La Tercera PM

Matías

Más allá de las legítimas diferencias que podamos tener sobre temas como el matrimonio igualitario, la adopción o derechos trans, me gustaría creer que todos, cual sea nuestro sector político, pudiéramos al menos ser capaces de desear que el otro pueda sentirse seguro, reconociéndolo como un igual ciudadano.

trans

Matías era un joven trans de 15 años de Copiapó. Tras un largo tiempo siendo discriminado y maltratado por sus compañeras debido a su identidad de género, su espíritu fue quebrado fuera de toda reparación y decidió terminar con su vida lanzándose desde un onceavo piso. Más allá de lo trágico que es una vida que se termina demasiado temprano, éste y otros casos demuestran que falta mucho para que los niños, niñas y adolescentes – en adelante NNA, sea cual sea su orientación sexual o identidad de género, puedan educarse seguros en sus colegios, y que cuando estos se muestran radicalmente inútiles en procurar una sana convivencia estudiantil, como en este caso el liceo Sagrado Corazón, no sólo incumplen sus deberes educacionales sino que son cómplices de cada tragedia que después lamentan en comunicados indecentes. Si el bullying mata, un colegio inseguro es un arma más.

Pero no sólo los NNA sufren de la violencia y discriminación. José Muñoz, de 52 años, fue forzado a sentarse en una tina con agua hirviendo, quedando con el 22% de su cuerpo quemado y riesgo vital por ser homosexual. Carolina Torres fue apaleada frente a su pareja mujer en San Valentín por ser lesbiana. Once violentos ataques LGBTI-fóbicos habían sido reportados sólo hasta marzo de este año. Para quienes tenemos amigos, familiares, o nosotros mismos, pertenecientes a la diversidad sexual, existe temor. Más allá de las legítimas diferencias que podamos tener sobre temas como el matrimonio igualitario, la adopción o derechos trans, me gustaría creer que todos, cual sea nuestro sector político, pudiéramos al menos ser capaces de desear que el otro pueda sentirse seguro, reconociéndolo como un igual ciudadano que tiene todo derecho a desarrollar pacíficamente sus proyectos de vida como quiera en tanto no dañe a terceros.

Sentirse seguro significa poder vivir vidas libres de violencia. En esto, el rol de la sociedad es fundamental: si hay algo en lo que todos podemos colaborar es no permitir que en nuestras comunidades o lugares de trabajo florezca la violencia o la discriminación. Ambas se reproducen en el odio y el extremismo, y si hiciéramos una diferencia será desde el abrazo fuerte frente a una tragedia, promover el mensaje de la tolerancia y la inclusión, cuidarnos los unos a los otros, pero a la vez hacer de Chile un país en que no exista tolerancia a la discriminación. Nadie será mejor o peor profesional, padre o persona por tener determinada orientación sexual o identidad de género, y demarcar diferencias en base a ellas sólo nos impide vernos como iguales ciudadanos.

También el Estado tiene mucho por hacer para garantizar a todos el derecho a una vida libre de violencia. La Ley Zamudio, si bien en principio fue uno de los grandes pasos culturales contra la discriminación, ha demostrado no dar el ancho. Cuando son vidas las que están en juego, especialmente de NNA, se vuelve urgente reconocer que nuestras políticas antidiscriminación han sido insuficientes, y que es necesario avanzar en prevención de la violencia, promover la plena inclusión, particularmente en el ámbito educativo, y la coordinación intersectorial desde una institucionalidad propia para así poder hacer la diferencia.

Finalmente, que la trágica muerte de Matías sirva de llamado de atención a las comunidades educativas. Existen colegios que prefieren mirar hacia un costado frente a casos de bullying, exponiendo sus estudiantes a entornos inseguros para su educación, sin redes de apoyo y contención o protocolos frente a la mala convivencia escolar.

Tampoco ayuda que, tras conocerse de su suicidio, una autoridad desconociera su identidad de género, refiriéndose a él como "una chica". En un país donde 55% de los jóvenes trans reconocen haber sido agredidos físicamente y un 88% haber sido insultados por sus compañeros, la grave negligencia de directivos y apoderados puede costar vidas.

Por Matías y por el dolor de tantos NNA que sufren en silencio, rompamos los círculos de violencia que tantas vidas destruyen.

Más sobre:La Tercera PM

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Lo más leído

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

Plan Digital+$6.990 al mes SUSCRÍBETE