Festival de Viña 2020: Retomando las viejas costumbres

mon ricky y ana_phixr

El crítico de música de La Tercera, Marcelo Contreras, analiza la parrilla del evento. Aunque aún faltan nombres, como la banda Maroon 5, ya están cerrados Rick Martin, Mon Laferte, Ana Gabriel, Pablo Alborán y Ozuna.




Si esto fuera política económica, el comunicado gubernamental diría que las medidas asumidas por la organización del festival de Viña van en la dirección correcta y necesaria para reactivar un modelo alicaído. El último capítulo en febrero pasado de esta producción con más de 60 años fue inquietante. Hubo grietas, se sembraron dudas.

El cambio entre la era de Chilevisión y esta nueva etapa con la alianza de Canal 13 y TVN resultó modesto, una edición de parrilla discreta con un montaje clase turista de lo que venía desarrollando la estación propiedad de Turner con menos luces, pantallas y espectacularidad general en la Quinta Vergara. El ambiente de efervescencia que solía despertar la cita que clausura el verano chileno simplemente desapareció de la ciudad jardín. No había programas satélites ni muchedumbres en las puertas de los hoteles. Viña ya no era EL festival sino uno más del verano, el más viejo por cierto.

El notorio retraso en el anuncio de los artistas producto de cambios a última hora en el área de las contrataciones, redundante en una tardía venta de entradas que repercutió en jornadas de poco público con pifias sonoras a la alcaldesa Virginia Reginato, más la crisis financiera de la televisión abierta semejante a una ruleta donde el ganador también pierde, se conjugaban en el escenario de la Quinta Vergara como presagio de decadencia. El futuro del Festival internacional de la canción de Viña del Mar, el último animal de su especie en el mundo de los espectáculos, parecía incierto. Basta un tropiezo para que el público pierda su interés y de ahí a la poca rentabilidad de un evento, solo existe un paso.

El anuncio de la parrilla de la próxima cita, ambiente que comenzó a prepararse el mes pasado con la confirmación de Mon Laferte, la artista chilena más relevante de la década, cartel al que se suman Ricky Martin, Ana Gabriel, Ozuna y Pablo Alborán (más las negociaciones por fichar a Maroon 5), es lo mejor que pudo haber hecho el evento: convocar nombres inapelables, estrellas indiscutidas, el artista del cual se reconocen los méritos aunque no muevan un pelo.

Ricky Martin es un clásico latino de todos los tiempos y sus shows implican categoría mundial desde hace 20 años. Ana Gabriel cuenta con un arrastre popular sin necesidad de nuevo material ni campañas de marketing para reforzar el cariño y la devoción del pueblo, sus mejores canciones ya las escribió para disfrute eterno.

Ozuna es uno de los mayores astros de la música urbana y Viña era un escenario pendiente. Alborán es un romántico para las nuevas generaciones que implica el último eslabón de la gran balada hispanoamericana. Cosecha indiferencia en los mayores que profesan el género, pero en casos como este lo que importa son los gustos juveniles donde el español arrasa por éxitos y facha. Y Maroon 5 (si se concreta sería clave para reafirmar el evento), acumula una seguidilla de singles en 15 años y un cantante sex symbol como Adam Levine sinónimo del grupo, que debiera timbrar un triunfo de pop rock chicloso.

Si se cierra Maroon 5 podríamos hablar de la mejor versión en mucho tiempo retomando la única fórmula posible para este festival y cualquier otro en pos de su trascendencia: convocar la mejor parrilla y trabajar a tiempo, prácticas extraviadas en este cambio de mando con el regreso de C13/TVN. La partida fue floja y no queda más que mejorar si el Festival de Viña pretende seguir reclamando su singularidad sobre el resto.

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