Por Cristóbal BleyYa no será solo escoria: nueva normativa permite usar residuos mineros como material de construcción
La autoridad sanitaria aprobó un reglamento para que las escorias de cobre, un subproducto del refinamiento, puedan usarse en obras de infraestructura en espacios abiertos. Un nuevo paso para la sostenibilidad minera.

Uno de los principales problemas que enfrenta la industria minera, específicamente la del cobre, es la cantidad de residuos que genera. Durante siglos no fue una preocupación para casi nadie, pero hoy, con la urgencia climática que vivimos, sumada a la presión por volver sostenible a las faenas, tanto el Estado como las compañías buscan soluciones que reduzcan el impacto medioambiental de la minería.
Una de ellas se conoció a comienzos de febrero, cuando la Subsecretaría de Salud Pública (SSP) aprobó un nuevo reglamento que permite que las escorias de cobre, como se conoce a los desechos que quedan tras someter el mineral a su extracción y refinamiento, se puedan usar como material en obras de infraestructura en espacios abiertos.
En Chile, se estima que las fundiciones en el país producen más de 160 toneladas de escorias al día. Hasta el mes pasado, esa inmensa cantidad de residuos no podía ser reutilizada en otros procesos que no fueran mineros, acumulándose en botaderos que provocan un gran perjuicio natural. Pero desde ahora, se abre una nueva oportunidad, tanto para la minería como para la industria de la construcción.

“La aprobación de la nueva normativa representa un cambio estructural en la forma de abordar la gestión de residuos mineros ligados a la fundición de concentrado de cobre”, opina Marcela Pantoja, gerenta de Sustentabilidad y Asuntos Externos de Codelco División Ventanas.
“Por primera vez”, añade, “se establece un marco regulatorio que permite valorizar la escoria bajo criterios técnicos y ambientales exigentes, habilitando su uso seguro en aplicaciones productivas y dejando atrás una lógica centrada exclusivamente en la disposición final”.
El nuevo reglamento de la SSP permite el uso de escorias de cobre en caminos, carreteras y autopistas, así como en la fabricación de elementos prefabricados ornamentales o funcionales destinados a espacios abiertos. Eso permitirá reducir estos pasivos mineros y además promover un modelo de economía circular en esta industria.

“Es un paso clave para avanzar hacia una minería más moderna y responsable”, dijo Juan Pablo Schaeffer, vicepresidente de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de Anglo American. “Reutilizar escorias no solo nos permite hacernos cargo de un pasivo, sino también contribuir a reducir la presión ambiental, incorporar en la fundición el enfoque de economía circular y generar un beneficio concreto para el territorio”, agregó Kattherine Ferrada, gerenta de Medio Ambiente de la misma minera.
Exigencias y nuevas posibilidades de los desechos
Esta nueva normativa no nació como una ocurrencia ni se trata de algo experimental: hace más de una década que la industria minera, de la mano de la academia, viene probando las posibilidades de reutilización de las escorias, específicamente como material de construcción.
En Quintero, por ejemplo, se había construido la pista de una base de la Fuerza Aérea de Chile usando escorias de cobre de la fundición Codelco-Ventanas. O en Catemu, en la zona cordillerana de la Región de Valparaíso, Anglo American recuperó una plazoleta con una tonelada de escorias, que mezcladas con áridos naturales demostraron ser un excelente insumo de construcción.
Estos y otros casos piloto contaron con el respaldo científico del Centro de Minería de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, cuyos estudios demostraron que este subproducto resulta seguro para este tipo de implementaciones.

Por supuesto, no es llegar y ponerse a construir con escorias de cobre. Si la autoridad sanitaria se demoró tanto tiempo en regular su uso, fue para asegurarse de que estos residuos no generaran ningún tipo de peligros para las personas. Y estos proyectos de prueba, igual que otros como pavimentación de caminos y accesos mineros, sirvieron para demostrar la estabilidad y potencial del material.
Para eso, la normativa incluye exigentes estándares de control de las escorias, como evaluaciones de estabilidad física y química, análisis de toxicidad por lixiviación y mediciones de radiactividad natural, con límites máximos definidos para diversas sustancias.
Además, se le exige a las empresas mineras implementar sistemas de trazabilidad y control del material que demuestren que no esté mezclado ni contaminado durante su traslado o utilización.
“Este es un avance muy relevante para el país”, dice Jaime Morales, director del Centro de Minería de la Escuela de Ingeniería Química de la PUCV y adherente de Compromiso Minero. “Porque permite transformar un subproducto histórico de la industria en un recurso útil, con estándares claros y una mirada moderna de sostenibilidad”.

La nueva regulación, opina Pantoja, “abre un nuevo panorama para la minería chilena, porque demuestra que es posible compatibilizar altos estándares sanitarios y ambientales con la innovación y la valorización de residuos, avanzando desde una lógica de disposición hacia una de uso productivo y responsable”.
El siguiente objetivo podría estar en los relaves, otro importante desecho minero —se estima que este año Chile producirá 915 millones de toneladas de este desecho—para el que no se ha encontrado un aprovechamiento transversal. Hoy se estudian maneras de rescatar el agua y el mineral, pero falta más inversión en esos estudios.
“Con el debido respaldo científico y técnico”, dice la gerenta de la División Ventanas, “además de la participación activa de autoridades y comunidades, podrían impulsarse normativas que habiliten su reutilización en aplicaciones específicas, siempre bajo criterios estrictos de seguridad y sostenibilidad”.
“Es que cuando existen reglas definidas y exigentes”, concluye Morales, “se facilita la colaboración y se habilitan iniciativas de economía circular de largo aliento”. Un camino que solo debe ser ensanchado, pues la minería todavía tiene mucho por hacer en sostenibilidad: el 2023, por cada tonelada de cobre fino producida en Chile, se emitieron más de tres toneladas de gases de efecto invernadero.
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