Haití: entre el auge del crimen y una intervención extranjera

Un manifestante lleva un trozo de madera que simula un arma durante una protesta exigiendo la renuncia del primer ministro Ariel Henry, en el área de Pétion-Ville, en Puerto Príncipe, el 3 de octubre de 2022. Foto: AP

A un año y medio del asesinato del Presidente Jovenel Moïse, el caos ha dado lugar a que sean las pandillas las que hoy “gobiernan”. Canadá junto con EE.UU. evalúan alguna forma de intervenir en el país más pobre de América.


No fueron manifestantes civiles, sino policías, los que el pasado 26 de enero atacaron la residencia privada del primer ministro de Haití, Ariel Henry, alegando por la indiferencia de las autoridades frente a las muertes de oficiales en los últimos meses: 10 policías fallecidos a manos de pandillas, solo en el primer mes de 2023.

El país caribeño está viviendo una crisis “sin precedentes” o, mejor dicho, un cruce de muchas a la vez: hambre, el resurgimiento de la cólera, pandillas que se disputan las ciudades, escasez de combustible y un colapso económico generalizado. Y precisamente a inicios de enero, los últimos 10 senadores que estaban en la cámara terminaron sus mandatos, dejando sin líderes democráticamente electos al país.

El profesor Matthew Smith, historiador en el University College London, comentó al diario británico The Guardian al respecto: “En la historia del país puedes ver una serie de crisis con breves períodos de esperanza y paz. Pero nunca ha habido algo como esto”.

Policías hacen guardia durante el funeral de tres efectivos asesinados en el cumplimiento de su deber en Puerto Príncipe. Foto: AP

En diciembre, las Naciones Unidas estimaban que las pandillas controlaban un 60% de Puerto Príncipe, la capital de Haití, pero hoy ese número se acerca al 100%. A falta de un Estado funcional, han sido estas bandas criminales las que han llenado el vacío de poder, peleándose barrio tras barrio en una ciudad donde han proliferado los secuestros, los asesinatos y las violaciones.

Históricamente, las pandillas siempre habían jugado un rol en la política haitiana, intimidando rivales y administrando, de algún modo, la dirección de los votos. Pero hubo un punto de quiebre en el poder de las bandas criminales en 2021, con el magnicidio del Presidente Jovenel Moïse en julio de ese año.

En 2022, al menos 55 oficiales fueron asesinados en Haití, y poniendo a ambos bandos en la balanza, la cantidad de pandillas y sus miembros sobrepasa por lejos a las “fuerzas del orden” en el país más pobre de América.

Desde la muerte de Moïse, ha sido el primer ministro, Ariel Henry, quien ha intentado liderar sin mucho éxito la administración del país. “Democráticamente hablando, hay muy poca o ninguna legitimidad” en el gobierno haitiano, comentó a The Associated Press Jeremy McDermott, director de InSight Crime: “Esto les da a las pandillas una voz política más fuerte, y más justificación cuando alegan ser los verdaderos representantes de las comunidades”.

Una mujer y su hija pasan corriendo frente a una barricada levantada en Puerto Príncipe. Foto: AP

Actualmente hay casi 100 pandillas en Puerto Príncipe, muchas de ellas en amplias alianzas de guerra contra grupos rivales. Son estas organizaciones las que controlan las mayores carreteras, y que obtienen ingresos en las aduanas, distribuyendo agua y electricidad, e incluso servicios de buses. La membresía a algunas de estas bandas criminales se ha vuelto tan deseable para los jóvenes del país, que hay incluso listas de espera para los postulantes a éstas.

Junto con la violencia, se suma la reaparición del cólera, que en los últimos cuatro meses ha sido causa de más de 500 muertes en Haití.

Las últimas elecciones generales en país tuvieron lugar en 2016, cuando se eligió de presidente a Jovenel Moïse. De ahí en adelante, los comicios que se esperaban realizar en 2019 y 2022 han sido constantemente pospuestos. Además del magnicidio del presidente, un terremoto de magnitud 7,2 en agosto de 2021, que golpeó el suroeste del país, causando 2.200 muertes y casi 13.000 heridos y una destrucción generalizada en las zonas rurales, terminó por agudizar el caos en Haití.

Moïse fue reemplazado por un interino, Ariel Henry, que es visto por muchos como un “presidente de facto”, ilegítimo. En septiembre, la coalición de pandillas G9 bloqueó el puerto principal de la capital y el abastecimiento de combustible para protestar contra un corte de los subsidios anunciado por Henry.

Manifestantes pasan frente a una barricada en llamas en Puerto Príncipe. Foto: AP

Hasta el momento, Henry asegura que su gobierno pretende llamar a elecciones, pero no ve cómo realizarlas con las pandillas siendo tan poderosas en las ciudades. Uno de los senadores cuyo mandato terminó el mes pasado, Patrice Dumont, señala al respecto: “Los ciudadanos están perdiendo confianza en su país, Haití está enfrentando una degradación social. Ya éramos un país pobre, y nos volvimos aún más pobres a causa de esta crisis política”.

Ya el mes pasado, Henry pidió a la ONU el liderar una intervención militar extranjera, aunque muchos haitianos creen que no es la solución, sobre todo al considerar los resultados de las misiones anteriores.

Esta petición ya pasó a la OEA; donde el embajador haitiano Leon Charles aseguró esta semana: “Para llegar a las elecciones, la seguridad es una condición fundamental (...) sin el apoyo de una fuerza internacional en el terreno, Haití no logrará la seguridad deseada”.

La foto de un oficial de policía que murió durante una operación antipandillas se exhibe en una estación de policía en Pétion-Ville, en Puerto Príncipe. Foto: AP

En una cumbre reciente, el Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, discutieron la situación: mientras Washington duda en mandar tropas, la idea sería que Ottawa liderase la coalición.

El primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, ofreció desde ya a las tropas de su país para que tomen parte de un despliegue de asistencia multinacional, para así “apoyar al retorno de un nivel razonable de estabilidad y paz, que es el necesario para que un proceso democrático ocurra”.

Matthew Smith comenta al respecto: “Para que el trabajo de una coalición así tenga sentido, tendrían que trabajar con una definición clara y muy limitada de seguridad, o si no, eso se volvería una ocupación. Tendrán que trabajar con grupos de la sociedad civil, en terreno, antes de que cualquier fuerza llegue”.

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