Silla 84

La historia y el nombre de este mueble son tan minimalistas como el espíritu que impulsó toda la obra de su creador. El MoMA lo celebra con una retrospectiva.




DONALD JUDD / 1982

La silla 84 en realidad no tenía siquiera nombre. Se llama así porque en 1993 se la catalogó con este número para una exposición en el Museo Boijmans van Beuningen. Nació con las mismas austeras pretensiones cuando Judd, tras hacer unos escritorios a sus hijos para la casa de Marfa, Texas, vio que necesitaban también sillas.

Las pensó en la madera más básica: tablas de pino. Así debuta la 84, que podría ser el asiento más simple del mundo construido con precisión milimétrica. Y en esto se conecta con sus esculturas.

Judd, para muchos uno de los más puristas del minimalismo norteamericano, ama el objeto, lo serializa, estandariza y lo desnuda de todo significado, exaltando su fisicidad. De ahí que las formas son geometrías depuradas al extremo, cubos, paralelepípedos, fríos si se quiere, monótonos, porque lo que interesa es el material, los ángulos, su relación en el espacio; o sea, los huesos, la esencia del arte. Por eso la 84 es tan austera. E incluso dentro de ese vocabulario tan acotado de 5 tablas, Judd compone 10 variaciones sobre un mismo tema: el cubo que genera en su base. Lo abre, cierra, lo vuelve repisa, por el frente, por el lado, etc.

Es interesante ver cómo la poética de un artista se extiende también al mobiliario. De hecho, en marzo, el MoMA inauguró una retrospectiva sobre él incluyendo varios de los muebles que realizó para sus casas.

Hoy, la fundación Judd –a cargo de los hijos que inspiraron esta silla– sigue fabricando y vendiendo los diseños originales. Puedes visitar su sitio web para ver todos los muebles que realizó a partir de los años 70. Es una buena colección que te puede inspirar a hacer los tuyos propios, en la senda del minimalismo.

www.judd.furniture / www.juddfoundation.org

Donald Judd y el Minimalismo: Nada más que el objeto

Fue el crítico Richard Wollheim en enero de 1965 quien acuñó este término en la revista Magazine Art para definir la tendencia que artistas como Donald Judd, Sol Le Witt, Robert Morris o Carl Andre estaban llevando a cabo por esos días en Estados Unidos.

Se trataba de una reducción total, de una reflexión sobre los pilares básicos del arte: la superficie, el soporte, el color, desnuda de toda lectura simbólica o de significados. Es una exaltación de la condición física del objeto, de la obra en el espacio como esencia del arte.

En esta reducción a la médula, Judd, se concentra en el objeto, grandes volúmenes geométricos, cubos, módulos estandarizados que citan el mundo de la fábrica con sus materiales poco “artísticos”, plexiglass, metal, vidrio y la serialidad como pivote.

Judd, para muchos uno de los más ortodoxos de los minimalistas, se vale de estos materiales para apelar a la máxima impersonalidad de la obra. Sus figuras en general son geometrías tan simples como cubos ordenados en secuencias. Todo esto con el fin de concentrarse sólo en “the thingness”, como le llama, la ‘objetualidad’, el objeto.

Una obra de arte existe como sí misma; una silla existe como una silla en sí misma. Y la idea de una silla no es una silla

Donald Judd, 1986

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