El gran viaje de Aranza Villalón

Aranza Villalón

La joven deportista nacional formará parte de un equipo femenino profesional en Colombia, dando un paso fundamental en su proceso de crecimiento. En el team Avinal Gw-El Carmen de Viboral, de Medellín, espera fortalecer sus enormes capacidades de resistencia para convertirse en una figura que pueda acceder al World Tour, la primera línea del ciclismo mundial.


“Lo esencial es invisible a los ojos”. Una de las frases más célebres de El Principito se lee en un posteo de Aranza Villalón en su cuenta de Twitter, simbolizando con esas palabras lo que significa el ciclismo en su vida, deporte que la atrapó desde niña con su pasión y que hoy la convierte en la gran promesa chilena sobre las dos ruedas y heredera natural de Paola Muñoz, la mejor exponente nacional en la historia de la especialidad.

Aranza Villalón

Y tal como en la novela de Antoine de Saint-Exupéry, donde el protagonista deja su hogar para emprender un viaje por el universo, en este caso Villalón acaba de tomar su maleta para enfrentar uno de sus mayores desafíos: ser parte de un equipo femenino profesional en Colombia, país referencia en el deporte sobre las dos ruedas y cuna del mayor número de ciclistas activos en el World Tour. Si hay un lugar donde crecer como ciclista en Latinoamérica, no existe mejor país que el cafetero.

Hacia el World Tour

Aranza Villalón tiene 23 años. Nació en La Florida y estudió en un colegio a escasas cuadras de su casa. Es la segunda de cuatro hermanos, pero solo sus dos hermanas son las que se han acercado al deporte.
Los primeros pasos en el ciclismo los dio a los 12 años, cuando a Paula, su hermana mayor, se le acercaron del club Cicloturismo, comenzando un lazo con el ciclismo escolar.

“Ellos tenían una escuelita en el velódromo del Estadio Nacional donde empecé a practicar. Todos los días, cuando salía del colegio, tomaba la micro y me iba a entrenar desde las seis de la tarde a ocho de la noche. Al principio iba sola, pero después, cuando se animó mi hermana más chica, iba con ella. Así conocí el mundo del ciclismo en pista”, recuerda Aranza, agregando que “luego di el paso a mi primer club, el Pedal Club Escuela, dirigido por Enrique Vásquez. Inicié en las categorías menores y luego cuando pasé a Junior se presentó la opción de estar en la Selección. Ahí empezó la travesía de viajar”.

Aranza Villalón

En este proceso, hubo momentos duros y golpes que pudieron torcer la voluntad de la joven. “La caída más dura fue cuando estaba recién empezando. Me tiraron a una competencia de pista y en ese entonces yo no tenía el manejo todavía. Iba avanzando entre dos corredoras, y cuando iba a pasar, me aprietan entre las dos, me hacen un ‘sándwich’ en un estadio de Curicó. Me fui al piso, pero me sirvió de experiencia”, dice Villalón.
Esa caída, más que dolor físico, provocó el punto de inflexión en su carrera. “Ese día, a cargo de mi equipo estaba Ángela Droguett, quien me decía que no me tenía que dedicar al ciclismo. Me paré y le pregunté por qué me decía eso, y ella me respondió: ‘Mírate, estás llorando’. Eso me sirvió mucho para que se formara mi carácter, yo era algo delicada en ese tiempo y aprendí a tomarme las cosas con mejor disposición”.

Pero así como hubo instantes difíciles, también hubo momentos insólitos. “Una vez me pasó algo absurdo, en una Clásica Pavez, una competencia que se hace todos los años en Pichidegua. Llevábamos una hora de camino y me doy cuenta de que no llevé el casco. Todos me retaron, me decían que de lo único que debía preocuparme era del equipo, pero se me olvidó, por lo que les tuve que pedir a los que andan en las motos que me prestaran uno. Me pasaron uno que parecía bacinica, pero pude correr”.

Entre anécdotas, caídas y pedaleos eternos, los resultados positivos no demoraron en aparecer. “Mi debut en un Panamericano Juvenil de Ciclismo fue a los 16 años, en Guatemala, y saqué medalla de oro en la prueba Scratch, y de bronce en la prueba por puntos. Ahí pude ratificar el campeonato nacional que había ganado en Chile el año anterior”, señala.

Aranza Villalón

“Creo que yo era la única que me tenía fe (ríe). Todos me decían ‘anda a probar la experiencia, ver cómo es el nivel’ y yo quería ir a sacar una medalla. Incluso, el técnico me dijo que viera cómo se daba la carrera, pero yo sabía que podía hacer algo importante. Y cuando quedaban cinco vueltas, se dio una escapada con una canadiense y una mexicana y yo veía que tenía más que ellas, así que salí a fondo y no me pudieron pillar. Fue una alegría inmensa. Llegué al hotel y me metí al computador, porque en ese tiempo yo no tenía celular, y estaban todos felices, era un logro que nadie se lo esperaba”, rememora con orgullo.

Después de aquella jornada en Centroamérica, las preseas se sucedieron, destacando a la fecha la medalla de oro para Chile en la prueba contrarreloj en los Juegos Bolivarianos de Santa Marta y el primer lugar en la serie sub 23 del Tour Femenino de San Luis, certamen donde compitió por el equipo argentino Weber Shimano Ladies Power .

“En 2015 se estaba iniciando un equipo femenino en Argentina. El técnico estaba buscando ciertas corredoras y me invitan después del Panamericano de Pista en Chile. Ahí partió una aventura increíble en 2016, y comenzamos con nuestra primera carrera en el Tour Femenino de San Luis, donde fueron muchos equipos World Tour, como el Ale Cipollini, las selecciones de Brasil y Cuba, el United Americano, equipos muy importantes que empezaban la temporada en Argentina. Y ahí logré ganar la malla líder en la serie Sub 23”, recuerda.

Sobre esa experiencia, señala que “salí al mundo real del ciclismo femenino, tuve roce con corredoras de nivel. Vi que era posible estar a la altura de las mejores, pero consciente de que se debe hacer una buena planificación, porque ellos tienen un soporte profesional que les permite avanzar. A ese ciclismo apunté, a ser parte del World Tour”.

Aranza Villalón

Para llegar a esa meta, hace poco más de un año comenzó un trabajo especial con su entrenador Daniel Bretti, quien reconoce que “vi en Aranza un tremendo potencial. Trabajamos básicamente con un sistema con medidores de potencia en la bicicleta, que miden el esfuerzo que haces en la bicicleta, y hoy lo que se trabaja es el equilibrio peso-potencia. Lo que ella tenía era una gran potencia, pero mal equilibrada, por lo que su mayor trabajo fue bajar siete kilos, pero sin perder fuerza. Eso produjo una explosión tremenda en su capacidad y desde el 2017 logra sus mejores tiempos”.

Esos resultados llevaron a que equipos internacionales fijaran su atención en esta chilena de pelo rizado y sonrisa fácil. “Con mi equipo creímos que la mejor opción para desarrollarme era en Colombia. Voy súper feliz, contenta, ansiosa, al Avinal Gw-El Carmen de Viboral, un equipo profesional, que es formativo y que exporta corredores a Europa. Voy a la esencia, a la fábrica de los ciclistas de Colombia, donde se certifica a los que van a Europa”.

Su nueva aventura servirá de preparación, como dice, “para los Panamericanos de Ruta y para los Juegos Panamericanos de Lima de este año, donde el objetivo es mejorar la marca que se hizo en los Sudamericanos. Y los Juegos Olímpicos, aunque son el sueño de todo deportista, por ahora lo debo ver a largo plazo. Me encantaría estar en Tokio 2020, pero mi proyección va más por un próximo ciclo olímpico, competir de buena forma en Santiago 2023 y llegar a París 2024. Voy a estar en la edad ideal, entre 27 y 28 años, más madura, con más experiencia”.

Es la reflexión final de una corredora que se aferra a lo esencial, invisible a los ojos, para confiar en que su nuevo viaje será para instalarse en la historia del deporte nacional. MT

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