barra de Universidad de Chile. Como era un funeral de barristas, sabíamos lo que se venía: 1.500 personas que se volvían incontrolables, disturbios y mucha tensión, pues estaba siendo custodiado por Carabineros. El trayecto hacia el Parque del Recuerdo fue lo más difícil. Yo era el chofer de la carroza, recuerdo que no podía manejar por el olor a lacrimógena.

El aumento de bandas de narcotráfico a nivel nacional trajo consigo una serie de cambios culturales relacionados con cómo las personas despedían a sus seres queridos. Eso dice Nicolás:

-Tuvimos que adaptar este producto a lo que los clientes querían que, por lo demás, no podías decirles que no.

Velatorios con artistas de reggaetón en vivo, ataúdes por encargo que mostraran el cuerpo entero del fallecido a través del vidrio, y solicitudes para enterrarlo con sus pertenencias comenzaron a ser recurrentes en la funeraria de Independencia.

-Se volvió común que te preguntaran: ‘Oye, ¿y en los cementerios se roban las joyas?’. Empezaron a enterrar a sus seres queridos con ellas o a veces con un poco de droga para el recuerdo -dice Nicolás.

Así como en funerales católicos se pedía un tallado de cruces en el ataúd, el empresario asegura que el perfil de los clientes que comenzaron a llegar incluía solicitudes como que el tallado fuera con logos o marcas de lujo.

-Una vez me pidieron un ataúd con el logo de Gucci. También hay otras veces que te dicen ‘sabes, esta era el arma que ocupaba mi amigo, la queremos poner adentro del féretro’. Yo les explicaba que el vidrio ya estaba sellado, pero ante las caras, tocaba abrirlo.

Como era lógico, la narcocultura que opera en ciertos territorios se tomó todas las rutinas, incluida la del rubro funerario. Así lo analiza la doctora en Sociología e investigadora del Centro de Estudios de Conflictos y Cohesión Social (COES) Alejandra Lunecke.

-En los barrios esto es básicamente una manifestación de poder y control territorial, donde, además, hay una cooptación de vecinos, amigos y familiares.

Eso, explica Lunecke, sumado a fenómenos globales de transculturización de la narcocultura hacen que el fenómeno sea más potente aún, y le da una explicación al estilo de estos y el tema de los lujos:

-En barrios precarizados culturalmente, lo que hay es incorporarse al sistema social desde el consumo: el poder comprar unas zapatillas Jordan es una forma de estar incluido en la sociedad y es una demostración de que yo también puedo estar y pertenecer.

La llegada del narcotráfico a las comunas donde las funerarias tenían sus negocios dieron paso a la instalación de un cliente incómodo.

Manuel Morales cuenta que pese a que la pandemia les dio un respiro, hasta antes de eso tenía que atender al menos una vez al mes un funeral de alto riesgo. Eso, tanto a él como a su familia los empezó a agotar.

-Cuando estás ahí en medio de esa multitud amenazante es cuando te cuestionas si este trabajo en realidad vale la pena.

Entre policías y narcos

El aumento de casi un 30% en la tasa de homicidios en Chile que entregó un informe de la PDI en junio de este año vino a poner en números algo que en las funerarias ya resentían desde el fin de las cuarentenas:

-A mayores homicidios, mayores son los narcofunerales en el país- dice Osvaldo, el administrador de una funeraria en Santiago Centro.

Osvaldo es un transportista venezolano que hace tres años llegó a Chile junto a su familia y entró a trabajar en el rubro fúnebre. En el transcurso de ese tiempo, cuenta, los funerales de este tipo han aumentado en un 20%.

-Disparar al cielo es lo que más se repite, a veces les tiran piedras a las carrozas, a nosotros ya nos han roto los vidrios. Es bien violento y traumático- cuenta él.

La masificación de los narcofunerales, a juicio de Nicolás, tiene una explicación: ya no serían solo los miembros de la banda a quienes se les organiza un funeral de estas características, sino que ahora también son familiares, vecinos y gente que, si bien no está relacionada con drogas, vive en el mismo barrio o es pariente de alguien relacionado a este mundo.

Eso bien lo sabe Carabineros, quienes transmiten que al menos desde el 2018, los funerales de alto riesgo se transformaron en un problema que requería de protocolos especiales. Según fuentes que conocen la materia, cada vez que los equipos de Inteligencia reportan la muerte de una persona vinculada a bandas de narcotráfico, o de crimen organizado, se activa una denominada “matriz de riesgo”. A partir de eso, se levanta información sobre los familiares del fallecido, los compañeros de delito que mantenía y el lugar del funeral. Dependiendo de eso, se determina si es un velatorio de “bajo”, “mediano” o “alto” riesgo, y se destina la cantidad de policías que participarán controlando el evento.

Según cifras oficiales, durante el año 2021 se registraron 351 “funerales de riesgo social”; de estos un 16% terminó con incidentes. Este año, desde enero hasta el 18 de septiembre, se han registrado 295, con un 14% de ellos que registró incidentes.

Si bien la lectura general de los negocios funerarios es que la presencia de Carabineros es buena, dada la sensación de protección, hay un flanco que se abre que ha vuelto los narcofunerales más violentos aún:

-Cuando llegamos a retirar el cuerpo al SML, Carabineros nos retiene la licencia y nos avisa que este será un funeral de alto riesgo, por lo que tenemos que seguir sus indicaciones. Eso significa andar a una velocidad determinada y seguir una ruta definida por ellos que, generalmente, es una directa hacia el cementerio. Como eso no calza con lo que los amigos y familiares del fallecido suelen pedir, se arma un conflicto en que nos empiezan a culpar a nosotros con amenazas -dice Nicolás.

Manuel Morales cuenta que no son pocos los funerales en los que se ha visto un enfrentamiento entre personal policial y los autos del cortejo a causa de esto, algunos con grupos de Control de Orden Público (COP) incluido y hasta helicópteros sobrevolando la zona. Carabineros confirma que existe coordinación con las funerarias, y que su despliegue operativo incluye una protección integral, pero no de manera exclusiva hacia estas.

-Hace poco, a uno de mis choferes le trataron de robar la carroza para poder desviarse al lugar donde querían ir. Tuvo que subirse una oficial de Carabineros en el copiloto para evitar que se la llevaran -relata Morales.

Faber (33) trabaja desde hace cinco años como chofer de carroza para la funeraria de Nicolás y dice que también ha tenido que vivir esas experiencias. Lo que más le preocupa es el susto que pasa durante ese tiempo. Sobre todo si, de repente, por accidente, entrara una bala loca a la carroza.

-Uno trata de mantener a la familia al margen y cuenta lo mínimo para que no se preocupen, es el trabajo -dice él.

Todo esto ha generado que algunas funerarias ya no tomen estos servicios o cobren más del doble del precio de siempre para que no se les considere. También hay otro factor: el estilo de estos funerales abrió un nicho en el mercado que comenzó a acoger estas solicitudes y a especializarse en este tipo de servicios. Como hay funerarias más dispuestas que otras a acceder a las solicitudes especiales de los clientes, hay algunas que han monopolizado el mercado de los funerales de lujo.

Manuel Morales, por ejemplo, pasó de tener un narcofuneral al mes a solo cuatro en todo lo que va de este año a causa de eso. A veces ha pensado en dedicarse a otra cosa, pero siempre llega a la misma conclusión:

-Me voy a quedar en el rubro hasta que se me acaben las fuerzas.

-¿Aunque a ratos se transforme en un peligro?

-Habrá que aprender a vivir con eso.

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