Por Ricardo OlaveTodo sobre el MEPCO y por qué los combustibles están en su precio máximo histórico
¿Por qué, justo en el momento en que los conflictos internacionales han elevado fuertemente el precio de las gasolinas y el diésel, el gobierno ha decidido modificar el Mecanismo de Estabilización del Precio de los Combustibles (MEPCO) y traspasar parte del alza al bolsillo de los usuarios? Aquí, una guía para entender las razones de esta medida, lo que está pasando y lo que viene.

Han pasado un par de días desde que el Ministerio de Hacienda anunciara un aumento histórico del precio de las bencinas en Chile a partir de este jueves 26 de marzo, lo que provocará que el litro de gasolina de 93 octanos suba en $370, mientras que el diésel lo hará en $580.
¿Qué significa esto? Que ambos quedarán con un valor por sobre los $1.500, casi igualando su tarifa.
El fuerte incremento anunciado responde, en gran parte, al conflicto entre Estados Unidos e Israel frente a Irán en Medio Oriente. Sin embargo, el impacto en el bolsillo también es causa de la nueva modificación del Mecanismo de Estabilización del Precio de los Combustibles (MEPCO), que desde 2014 –a partir de la Ley 20.765– ha amortiguado las alzas bruscas en el valor de estos productos.
El MEPCO funciona como un mecanismo de estabilización basado en impuestos, que nivela el precio inyectando recursos cuando hay alzas y alimentándose de los mismos cuando hay bajas, las que no son directamente traspasadas al bolsillo de los consumidores. “Es, en el fondo, un juego de suma cero”, resume Gonzalo Escobar, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello.
La gran fortaleza de este mecanismo es que “no requiere inyectar recursos directamente”, explica Escobar.
“Cuando el precio sube, el Estado rebaja ese impuesto para suavizar el alza, y cuando el precio baja, hace lo contrario: reduce menos el precio final para recuperar lo que antes ‘prestó’”, complementa.

“El ministro Quiroz precisó que sólo en tres semanas el precio internacional del diésel subió en un 60% y la gasolina 30%”, agrega Diego Montalbetti, analista de mercados de Capitaria, quien acota que con un barril de Brent tranzado actualmente en torno a los US$108, la labor del MEPCO es actuar como un “cortafuegos fiscal que mantiene a raya el traslado íntegro de la volatilidad internacional al surtidor. Si no existiera, las alzas semanales podían superar los tres dígitos”, explica.
Sin embargo, “ese cortafuegos tiene, límites y esta semana el Gobierno los reconoció en voz alta”, dice Montalbetti.
¿Por qué, justo en este momento crítico, se decidió modificar el MEPCO y traspasar el aumento del precio de la bencina y diésel a los consumidores? En palabras del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, la decisión se tomó debido a “una estrechez económica muy aguda, heredada de las administraciones anteriores”.
Aunque el objetivo del MEPCO es que “se pague solo”, en la práctica eso sólo ocurre cuando los precios del petróleo suben y bajan en ciclos relativamente equilibrados. Ese equilibrio depende de que exista un “momento de retorno”, es decir, que tras un período de alzas venga uno de bajas que permita compensar.
En el escenario actual, con el petróleo alto por varias semanas y un tipo de cambio elevado, ese ajuste no ha ocurrido. Por lo tanto, dice Gonzalo Escobar, académico de la UNAB, “el sistema ha seguido entregando alivio sin poder recuperar recursos, lo que en la práctica se ha traducido en una caída sostenida de la recaudación fiscal”.
El MEPCO es un mecanismo que opera sobre impuestos. Cada vez que amortigua una subida, el Estado deja de percibir ingresos. Y cuando ese proceso de alzas se prolonga, como ahora, deja de ser neutral: pasa a tener un costo fiscal relevante. Por eso, aunque en teoría “se autoabastece”, en la práctica necesita que las condiciones de mercado acompañen. Sin embargo, lo que ocurrió esta semana es precisamente lo contrario.
Una solución transitoria
Al poner límite a las variaciones de precios, el MEPCO, hasta ahora, permitía el traspaso de alzas para los consumidores de un máximo de 30 pesos cada tres semanas. Con los cambios recientes, junto con el abrupto aumento del valor inmediato, el mecanismo debería seguir operando de forma similar, pero con ajustes importantes.
Uno de los más fundamentales es que el promedio ahora se calculará cada cuatro semanas, lo que implica que las variaciones van a ser más intensas. “Estimo que las alzas podrían estar en torno a los $50 o $60 por ajuste: más del doble de lo que observábamos antes”, proyecta Escobar.
El ajuste al MEPCO no implica su eliminación, sino un cambio en su intensidad, y su evolución dependerá del escenario externo.
El doctor Iván Araya, director del Informe Económico Regional de la Universidad de Concepción, comenta que este tipo de medidas “funciona bien en shocks acotados, pero se vuelve más difícil de sostener cuando las alzas del petróleo se prolongan en el tiempo”.

En ese contexto, si los precios internacionales se estabilizan, el sistema podría recuperar parte de su rol amortiguador, pero si la presión externa continúa, proyecta, “el Estado tendrá menos espacio para intervenir y los consumidores verán reflejadas de forma más directa las variaciones del mercado internacional”.
El problema de ser importadores
Con las tensiones latentes en Medio Oriente, es correcto preguntarse por qué Chile es tan vulnerable a estos conflictos externos en comparación con otros países de la región. Para Gonzalo Escobar es claro: “Importamos casi el 100% de los combustibles que utilizamos”.
De cara al invierno, la gasolina, el diésel y también el gas licuado son traídos de países productores, quedando fuertemente expuestos. A eso, el académico suma la variación del tipo de cambio. “En definitiva, el precio que enfrentamos depende tanto de los mercados internacionales como del dólar”, traduce.
Cabe recordar que, paralelamente al alza, el gobierno anunció un paquete de medidas que apuntan a amortiguar el precio de los combustibles en diferentes sectores. Entre ellas están un subsidio de $100 mil mensuales por cada taxi y colectivo durante seis meses; una línea de financiamiento preferencial para renovar flotas de taxis y colectivos hacia vehículos eléctricos; mantener el precio que tenía la parafina en febrero hasta fines de septiembre, y un refuerzo del Fondo de Estabilización del Precio del Petróleo (FEPP) de US$5 millones a US$60 millones mediante proyecto de ley.

Otra medida importante apunta a congelar las tarifas del transporte público del Sistema Red hasta el 31 de diciembre de 2026. Una decisión centralista a ojos de Iván Araya, quien asegura que hay que mirar el problema en el corto, mediano y largo plazo.
“Es importante sincerar cuánto cuesta este mecanismo de mitigación del precio del petróleo, tanto a nivel macroeconómico como en las finanzas personales”, argumenta Araya, quien señala que el gobierno debiese focalizar en los segmentos donde el impacto es mayor.
“Si el objetivo es mitigar el efecto en los hogares de menores ingresos, que dependen del transporte colectivo, entonces tiene sentido apoyar ese ámbito, porque tiene un efecto social más amplio”, argumenta. Sin embargo, a mediano plazo la discusión debería trasladarse al impuesto específico a los combustibles. Implementado tras el terremoto de 1985, con objeto de financiar la reconstrucción, la medida transitoria se mantiene vigente.
Este impuesto representa una fracción relevante del precio de las bencinas “del orden de varios cientos de pesos por litro”, enfatiza el profesor penquista, lo que lo convierte en una opción efectiva para contener alzas. Sin embargo, también es una fuente importante de ingresos fiscales. Como advierte Gonzalo Escobar, cada vez que se reduce para aliviar a los consumidores, el Estado deja de recaudar recursos, lo que explica el alto costo fiscal asociado al funcionamiento del MEPCO.
En la práctica, una rebaja del impuesto permitiría moderar de forma inmediata el precio de los combustibles en contextos de alta volatilidad internacional. Pero el efecto tendría un costo claro, implicando una caída en la recaudación en un momento de estrechez fiscal.
“En ese sentido, una alternativa en línea con sincerar las finanzas públicas podría ser revisar o reducir ese impuesto en algún porcentaje, sobre todo si el shock se prolonga más de lo esperado”, plantea.
Los entrevistados comparten que el punto clave es dimensionar si el shock será transitorio frente a negociaciones internacionales que reduzcan la tensión en el estrecho de Ormuz, escenario clave en el transporte de combustibles.
Si el conflicto se extiende o hay daños en infraestructura clave como refinerías o rutas estratégicas, los expertos coinciden que podríamos enfrentar precios más altos por más tiempo, incluso si bajan las tensiones.
El alza puntual anunciada por Hacienda marca un cambio en cómo el Estado tiene un margen para amortiguar los shocks externos, y es de esperar que las familias chilenas comenzarán a ver el aumento de otros gastos claves de forma más directa ante el escenario internacional.
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