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La caída del “breaking bad” Chileno

Un analista químico, de 30 años y sin antecedentes penales, replicó en el desierto chileno la experiencia del protagonista de la serie. Construyó un completo laboratorio y enseñó a “cocinar” sustancias ilícitas a un asistente de 22 años. Se trataría de un importante traficante de drogas sintéticas del norte del país.


R. A. (30) es conocido como un tipo bien recatado. No acude a locales nocturnos ni es de salir a bailar. Menos de ostentar grandes lujos. No tiene propiedades ni vehículos a su nombre. Tampoco antecedentes penales. Durante su enseñanza media, en su paso por el Colegio Padre Hurtado, de Antofagasta, se le despertó el gusto por la ciencia, el que fue creciendo con los años. Tanto así, que en cuarto medio obtuvo un 6,3 en el electivo de Química. Este interés sería factor clave a la hora de estudiar análisis químico. Con este paso, su vida aparecía vinculada a una especialidad tranquila, más cercana a la lectura y a días de encierro en un laboratorio, sin mayores riesgos. Eso, al menos, pensaban a su alrededor.

Sin embargo, el 17 de enero pasado fue detenido por la PDI. Su vida era mucho más movida de lo que parecía, convertido en el eventual principal productor de drogas sintéticas del norte del país. Un verdadero símil criollo del personaje llamado Walter White, aquel profesor de Química, interpretado por el actor Bryan Cranston en la serie de TV “Breaking Bad”, una de las más populares del mundo, quien tras ser diagnosticado de cáncer se convertiría en un peligroso narcotraficante y productor de metanfetamina a gran escala.

Laboratorio

Todo ocurrió en una casa de Calama, Región de Antofagasta. En una villa tranquila. Lo primero que llamó la atención de los detectives fue la excesiva cantidad de agua que llegaba al lugar. Cada día, sin falta, un camión repartidor dejaba en el domicilio cerca de 150 litros de agua. A eso se sumó una cuenta de luz abrumadora para un inmueble de cuatro dormitorios, así como la continua compra de insumos químicos. Los protagonistas de esta historia tenían sus casas particulares, donde vivían, pero coincidían en este laboratorio con fachada de vivienda de clase media ubicado, como si fuera poca la coincidencia con la serie de ficción, en pleno desierto de Atacama.

Durante tres meses los policías esperaron pacientes, hasta que lograron los antecedentes suficientes pata conseguir una orden judicial de entrada y registro. Apenas ingresaron, se dieron cuenta que estaban ante algo pocas veces visto en Chile. Dos personas llevaban adelante la elaboración de drogas sintéticas en una cocina convertida en un laboratorio destinado a la producción de LSD, éxtasis y MDT. “Encontramos todo lo que se usa para la elaboración de drogas sintéticas: frascos, balanzas, probetas, matices, moldes. También distintos tipos de ácidos y líquidos para la preparación”, relató el comisario de la Brigada Antinarcóticos y Contra el Crimen Organizado de la PDI, Vicente Villegas.

La producción de droga sintética se realizaba en la cocina, la cual adaptaron para este fin. Instalaron seis orificios de 50 cm cuadrados en el techo para eliminar el olor al exterior. Aunque lo hacían de tal forma, que nadie se percataba de lo que ocurría. Las cuatro habitaciones fueron convertidas en indoor, donde mantenían, además, 116 plantas de marihuana.

En total, se incautaron más de 100 millones de pesos desde el laboratorio.Mas cuatro kilos de marihuana, 221 gramos de hachis, 200 estampillas de LSD, cápsulas de éxtasis y 21 gramos de DMT.

“Jesse Pinkman”

R.A. dedicaba entre tres a cuatro horas diarias en el laboratorio. Su rol principalmente era vigilar que todo el proceso fuera exitoso. Sin embargo, quien estaba permanente en el laboratorio era “El Basti”, un joven chef de 22 años, que con teñida ancha y gorra replicó el rol que en la serie correspondía a Jesse Pinkman, el ayudante de White protagonizado por Aaron Paul.

“El Basti” llegó a esto por R.A. Fue él quien le enseñó a “cocinar” (la droga) y lo hizo cargo del laboratorio. Vigilaba las plantas, la elaboración de la droga sintética y estaba a cargo de la seguridad del lugar. “Permanecía todo el día allí”, señaló Villegas.

Sin embargo, y pese a las similitudes, el jefe del Departamento de Investigación de Sustancias Químicas (Disuq), de la PDI, aclara que en rigor no se trata de elaboración de drogas sintéticas, sino de tareas secundarias, que de todas formas requieren de conocimientos químicos. “Técnicamente no pensamos que allí se fabricaba la droga, sino se dosificaba. Puedes tener el polvo y disolverlo, estampar estampillas, pero no crearlo. Pero necesitas el conocimiento para realizar diluciones y controlar la dosificación de la droga”, señaló.

Por ahora, R.A. y El Basti deberán enfrentar su propia historia de no ficción y enfrentar a la justicia por eventual tráfico de drogas.

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