Ríe cuando todos estén tristes
En octubre llega una película centrada por completo en la figura del Joker, interpretado nada menos que por Joaquin Phoenix. Sin Batman, se supone. Sin superhéroes, sin batallas galácticas. Sólo la historia de origen del villano más famoso de Ciudad Gótica.

Como sabe cualquiera que haya visitado un circo en su infancia, hay pocas cosas más extrañas de ver en carne y hueso que alguien caracterizado de payaso. Por mucha empatía y buen humor que el payaso tenga en su actuación, siempre hay algo extraterreno en su apariencia. No luce cotidiano, ni siquiera como una exageración de algo cotidiano. El payaso suele evocar imágenes de muerte porque, de hecho, su maquillaje remite a la figura de un fantasma. Para empeorar las cosas, los payasos suelen mostrar mucho los dientes.
Quien entendió con ojo clínico este factor fue Stephen King, que en su monumental novela sobre los terrores infantiles IT (1986) le dio al demonio subterráneo de la historia la apariencia de un payaso. Quienes también entendieron la perversa atracción del ícono fueron en su momento Bob Kane, Jerry Robinson y Bill Finger, los creadores originales del universo de Batman, que en 1940 le dieron al héroe un villano a su altura: el Joker, traducido al español como el Guasón.
El Joker, desde su debut en la historieta hasta la película que se nos viene en octubre, ha tenido personalidades muy distintas. En la serie televisiva de los '60 fue un villano simpaticón, interpretado por César Romero. Fue esa la primera versión del Joker que muchos conocimos. Era colorinche, excéntrico y en el fondo lucía bastante inofensivo.
Y fue icónico hasta 1989, cuando Tim Burton convenció a Jack Nicholson de recrear al personaje para su versión de Batman. Y el Joker pasó de ser un payaso risueño a un tipo genuinamente peligroso. Fue el corazón de esa película y es quizás –junto con la música de Danny Elfman- lo que más sigue llamando la atención del acercamiento burtoniano a Ciudad Gótica.
Entre el Joker de Nicholson y el de Heath Ledger en The Dark Knight no sólo pasaron casi veinte años. También pasó la serie animada de Batman producida por Bruce Timm, donde la voz del Joker fue actuada por Mark Hamill.
Sin embargo, para nuestra época, el retrato definitivo del Joker sigue siendo el de Ledger. No sólo se alejó del psicópata corporativo/artista plástico que inventara Nicholson. Además de eso, impulsó al personaje a un lugar de ícono pop que no ha alcanzado ninguna otra criatura del cómic de superhéroes en el cine de Hollywood.
Ledger hizo algo más que rendir una gran actuación: convirtió al Joker en un demonio urbano similar al que fuera en los noventa el doctor Lecter. A la obsesión de Batman por imponer la justicia y el orden en las calles a punta de puñetes y patadas, el Joker de Ledger opuso una idea ya enunciada en el cómic por escritores como Alan Moore o Grant Morrison: la idea de que la tragedia, la violencia y la muerte no eran accidentes dentro de la sociedad, sino la base misma de la existencia humana.
¿No es un postulado muy original? Por supuesto que no. Pero el mérito de Ledger fue poner una bomba dentro de una saga que venía de un episodio bastante corriente (Batman Inicia) y que luego se despeñaría en un remate muy decepcionante (El Caballero de la Noche Asciende). Esa bomba, como los grandes hitos del cine, tenía diversos elementos, incluyendo la dirección de Christopher Nolan.
Pero lo que hizo esa bomba fue volar en pedazos todos los demás elementos del drama del héroe a partir de momentos casi shakespereanos: asaltar un banco y luego liquidar a todos sus cómplices; hacer desaparecer un lápiz; sacar de quicio a un detective hasta incitarlo a una pelea a golpes; volar una estación de policía; quemar una montaña de dinero (en el mismo año en que explotó una crisis financiera real en Wall Street) y, por último, plantearle a dos grupos humanos un experimento social con explosivos y detonadores.
El Joker de la serie de los '60 quería ganarle a Batman en juegos de astucia. El Joker de Nicholson en 1989 quería obligar a todos los ciudadanos de Gotham a revelar sus verdaderos rostros, incluso en los noticiarios. La versión de Ledger es aún más radical: busca destruir todos los símbolos de orden y normalidad que permiten que la gente funcione, convertir la urbe en una zona de guerra.
The Dark Knight (toda su narrativa, incluyendo al Joker) existe en un mundo post-Irak y post-Torres Gemelas. El villano de la película no se maquilla por coquetería sino porque su cara blanca y sucia de rojo es pintura de guerra. Sus técnicas criminales parecen sacadas de un manual de combate. Se le declara como un terrorista en la historia y sus actos encajan con esa descripción.
Después del trabajo de Ledger en la película de Nolan, parecía difícil que otro actor se arriesgara a repetir el papel. Sin embargo, en Escuadrón Suicida (2016) Jared Leto se pintó el pelo de verde y asumió el rol sólo para demostrar que hay una sola cosa peor que interpretar un mal Joker, y es interpretar a uno que pase desapercibido.
Por eso las primeras noticias de Joaquin Phoenix tomando el cetro fueron recibidas con tanto escepticismo. ¿Otro Joker, de inmediato, sin anestesia? ¿En una historia de origen? ¿Tiene algún interés conocer la biografía previa del hombre antes de pintarse la cara de blanco?
Esta semana apareció el primer trailer en internet y el entusiasmo es tibio. Sí, Joaquin Phoenix luce muy fotogénico en la ropa del villano. Sí, la Ciudad Gótica tiene el look que uno ha llegado a asociar con la urbe más siniestra del universo heroico. Pero la idea de saber el origen de su locura ya fue puesta en práctica por Burton en 1989 y esas escenas (Jack Nicholson normal, sin maquillaje y sin la mueca) son las menos interesantes de toda la historia.
El Joker es atractivo porque no tiene explicación. Como Lecter le dice a Clarice Starling en El silencio de los inocentes: "A mí no me sucedió nada. Yo fui lo que sucedió". Es una definición perfecta. En oposición a los antecedentes biográficos minuciosos y lateros de su contrincante (padres asesinados, infancia trágica, vida millonaria, mayordomo comprensivo) el Joker es la nada y el caos. Es un papel en blanco. El payaso del circo sabe que nadie quiere verlo a cara lavada en la pista. La magia está en la pintura colorinche, en la sonrisa petrificada, en la ropa extravagante, en esa sensación extraña de que los mejores payasos siempre, a cada momento, se están riendo del público y no del chiste.
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